Personaje


“Hay que cambiar lo que no nos gusta”


Por María Alvarado.


Se disculpa por haber llegado tres minutos tarde a la entrevista. Es que a Pierpaolo Barbieri no le gusta perder el tiempo. Decidido, práctico, habla rápido, con pasión y entusiasmo. Desborda ideas y trabaja muchas horas. Parte del año vive en Buenos Aires y la otra parte en los Estados Unidos, aunque su propósito es quedarse en su país al frente de su emprendimiento que nació hace ocho meses y está dando que hablar: una aplicación móvil de finanzas personales que sorprendió al mercado fintech local e internacional. 

Argentino, hijo de padres italianos, este joven de 31 años nació y se crió en el porteño barrio de Caballito, del que recuerda especialmente los paseos junto a su abuela por el Parque Centenario. De pequeño imaginaba que iba a ser director de cine. Años más tarde, viajaba del corazón de la Ciudad de Buenos Aires al corazón del mundo académico. Con 17 años ganó una beca para estudiar Historia y Economía en la prestigiosa Universidad de Harvard, y se enamoró de esa reconocida institución, en la que pudo codearse con ilustres pensadores e intelectuales. Esos que le contestaban sus mails antes de algún examen: “Es increíble poder hablar directamente con los mismísimos autores de los libros. Niall Ferguson, que es mi mentor de tesis, escribió los mejores textos de historia económica del último siglo. Tomé clases con Charles Maier, que es una de las autoridades máximas en inflación. Todos están ahí y te reciben de maravillas”. 

Luego de Harvard, Barbieri partió hacia Inglaterra para hacer un posgrado en Historia Económica en Cambridge, donde estuvo con las grandes estrellas del sistema financiero estadounidense. Sus inicios laborales fueron en el fondo Bridgewater, y, poco a poco, se fue convirtiendo en un polifuncional: escribió el libro La sombra de Hitler (ganador del premio Thomas Hoopes que entrega Harvard anualmente), formó la consultora geopolítica y macroeconómica Greenmantle (con sede en Nueva York y Ferguson como socio), y es analista para medios como El País, Foreign Affairs, The New York Times, The Financial Times, The Wall Street Journal, CNN, The New Republic y Weekly Standard. 

Entre tantos logros, Barbieri hizo un clic y se propuso devolverle a su patria todo lo aprendido. Y se la jugó por un proyecto que pretende la inclusión financiera: Ualá (el nombre deviene de la expresión francesa voilà, y significa ‘ahí está’). Su empresa, parcialmente financiada por el fondo inversor de George Soros, no persigue solo fines comerciales, sino también sociales. “Tenía ganas de meterme en la economía real para ayudar a la gente. Si bien me formé afuera, siento que le debo algo a mi país. Quiero contribuir a que las cosas mejoren”, confiesa.

En una de sus tantas estadías por estos lares, mientras caminaba por el microcentro porteño, vislumbró un sinfín de personas haciendo largas colas para ingresar a un banco. Era junio y hacía frío. “En los bancos de los Estados Unidos nunca hay nadie. Más del 70% de los argentinos prefiere ir al dentista que al banco. Es insólito. ¿Qué hicimos? Creamos una tarjeta de crédito prepaga, sin cargo de apertura, mantenimiento o renovación. Quise darles acceso a aquellos individuos que no aplican para tener una tarjeta de crédito convencional. La app te permite seguir todos tus movimientos en tiempo real. Se puede sacar efectivo y chequear en qué rubros gastás más: servicios, gastronomía, entretenimiento... En el momento en que hacés la transacción, salta la notificación”, explica. Y profundiza: “Nosotros construimos nuestra propia tecnología. Nadie procesa en vivo. Por eso, apuntamos tanto a los que no tienen tarjeta de crédito como a los que sí cuentan con una, porque ¿quién no quiere tener una que sea gratuita? En el futuro dejará de ser prepaga para ser crediticia”.

–¿Cuál es tu meta? 
–Ser el mayor emisor de tarjetas del país. Estamos trabajando de dieciocho a veinte horas por día porque confiamos en que estamos haciendo algo revolucionario. Eso nos encanta y nos da mucho orgullo, porque no es solo una empresa, sino una misión social. Sabemos que es complicado quebrar muchas cosas del sistema que ya están preestablecidas, pero para hacer una omelette hay que romper huevos. 

–¿Y a qué se debió semejante crecimiento exponencial? 
–A que hay una necesidad. Aquellos con recursos escasos también quieren poder pagar Spotify, Netflix, o comprar online. Y no depender de un tercero. Más del 90% de los usuarios que tienen Ualá la volvieron a utilizar. 

–¿Cómo es el perfil de los usuarios? 
–El 70% de ellos tienen 29 años o menos. El 5% son menores de 18, ya que se pueden registrar con la autorización del padre o de la madre. El 70% son menores de 30 años y el 60% no son de Buenos Aires. Debemos considerar que muchísimas ciudades argentinas no tienen un cajero o un banco. A 72 horas de haber lanzado Ualá, habíamos emitido tarjetas en cada una de nuestras provincias. 

–Hablanos de Harvard… 
–Fue una experiencia inolvidable. El desarraigo es difícil, sobre todo estar lejos de la familia y los amigos. Acá, si estudiás Historia, te miran y te dicen: “¿Y de qué vas a vivir con eso?”. Allá nadie te pregunta algo así. Lo que ellos llaman las “artes liberales” te enseñan a pensar. La carrera de grado trata más sobre cómo ser un ciudadano responsable y cómo resolver problemas. Hoy, con la tecnología, todo varía a la velocidad de la luz; por eso, lo primordial de la escuela y la universidad es que te ayuden a adaptarte a las situaciones que se van planteando.   

–Pudiste haberte radicado en los Estados Unidos, pero regresaste a la Argentina. ¿Por qué?
–Porque las oportunidades que me dieron, y que otros no tuvieron, me generaron un deber. Eso lo incorporé en la universidad. En las puertas de Harvard hay un cartel que reza: “Entrar para crecer en sabiduría”. A la salida, hay otro en el que se puede leer: “Salir para servir a tu nación y a la humanidad en general”. Todos podemos criticar, pero mejor es intentar cambiar aquello que no nos gusta. 

Pese a que la tarde está cayendo, Barbieri tiene una última reunión para reclutar más personal. Admite que el gran presente de Ualá se lo debe al trabajo en equipo: “Mis gerentes dejaron empresas muy importantes para sumarse a esta aventura. Eso me emociona. Somos cuarenta compañeros que nos la jugamos para darle una alternativa al sistema financiero. Si nos hubieran dicho cuando arrancamos, allá por octubre de 2017, que en ocho meses íbamos a emitir doscientas mil tarjetas, no lo habríamos creído. El impacto es innegable”.

¿Qué es Ualá?
Es una aplicación móvil de finanzas personales asociada a una tarjeta prepaga gratuita que permite a los usuarios realizar operaciones, como transferencias, cargas (a través de CBU), recargas (de celulares), extracciones y compras sin necesidad de tener una cuenta bancaria. En el futuro podrán acceder a productos de crédito, inversiones, préstamos y pago de servicios. Los usuarios se registran 100% desde la app y obtienen la tarjeta sin cargos de apertura, mantenimiento,renovación o cierre.      

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