COLUMNA DE NOEMÍ


Ese sello de fábrica


Por Noemí Carrizo.


Aparece, nos saluda y le adivinamos el origen. No importa su edad ni esta época extraña con subestimación de valores; esa persona pierde o gana su tiempo con nosotros, nos mira de frente, le interesa conocer nuestro estado. Después, tenderá una mano solidaria si lo encuentra necesario, con delicadeza y discreción. Suelo murmurar para mis adentros: se le nota el sello de fábrica. Esa impronta de algunos seres que tuvieron el privilegio de contar con formadores eficaces en el afecto o la educación. Hay otros que se formaron solos, privilegiando una ética, esa ética que vuelve distinguida su apariencia, no importa si está o no a la moda. Hombres y mujeres en equilibrio sobre un eje, que denotan una elegancia que no parte de su vestimenta sino de sus actitudes. Las palabras que dirigimos a los chicos dejan huellas, pero no son lo más esencial: ellos nos miran. Kant consideraba que “la educación es el desarrollo en el hombre de toda la perfección de la que su naturaleza es capaz”. 

A usted le debe bastar una primera mirada, incluso, una frase por una red social, una imagen o un perfil, para captar la peculiaridad de alguien de buena índole. Cuando el productor italiano Carlo Ponti vio por primera vez a Sofía Loren, dejó todas sus producciones para dedicarse a la formación de esa iluminada que acababa de encontrar. La Loren no solo fue bella, sino lúcida y de una voluntad sobrehumana. Aprendió inglés para que no la doblaran y mantiene hasta hoy la dignidad de haber tenido un solo amor. Vive sola, y compró un piso al lado del suyo para que sus hijos lo ocupen cuando la visitan. 

Para el filósofo griego Platón, la belleza consiste en el orden, la medida, la proporción y la armonía, interior y exterior. Cuando la percibe un ser terrestre suele inspirar amor. Sé que existen parejas que se unieron con ligereza apasionada y acertaron en la elección. Sin duda, compartían sellos de fábrica semejantes, aunque parecieran distintos. La marca en el orillo se mantiene pese a los avatares. Cuando me enfrento a uno de esos seres, pienso en sus mayores, los que sentaron la base y le templaron el alma. Educar no es ofrecer solo una carrera para vivir, sino también las herramientas para enfrentar con bizarría las dificultades de la vida. 

Walter Cronkite, brillante periodista y pensador, afirma desde su noticiero televisivo: “Cualquiera que sea el costo de nuestras bibliotecas, el precio es barato en comparación con el de una nación ignorante”. Suele decirse que un hombre inteligente es aquel capaz de contratar hombres más inteligentes que él o hacerse amigo de ellos. Sin duda, ya que el aprendizaje es continuo y nos llega desde cualquier persona, sin importar su nivel de cultura o formación. Y el sello aparece a través de la absoluta autenticidad del que está convencido de que la mentira es frágil y de mala prensa. El pensador italiano Antonio Gramsci sostenía que “decir la verdad es siempre revolucionario”. El origen noble transforma, crea, inclina a conocerse mejor: nos están mirando hacia adentro con absoluto interés, no siempre amoroso, desde ya. Gente con voluntad, perseverancia, presencia, entrega. Capaz de trabajar con el otro sin fatiga ni 
renuncia. En estos tiempos, viene bien un pensamiento del genial Michael Jordan: “El talento gana partidos, el trabajo en equipo y la inteligencia ganan campeonatos”. Un buen sello de fábrica inclina a triunfar, ya que es el que permite aprender de los fracasos y no ceder ante ninguna contingencia.

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