Curiosidades


Techos protectores


Por María Celeste Collado.


"Hogar, dulce hogar” es una de las tantas frases que no nos cansamos de leer en carteles, alfombras o, incluso, de escuchar en algunas letras de canciones. Pero ¿qué tanto conocemos sobre el territorio en el que vivimos? La geobiología devela esta incógnita, aportando el saber científico y las herramientas necesarias para lograr el equilibrio adecuado allí donde residimos. Esta corriente, que nació en países europeos como Francia, Alemania y Suiza en la década del cincuenta, está cobrando protagonismo en la Argentina. “Nos referimos a la geobiología cuando tenemos en cuenta el lugar que habitamos. Por ejemplo, las radiaciones naturales o el clima. Hoy, la bioarquitectura se nutre de ella para hacer proyectos más ‘sanos’, que excedan lo meramente estético o las cuestiones del espacio”, desliza María Alejandra Muryn, arquitecta residente en Lolog, a tan solo doce kilómetros de San Martín de los Andes.

Este estudio geobiológico no solo puede efectuarse sobre un terreno, sino sobre proyectos ya iniciados, o bien en casas o departamentos ya construidos. “El planeta y la naturaleza tienen sus fuerzas ocultas. La geobiología las considera para poder construir de la mejor forma y en el mejor lugar posible –dice Claudio Ardohain, geobiólogo que lidera, junto con la arquitecta Lilia Garcén, el Centro de Estudio de Investigación en Bioarquitectura (CEIBA)–. Las venas de agua subterráneas, los cruces de Hartmann y las fallas geológicas son algunas de las radiaciones que pueden transfigurar nuestra cotidianidad”. 

Alergias, falta de concentración en el trabajo y dolores de cabeza se convierten en señales de alerta para advertir que algo ocurre entre las cuatro paredes de nuestro hogar. Para averiguarlo, Ardohain y Garcén llevan adelante un relevamiento integral del área. El método más efectivo para detectar estas radiaciones es la radiestesia, una antigua práctica que se basa en la capacidad del cuerpo humano para reaccionar ante pequeñas variaciones de los campos de energía. “Nuestro cuerpo tiene una serie de puntos capaces de medir anomalías magnéticas. En esos puntos se acumula un mineral que es la magnetita. El cuerpo puede ‘leer’ cualquier alteración del campo electromagnético. Los pueblos originarios lo sienten sin tener que usar ninguna varilla: ellos ‘leen’ en el paisaje y saben dónde está la vena de agua”, ahonda Ardohain. 

Respecto a los cruces de Hartmann, Muryn destaca: “Es una trama, una red con cuadrícula que recorre toda la superficie de la Tierra en sentido norte-sur y este-oeste. Esta red provoca un campo magnético en la superficie de la Tierra que afecta a los seres vivos”. 

En cuanto a las venas de agua, Garcén afirma: “La Ciudad de Buenos Aires está sobre un delta. Los pequeños arroyos fueron tapados por el cemento, pero siguen existiendo para la naturaleza. Esos cursos de agua son como las arterias de nuestro cuerpo que están en permanente movimiento. Si una persona descansa o trabaja sobre estas venas, puede acoplarse con los líquidos de nuestro organismo y desequilibrarnos”. 

A partir de la visita, se desprende un plano donde quedan plasmadas, en una suerte de grilla, las radiaciones telúricas. Así se puede determinar dónde acomodar la cama o los muebles. 
Tan ancestral, tan actual
Si bien no hay leyes que regulen la construcción de edificios o viviendas aplicando esta ciencia, sí existe la certificación de ciertos materiales o de obras ecológicas que fomentan un hogar o sitio de trabajo “sano”. Las normas Leed tienen como objetivo llevar esta industria hacia una eficiencia energética y del agua, protegiendo los recursos naturales y generando un espacio saludable para vivir y trabajar. Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud reconoció como síndrome del Edificio Enfermo al conjunto de enfermedades originadas o estimuladas por la contaminación en los espacios cerrados. 
 
En la bahía de Samborombón, en el partido de Brandsen de la provincia de Buenos Aires, Ardohain y Garcén colaboraron en la edificación de una casa acorde con esta tendencia. “Analizamos el predio y ubicamos la vivienda de acuerdo con los requerimientos de su dueño. En esta etapa se notificó sobre una falla geológica y la necesidad de reforzar dos columnas para evitar futuras rajaduras”, recuerda Ardohain. 

Si bien las varillas, los péndulos y las herramientas electrónicas son fundamentales para la medición de eventuales inconvenientes, el cuerpo es otro factor clave para canalizar esta energía. “El día que realizamos los relevamientos no manejamos, ya que esta actividad te pone muy tenso. Por eso, hacemos ejercicios para relajarnos”, dice Ardohain. 

Desde la década del noventa que el CEIBA está comprometido con la temática. A lo largo de los años se multiplicaron los casos en los que la búsqueda de fallas telúricas optimizó la calidad de vida de algunas personas. “A un niño le habían diagnosticado retraso del aprendizaje y no había forma de que terminara el secundario. Cuando examinamos la casa, percibimos que el chico dormía, pared de por medio, con la cabeza contra el televisor de los padres. ¡Tenía todo el campo electromagnético sobre la cabeza! Así fue como le sugerimos trasladar al pequeño a otro sector de la habitación. Después nos enteramos de que el joven se había graduado de técnico aeronáutico”, evoca Ardohain. Y acota: “Una joven con una prótesis metálica en la cadera sufría dolores intensísimos. Su médico le insinuó que podía ser una carga estática, así que medimos la contaminación electromagnética en su casa y comprobamos que por la pared donde dormía subía el cable que alimentaba la antena de telefonía celular”.  

Por su parte, Garcén repasa la historia de la señora que los llamó porque su hija no producía plaquetas en la columna vertebral: “Descubrimos que había un haz de microondas que daba justo donde descansaba. Paralelamente, el cuarto tenía un cruce múltiple, por lo que le recomendamos mudar su cama al living”. 

Pero la geobiología no solo se enfoca en el hogar. Hoy en día, las empresas están recurriendo a ella para aumentar la productividad de sus empleados. “Nos convocó un grupo de instaladores de equipos de computación. Eran oficinas divididas en tres pisos, relacionadas entre sí y que trabajaban con el puerto. Una vez por semana el sistema se colgaba, lo que generaba un caos: los barcos no po-dían salir y los costos eran gigantescos. Si bien tecnológicamente estaban haciendo todo lo que tenían a su alcance, no lograban resolver lo que pasaba. Cuando investigamos, identificamos una caja de metal entre los escritorios. Era el servidor de todos los equipos que vinculaba a los tres pisos. ¡Estaba pésimamente ubicado! Lo movimos y ya no tuvieron problemas con el sistema”, explica Garcén. 

La Tierra y las construcciones esconden aspectos que son invisibles al ojo humano e impactan en la salud. “Si bien la geobiología todavía es desconocida, estamos más abiertos a debatir sobre el modo en el que vivimos. Esto tiene que ver con apostar a hábitos sanos, como el reciclaje”, reflexiona la arquitecta Muryn. Ardohain y Garcén coinciden y concluyen: “Los jóvenes se están dando cuenta de que lo ancestral era cierto”.

Consejos caseros*
• Evitar cables eléctricos en las cabeceras de las camas.
• Los reguladores de velocidad de los ventiladores de techo deben estar –como mínimo– a un metro de distancia de la cabeza de la persona que duerme.
• Ubicar el despertador a setenta centímetros de la cabeza. Son preferibles los que son a pila con pantalla LCD que los de números luminosos.
• Si es necesario disponer de una línea trifásica para alimentar una bomba de agua, evitar que vaya por la pared de los dormitorios.
• Evitar cargadores de teléfonos celulares en la mesa de luz.
• Los microondas suelen tener fugas por las puertas. Ubicarlos de tal forma de no habituarse a permanecer frente a ellos mientras se calienta la comida.
*Fuente: Centro de Estudio de Investigación en Bioarquitectura (CEIBA).

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