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La revolución educativa


Por Agustina Tanoira.


La revolución educativa
Para el experto en creatividad Sir Ken Robinson, vivimos una crisis de recursos humanos. Por eso, en su último libro cuestiona los sistemas educativos y asegura que la diversidad de talentos es la clave para vivir en un mundo cada vez más interdependiente y complejo.

El mundo nunca vivió un cambio tan rápido como hasta ahora. Tanto es así que es probable que muchos de los niños que hoy están en la escuela el día de mañana hagan trabajos que aún no han sido inventados. El mundo es diferente, hay diferentes talentos, diferentes atracciones, diferentes intereses. Por eso, según Sir Ken Robinson, seguir insistiendo con sistemas educativos que fueron pensados para la época industrial es obsoleto. A fin de subsanar esto, propone iniciar una revolución del aprendizaje. 

Su video Changing Education Paradigms (Cómo cambiar los paradigmas de la educación) –que vale la pena mirar–, en el que puede escucharse su voz en off mientras una mano ilustra sus conceptos, tuvo más de ocho millones de reproducciones en su versión original. A partir de él, este exprofesor universitario inglés, devenido en un experto mundial en el desarrollo del potencial humano, con una reconocida formación académica, saltó al estrellato y se convirtió en una de las voces más respetadas en materia de educación.

Por sus logros como escritor, orador y líder en creatividad, arte y educación, fue nombrado caballero por la reina Isabel II de Gran Bretaña en 2003. En su libro El elemento. Descubrir tu pasión lo cambia todo (Editorial Conecta), traducido a más de veintiún idiomas, ofrece una visión de los beneficios de conectarnos con nuestros talentos, ya que, según afirma: “A medida que el mundo evoluciona, el futuro de nuestras comunidades e instituciones dependerá de ello”.

La pasión según Robinson 

Su último libro tiene que ver con eso, con la pasión. Porque más allá de hablar de las cosas de las que está en contra, prefiere referirse a aquello de lo que está a favor: la diversidad de talentos, y darle a cada niño la posibilidad de encontrar lo que cada uno realmente es. Ese es “el elemento”, el punto exacto en el que la pasión se junta con una facilidad natural. Una persona está en su elemento cuando está donde debe estar: porque ama lo que hace, porque lo sabe hacer, porque lo disfruta. Es una realidad: la gente saca lo mejor de sí cuando hace lo que ama. 

Para algunos será la matemática, para otros la química, para otros hacer gimnasia y para otros, por qué no, tocar la guitarra. Robinson insiste en que no basta con la habilidad, sino que hay que amar lo que uno hace porque solo entonces se puede vivir una vida plena. “Uno puede estar horas haciendo algo que ama y solo parecen cinco minutos, mientras que cuando hacemos algo que no nos gusta o no nos da placer, cinco minutos parecen horas”, afirma. El libro abunda en ejemplos de personas que lograron superar sus “incapacidades” y se animaron a desarrollar sus verdaderos talentos. Y fueron exitosos.

Vidas orgánicas 

“El elemento se manifiesta de distinta manera en cada persona”, explica Robinson. “La idea es encontrarlo a través de las actividades creativas y la exploración”. Pero, claro, mucha gente no sabe cuál es su talento: para saberlo hay que buscarlo. A fin de ilustrar este punto, Robinson habla de las crisis mundiales. El especialista afirma que hay dos: la que se relaciona con los recursos naturales, que, en sus palabras, “es absolutamente real y severa”, y la que se relaciona con los recursos humanos. Robinson explica que estos últimos, así como los naturales, también están enterrados en las profundidades, por lo que es necesario ir por ellos. 

Según él, ambas crisis tienen el mismo origen: el industrialismo y la particular concepción economicista y lineal de la vida, y eso es lo que aspira a desterrar. “Las vidas no son lineales, sino orgánicas; están llenas de imprevistos, giros y sorpresas”, escribe. “Las vidas evolucionan de acuerdo con las oportunidades que se nos van presentando y vamos tomando”. Esta visión del progreso lineal y mecanicista deja a muchos niños en el camino. Pero hay más: la mayoría de las personas creen que sus capacidades van menguando a medida que pasan los años y que todas aquellas oportunidades que desaprovechamos las perdimos para siempre. 

“Nuestro gran problema es el sentido común”, afirma. “Somos una generación con una mentalidad lineal, que da muchas cosas por sentadas que no son ciertas”. ¿Cuál es su propuesta? Una visión orgánica. Todo lo que puede hacerse, al igual que un sembrador, es crear las condiciones para que las semillas germinen. Aunque Robinson no responsabiliza a los maestros, sino al sistema, cree fervorosamente que los educadores deben repensar la manera en que educan a los niños. “Las escuelas están obsesionadas con los cronogramas”, afirma. Si todo debe suceder en los cuarenta minutos de clase, de inmediato se interrumpe la creatividad. 

Cambio de paradigmas 

Su propuesta concreta es pasar de escuelas estandarizadas al aprendizaje personalizado, ya que los sistemas educativos –que el considera desfasados y anacrónicos–, al ser concebidos a imagen del industrialismo, fueron diseñados para respaldar la cultura de la fábrica. “Basan la educación sobre los principios de una cadena de montaje y la eficiente división del trabajo. De esta manera, a los estudiantes se los educa por grupos, según la edad, como si lo más importante que tuviesen en común fuese su fecha de fabricación.

¿Por qué separar a los chicos por edades? Dejemos que aprendan con sus pares, sean estos mayores o menores”, propone. Asimismo, critica los exámenes estandarizados que comparan a los estudiantes entre sí antes de mandarlos al mercado. “Estamos obsesionados con meter chicos en las universidades, como si todo dependiera de eso… ¿por qué? No digo que no deban ir, pero sostengo que no todo el mundo debe hacerlo”, afirma Robinson. 

Además, remarca que esta obsesión tiene que ver con determinadas habilidades: ciertos tipos de análisis y razonamientos críticos, en especial con las palabras y los números. La jerarquía de materias es otro de los grandes puntos que cuestiona el educador inglés. Explica que aunque en la cima se pongan las matemáticas, las ciencias y la lengua, seguidas por las humanidades y, en último lugar, el arte, todas contribuyen por igual a la educación de los jóvenes. “Se cree que, en esa jerarquía, las materias que están más arriba son más relevantes para el mundo laboral… 

Uno se encuentra con afirmaciones como: ‘No te dediques al arte, jamás serás un artista ni te ganarás la vida con el arte’, ‘No hagas música, es muy difícil salir adelante como músico’. Insistir en determinado tipo de talentos deja fuera de foco a otros talentos menos ‘convencionales’”, sostiene el catedrático. 
Pero, además, los sistemas educativos actuales fijan límites estrictos sobre cómo deben enseñar los profesores y cómo tienen que aprender los alumnos. Todo está estipulado con anterioridad. 

Hay una obsesión por unificar, para que todos los niños estén cortados con el mismo patrón; por encasillar, por rotular. “La inteligencia y la creatividad de cada persona son tan singulares como su huella digital”, afirmó Ken Robinson en una de sus conferencias. “El tema es que los actuales tests miden cierto tipo de inteligencia, pero dejan de lado otros aspectos y cualidades de ella. Hay tantas maneras de expresar la inteligencia como seres humanos en este mundo. 

Eso sí, todas ellas van de la mano de la creatividad”. E insiste: “Aceptémoslo. ¡Todos somos superdotados en algo! Descubrir en qué debería ser la principal función de la educación. Hoy está enfocada a clonar estudiantes cuando debería ser exactamente lo contrario: descubrir qué es único –y especial– en cada uno de ellos”.

Formar personas

“La educación es un sistema humano, que trabaja sobre los vínculos, las relaciones, los sentimientos, las aspiraciones… y cada escuela es diferente y cada clase es distinta porque hay personas dentro de ellas”, justifica Robinson. Ningún cambio va a ser significativos si los chicos no están estimulados y comprometidos. Ese el verdadero trabajo del educador.
Todos nacemos con una capacidad infinita para la imaginación, la inteligencia, las emociones, la intuición, la espiritualidad, y con conciencia física y sensorial. “El aprendizaje sucede en las mentes y en las almas, y no en la base de datos de una prueba de opciones múltiples”. Y concluye el experto: “No digo que esto sea fácil, pero sí que es esencial”.

Los mentores 

Robinson hace una especial mención a aquellas personas que se cruzan en nuestras vidas y las cambian para siempre, porque nos empujan a encontrar nuestro elemento. Estos “mentores” algunas veces están con nosotros durante décadas cumpliendo un papel que puede evolucionar, y otras, entran en nuestra vida en un momento crucial y se quedan con nosotros el tiempo necesario para impulsar ese cambio trascendental. 

Por lo general, suelen desempeñar alguno de los siguientes roles: Reconocer: Identifican aptitudes. Estimular: Nos llevan a creer que podemos conseguir algo que a nosotros nos parecía imposible. Facilitar: Nos ofrecen consejos y técnicas que nos allanan el camino. 
Exigir: Nos empujan más allá de lo que nosotros consideramos nuestros límites.

Críticas 

En su blog, Kieran Early, director de la secundaria Devonport para varones, en Plymouth, Gran Bretaña, hace una crítica a Robinson por no desarrollar “una arquitectura detallada para transformar la educación”, pero también reconoce que su libro sirve como provocación para repensar aspectos centrales. Entre los puntos que destaca, están los siguientes: 
• Recordar el poder de los mentores para dirigir las mentes hacia el verdadero potencial que hay en ellas. Todos necesitamos un mentor.
• Alentar a los demás para que reencuadren los problemas como oportunidades para superar obstáculos. 
• Advertir sobre el peligro del pensamiento de masas y sobre la necesidad de superar estas barreras personales, sociales y culturales para un pensamiento creativo.
• Recordar que también hay buenas escuelas en las que es posible encontrar excelentes profesores. Precisamente, porque están en su elemento… enseñando.

Cómo encontrar el elemento 

El elemento tiene dos características principales, que son capacidad y vocación; y además, dos condiciones para estar en él: actitud y oportunidad. Los puntos básicos:
• Entender: Es la capacidad natural para hacer una cosa.
• Pasión: Tiene que ver con la vocación. Es el poder disfrutar de hacer algo en el que naturalmente somos buenos.
• Actitud: Es el elemento emocional y consiste en la disposición. “Muchas cosas afectan nuestras actitudes, entre ellas nuestro carácter, nuestro espíritu, nuestra autoestima, las percepciones de los que nos rodean y las expectativas que tienen puestas en nosotros”, explica Robinson, y agrega que por lo general las personas exitosas compartes ciertas características, como la perseverancia, la confianza en sí mismos, el optimismo y la ambición.
• Oportunidad: Es clave buscar –y generar– oportunidades que permitan desarrollar nuestras aptitudes.

Un caso emblemático 

En el primer capítulo del libro, Sir Ken Robinson cuenta la historia de una niña de 8 años, Gillian, cuyos padres recibieron una carta del colegio donde se les advertía que su hija tenía problemas de aprendizaje y que lo mejor para ella, quizás, era acudir a un centro para niños con necesidades especiales. Los padres la llevaron a un psicólogo que habló con ella cinco minutos y la dejó sola en el consultorio con la radio encendida mientras iba a buscar a la madre a la sala de espera. 

“Juntos espiaron lo que hacía la niña sola en el despacho y... ¡estaba bailando!”, cuenta. “Entonces, el psicólogo se volvió hacia la madre de Gillian y dijo: ‘Señora Lynne, Gillian no está enferma. Es bailarina. Llévela a una escuela de danza’”. Y así empezó una carrera que llevó a esa niña, Gillian Lynne, al Royal Ballet; a fundar su compañía y a crear las coreografías de Cats y El fantasma de la ópera, con Andrew Lloyd Webber.


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