Entrevista


El ego es una lucha diaria


Por Marcelo Sztern.


Un coqueto departamento en el porteño Barrio Norte fue el punto de encuentro. La dueña de casa, que acaba de llegar de una reunión laboral, nos recibe con una cálida sonrisa,  muy cordial. Para algunos es la típica “morocha argentina”, título que –asegura– la llena de orgullo. Luego de la sesión fotográfica, que asume con total naturalidad, nos invita a tomar un café mientras su hija, la pequeña Elena, de 3 años y medio, juega en su habitación bajo la atenta mirada de la joven que la cuida. Cada tanto, Julieta nos pide unos segundos para ir a chequear que todo esté en orden.

Multifacética, hizo los más variados personajes en cine, televisión y teatro, y, durante muchos años, fue una de las mimadas de Polka, con Adrián Suar a la cabeza. “Fueron casi trece años de trabajar sin parar. Crecí muchísimo en la productora, más allá de que hice otras cosas antes, durante y después. Empecé con un bolo, una participación muy chiquita. Y me fui de allí protagonizando”, repasa.
 
–Tu papá, Ricardo, es actor. ¿Influyó eso en tu carrera?
–Mucho. Yo conocí la cocina de la actuación gracias a que lo acompañaba a los ensayos, a los estrenos… Tanto él como mi mamá me llevaban a ver muchas obras de teatro. Algo que siempre me repitió mi papá y que me quedó muy grabado es que el personaje no está separado de la historia, sino que es funcional, está al servicio de lo que cuenta. Entonces, hay que entender qué color, qué música, qué propósito tiene. Me marcó su bajada de línea, su filosofía como actor. Él estudió con Raúl Serrano y yo con Rubens Correa, pero ambos tienen la misma línea.
 
–¿Con qué géneros te sentís más cómoda?
–Hubo etapas en las que me identificaba más con el drama. Después me enganché con la comedia. Ahora estoy en el medio. Hoy, un proyecto me interesa o no de acuerdo con el personaje, la historia, el director, los compañeros.
 
–Encarnaste a mujeres emblemáticas, como Eva Duarte, Claudia Villafañe, Ada Falcón… ¿Qué significó para vos?
–Me gusta mucho ponerme en la piel de personajes reales. Me entusiasma investigar sobre ellos, buscar información, acopiarla. Crearlos a través de metáforas, sensaciones, imágenes. Preferí no imitar, sino resaltar la esencia y la energía de esas mujeres. Fue toda una responsabilidad porque son parte de nuestra historia, pero fue muy placentero.
 
El futuro inmediato de Julieta es por demás alentador. Fue elegida para protagonizar en la pantalla chica La caída, la serie que escribieron Mario Segade y Virginia Martínez, con un elenco que completan Juan Leyrado, Claudia Lapacó y Gabriel Corrado. “Yo soy la hermana mayor de la familia, hija de Leyrado y Lapacó. Es una familia muy endogámica, unida, fuerte. Pero se devela un secreto y la tranquilidad cae como fichas del dominó. Es un drama con condimentos de comedia”, desliza quien nació en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el 9 de septiembre de 1977, ganó cuatro premios Martín Fierro y se destacó en programas como Valientes, Locas de amor, Soy gitano, 099 Central y Campeones de la vida,  y en largometrajes como Corazón de León, Dos más dos, Derecho de familia y La señal.

Pero hay más, ya que a principios de año rodó una película que todavía no tiene fecha de estreno (La forma de las horas, con Jean Pierre Noher y Paula Robles, y bajo las órdenes de Paula de Luque, quien también la dirigió en la serie La verdad y el filme Juan y Eva), y en octubre filmará Razones para no ser madre, con guion original de Celina Font y versión final de Marcos Carnevale. “Tengo muchas expectativas con cada una de estas experiencias. Como si fuera poco, voy a hacer teatro con Gloria Carrá y Javier Daulte. Queremos que sea algo musical, pero aún no tenemos el formato definido, si será algo comercial o más bien independiente. Lo estamos preparando para 2019. En las vacaciones de invierno volvimos a hacer funciones de un show que presentamos hace un par de meses con Coronados de Gloria, la banda de Carrá. Estuvimos en un ciclo que se llamó ‘Los grandes les cantan a los chicos’”, agrega quien fue convocada para ser parte de los videoclips de Maná (“Mariposa traicionera”), Gustavo Cerati (“Crimen”) y Diego Torres (“Sueños”).     

–Tenés una trayectoria exitosa. ¿Qué es lo que creés que la gente “compra” de Julieta Díaz?
–Mis amigos me repiten que no me ven a mí en los personajes que hago. Y eso no es menor porque, en definitiva, me lo están diciendo personas que me conocen mucho. Una vez lo escuché a Robert de Niro declarar que no era bueno que se supiera de la vida íntima de un actor, porque el espectador tenía que poder observar al personaje, y no a la persona. El actor es como una hoja en blanco en la que se dibuja el personaje en cuestión. Al haber hecho roles tan diferentes, nunca me encasillé en ningún papel.

–¿Qué cosas te preocupan? 
–Los hijos. Aunque estén bárbaro, uno siempre está preocupado pensando un paso más adelante. 

–Solés manifestar que no te resultó sencillo decidir ser madre. ¿Te preguntaste el porqué?
–Creo que me costó porque tenía miedo. Lo peor de todo es que no podía explicar bien cuál era ese miedo. Estaba como Hamlet: ser o no ser. Realmente no sabía si quería ser madre. Comencé a darme cuenta que lo deseaba porque algo me pasaba cuando veía a mamás con bebés, familias, parejas con hijos... A la vez, el papá de Elena también quería... Todo se fue acomodando. 

–¿Con el tiempo comprendiste a qué le temías?
–Sí, no era a perder la profesión ni la independencia, sino que me parecía un nivel de responsabilidad que me sofocaba. Me paralizaba reflexionar sobre que ese ser que traés al mundo depende exclusivamente de vos, que cualquier paso que des lo va a afectar de pies a cabeza. Pero cuando quedé embarazada me cambió la mirada. Todo fluyó y se me fue esa especie de neurosis que tenía.

–¿Qué hacés en tus ratos libres?
–Soy de salir a cenar con amigos, ir al teatro, al cine. Disfruto estar con mi nena, ¡sobre todo cuando las dos estamos de buen humor! (risas). O armar un plan de fin de semana con amigos para que nuestros hijos se diviertan juntos. Me encanta estar con mis padres: soy hija única y Elena es única nieta, así que nos consienten. Me gusta leer, aunque soy un tantito vaga, medio lenta, pero siempre ando con un libro cerca. Tomo clases de canto y hago yoga para calmarme y evitar los dolores de espalda. ¡El cuerpo me pasa factura cuando levanto a mi hija en brazos! Por otro lado, estoy terminando de decorar mi nueva casa.
 
–¿Cómo te definirías?
–Me suena demagógico hablar de uno mismo. Mejor sería decir lo que pretendo ser. Y eso puedo resumirlo en tener los valores de una buena persona, aunque no es fácil sostenerlos en lo cotidiano. El ego es una lucha diaria. Para bien y para mal. Dominarlo es difícil, y es entonces cuando me encuentro con mis partes oscuras. En las relaciones personales y profesionales intento ser justa, amorosa... Tengo mucha suerte, porque, por lo general, estoy rodeada de gente con buena onda. Pero, a veces, uno está cruzado, neurótico y trata mal al que tiene enfrente. Cuando me pasa, ¡me da una culpa! Trato estar alerta. En septiembre pasado cumplí 40 años: a esta edad ya no te podés hacer el tonto. Cuando tenés 20 o 30, vaya y pase, pero ya no.

–¿Con qué fantaseás?
–Desde lo personal, con que mi hija tenga muchos momentos de felicidad. Que sea una persona alegre, porque “feliz”, a lo mejor, es muy pretencioso. Que tenga salud. En el plano profesional, que pueda ser parte de mayor cantidad de proyectos musicales, en los que tenga que cantar. En ese sentido, más allá de mi maestra de canto, Katie Viqueira, le debo mucho a Gloria Carrá. Fue ella la que me incentivó para que me animara a semejante reto. Amén de transformarse en una amiga hermosa, confió mucho en mí. Estoy atravesando un presente de autogestión. Lo de Carrá, lo de Carnevale y Font, lo de Paula de Luque… Son todos amigos con los que estamos trabajando juntos. Es un sueño cumplido, algo que me produce mucha ilusión.

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