ENTREVISTA


Mi oficio es mi terapia


Por Agustina Mussio.


“Mi oficio es mi terapia”
El cantautor español Ismael Serrano se siente muy identificado con nuestro país, tanto que su mujer es argentina. Ahora está de gira por las provincias presentando su último disco, que es un exitazo.

Dice que busca vivir con intensidad y no “estar de paso”. Ismael Serrano se muestra reflexivo y con una mirada crítica sobre la realidad. Tiene mucho para decir y busca dónde expresarlo. Algunas veces vuelca sus pensamientos en palabras que se transforman en canciones capaces de llenar estadios, o en artículos para su blog y también en un libro que está escribiendo aunque, admite, quizá nunca lo termine. El madrileño, que supo conquistar al público argentino, estará en el país hasta noviembre presentando su último disco Todo empieza y todo acaba en ti. “Visito la Argentina desde 1997 y me siento identificado con muchas cosas de aquí. Varios de mis mejores amigos son de acá, al igual que mi mujer y gran parte de mi familia. En este país he vivido momentos profesionales y personales maravillosos”, cuenta el cantautor. 

–Hace dos años que estás casado con la actriz argentina Jimena Ruiz Echazú. ¿Cómo se conocieron?
–Jimena, además de actriz, es traductora de inglés. Nos conocimos cuando ella traducía un guión para una película de cine independiente, que aún no ha visto la luz y no sé cuándo la verá. Yo trabajaba en el guión y también actuaba en la película.

–Participaste de un par de películas. ¿Te gustás como actor?
–Me siento cómodo y me gusta. Lo cierto es que mis personajes no tuvieron mucha carga dramática, y como tenían algo de mí mismo, me reconocía y no sufrí viéndome actuar. 

–Después de dieciséis años de carrera, ¿seguís sintiendo adrenalina cuando subís al escenario?
–Sí, totalmente. A mí mi profesión me hace muy feliz. Soy un hombre privilegiado porque trabajo con un material sensible, como son las emociones. Mi oficio es mi terapia. Además, me ha permitido viajar y conocer a gente maravillosa. Lo disfruto muchísimo.

–¿Cómo son los momentos previos al show y los posteriores?
–No soy muy metódico, ni supersticioso. Lo que hago son pruebas de sonido muy largas y descanso mucho antes del concierto. Intento llegar distendido, pero claro que antes de subir al escenario te dan nervios. Unas veces más que otras, no se sabe bien a qué responde. Cuando toco en Madrid, me pongo especialmente nervioso porque es mi casa. Y después del concierto, es imposible meterse en la cama porque el subidón de adrenalina sigue. Para bajarlo me gusta mucho cenar con amigos. Las sobremesas en general me encantan. Y cuando son después de los conciertos, ayudan a relajar y a hacer repaso. Hay veces en las que uno está tan nervioso que no es consciente de lo que está ocurriendo… de que está siendo feliz. Me ha pasado de no disfrutar alguno de estos momentos y trato de rebelarme contra eso. Me he dicho, incluso durante el concierto: “Atrévete a disfrutarlo y a saborearlo con calma. Está saliendo bien, es con gente maravillosa, gente que te quiere, no te están poniendo a prueba, es parte de una celebración”. Es una pelea constante pretender relajarse y tomar conciencia de lo que está ocurriendo. 


“A mí mi profesión me hace muy feliz. Soy un hombre privilegiado porque trabajo con un material sensible, como son las emociones. Mi oficio es mi terapia. Además, me ha permitido viajar y conocer a gente maravillosa. Lo disfruto muchísimo”.


–¿Por qué creés que a los argentinos les gustaron tanto tus canciones? Son muchos los que te siguen.
–No sé. La Argentina siempre ha mostrado una especial atención hacia los cantautores españoles: Serrat, Sabina, Aute... Creo que aquí se vive la música de una forma especial, con efervescencia y pasión. Recuerdo que en la crisis de 2001 hubo un auge de la música nacional porque la gente encontró en la música ese motor que la ayudaba a levantar la mirada y el ánimo. En España, en este momento, no se está dando tanto. Quizá los músicos no estamos siendo capaces de construir el relato que necesita esta generación, pero creo que también responde a la idiosincrasia del argentino, que vive la música de manera especial. 

–Con respecto a la crisis europea, ¿cuál es el clima que se vive y qué expectativas tenés?
–Las expectativas no son muy buenas porque una de las cosas más terribles es que no se ve la luz al final del túnel. Sobre todo, porque se está imponiendo una serie de ajustes que lejos de resolver la crisis del ciudadano, lo están ahogando aún más. Se ha impuesto el desmantelamiento del Estado de Bienestar utilizando como coartada la crisis. Creo que la ciudadanía se encuentra en estado de shock porque se enfrenta a una situación completamente novedosa. Por primera vez en España se da la situación de que los hijos tienen peores expectativas de futuro que los padres. 

–¿Tus abuelos a qué se dedicaban?
–El ejemplo de mi familia es un ejemplo de ascensión: mi abuelo materno a los 10 años trabajaba en el campo cuidando cabras, hasta que se fueron a Madrid, como tantos inmigrantes del interior que se van a la ciudad buscando oportunidades. Mi abuelo paterno luchó por la república en la Guerra Civil y fue represaliado: estuvo a punto de ser ejecutado en la cárcel y se libró por azar, pero no le daban trabajo en su pueblo. Entonces, él iba en bicicleta a Madrid, se recorría cincuenta kilómetros para ir a trabajar y luego volvía. Mis padres también fueron a la ciudad y se conocieron ahí. Esa historia de ascensión social es la de mi país. Por primera vez mis sobrinos van a vivir con peores salarios, con  peor educación y pensiones que las generaciones anteriores. El ascenso no solo se ha detenido sino que va para atrás.

–Tu padre es periodista y escribió alguna de tus canciones. ¿Le interesa la música?
–En realidad, él escribe poemas y se ha vuelto tradición en mis discos ponerle música a alguno. Creo que haber crecido en el entorno familiar donde crecí determinó mi relación con la música. En mi casa se escuchaba Serrat, Silvio, Aute, Mercedes Sosa, Atahualpa. Creo que todo eso hizo que a mí me diera por hacer este género.

–¿El interés en la política y el compromiso social que se notan en tus discos surgieron desde la cuna?
–Vivíamos en Vallecas, que es un barrio de tradición de lucha obrera. Mis padres militaban de jóvenes, era la época de la transición de la dictadura a la democracia. Creo que a nosotros nos han trasmitido también este compromiso con la realidad. También por el oficio de periodista de mi padre y de mi hermano mayor. 

–¿Pensás que la orientación política que se ve en tus canciones de alguna manera puede limitarte el público?
–Es posible. Siento una responsabilidad social como artista y como ciudadano. Me siento con el deber de participar en sociedad, en democracia. Y como artista siento una doble responsabilidad porque tengo la posibilidad de que me entrevisten y tengo acceso a los medios de comunicación. Sería una pena desaprovecharla. Todo ciudadano y todo artista tiene una actitud política. Eso no quiere decir que todas las canciones tienen que ser testimoniales. También debe haber una música para la evasión.

–Le cantás mucho al amor…
–Es que se trata de vivir las cosas con intensidad, de no estar de paso. 

–¿Creés en el amor para toda la vida?
-Sí, claro, obviamente. Creo que existen muchísimos amores, y uno de ellos es el amor para toda la vida. 

–¿Planes de ser padre?
–Siempre está el deseo. Me encantaría, pero ya se verá…

Ismael cursó hasta tercer año la carrera de Física en la Universidad Complutense de Madrid. Después del éxito de su primer disco, Atrapados en azul, que editó en 1997, con la canción “Papá cuentame otra vez”, se dedicó de lleno a la música. Con este álbum consiguió un disco de platino en España y uno de oro en la Argentina. También ganó seguidores en otros países de América latina. A sus 39 años, el cantautor lleva doce álbumes editados. En el último participan Joan Manuel Serrat y Silvio Rodríguez, entre otros artistas.   

–Cuándo dejaste tu carrera en la universidad para dedicarte a la música, ¿fue una decisión difícil o se fue dando paulatinamente?
–Fue algo muy natural. Empecé la carrera y paralelamente tocaba en los cafés. Cuando me llegó la propuesta de un productor, ya tenía un cierto público, aunque muy local. Cuando grabé el primer disco, trataba de compaginar mi carrera con los estudios porque no tenía claro lo que iba a ser de mí. Yo no era la prioridad de la compañía; de hecho, habían fichado a otro cantautor y en él hicieron la inversión más potente. Creo que fue una sorpresa para todos que la canción “Papá cuéntame otra vez” llamara la atención de la gente y se convirtiera en éxito.

“Visito la Argentina desde 1997 y me siento identificado con muchas cosas de aquí. Varios de mis mejores amigos son de acá, al igual que mi mujer y gran parte de mi familia. En este país he vivido momentos maravillosos”.

–¿Para vos también fue una sorpresa?
–Era un sueño pensar que algo así ocurriera, pero ha superado cualquier expectativa. Estar aquí, en la Argentina, haciendo entrevistas… En este disco canto con Serrat y con Silvio… 

–¿Por qué los elegiste para participar en el álbum?
–Son mis referentes, crecí escuchando su música. Las veces que he estado entre el público de ellos cantando sus canciones… cómo imaginarme que iban a acceder a cantar una de mis canciones… es un sueño.

–Sos muy emprendedor. Abriste una discográfica y una editorial. ¿Qué pasó con esos emprendimientos?
–La discográfica era para darles cabida a ciertos artistas o trabajos que quizá no tenían lugar en las discográficas tradicionales. Pero requiere mucha dedicación y tiempo, y al final no he profundizado porque no tengo tiempo.

–En el 2010 presentaste el disco Acuerdate de vivir por Facebook. ¿Cómo te llevás con la tecnología?
–Tengo buena relación con las redes sociales y las cultivo. Con Twitter, más o menos, porque no sé hacer síntesis y 140 caracteres me parecen pocos. Creo que hace falta una reflexión sobre la tecnología y cómo está afectando nuestros hábitos de consumo. Las redes sociales están imponiendo el encapsulamiento del mensaje de tal manera que está perdiendo matiz y no llegamos a profundizar en la información, es todo muy superficial. 

–¿Y con la música qué pasa?
–Me parece que la música es tratada como objeto de consumo; se usa y se tira, y los discos están perdiendo el carácter conceptual. Un disco es un relato y, por eso, el orden de las canciones es tan importante. Eso se está perdiendo porque se impone el consumo de canciones de forma individual. 

–Muchos opinan que con la tecnología se ganan amistades virtuales pero se desvirtua la relación “cara a cara”.
–Es verdad, porque somos capaces de tener cientos de amigos en Facebook y, sin embargo, somos incapaces de conocer lo que le pasa al vecino de enfrente. En Internet se generan comunidades de grupos afines, pero eso no nos permite conocer gente con otros gustos, lo que enriquecería también nuestro día a día. Creo que no estamos haciendo un uso equilibrado y responsable de lo que ocurre en Internet, porque la innovación tecnológica va por delante del debate, y tendría que ser al revés.


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