Temas Cotidianos


Risas que sanan


Por Aníbal Vattuone.


Los focos de luz le hacen transpirar la frente. Se mueve, gesticula y mira con vehemencia. Sus ojos se agrandan cuando está a punto de rematar su historia. Las carcajadas, que venían asomándose poco a poco, terminan por aflorar: rotundas, grandilocuentes, espontáneas.

La escena es frecuente entre aquellos que hacen stand up, un género que, más allá de sumar cada vez más fanáticos, se erige como un movimiento que esconde realidades y relatos que revelan el porqué de animarse a la actuación: vencer temores y la timidez, entre los motivos más recurrentes. 
Anabella Vater es bonaerense, pero un día decidió armar las valijas y partir rumbo al sur. Antes había hecho comedia musical e improvisación teatral, pero todo cambió cuando asistió a un espectáculo de stand up. “Me convencí de que eso era lo que quería hacer. Yo tengo otra profesión, así que esto para mí es recreativo, como un cable a tierra. Sin embargo, estoy al frente del Club de Comedia, desde donde invitamos a comediantes de todo el país a que vengan a Chubut a demostrar sus dotes”, cuenta desde Comodoro Rivadavia. Y continúa: “Es posible que cuando alguien toma un curso de stand up lo haga para enfrentar sus propios fantasmas, pero nadie sube al escenario a sufrir, sino a disfrutar. A medida que pasa el tiempo, uno empieza a hablar de cosas más jugadas”.  

Leonardo Igounet es otro de los que se luce a puro monólogo. Corría 2007 cuando hacía zapping en la televisión de su casa y se topó con un especial del actor y comediante estadounidense Dane Cook. Se rio tanto que, apenas concluyó el programa, navegó por Internet, ávido de información sobre ese tipo de shows en la Argentina. Siempre lo había tentado generar carcajadas en los demás, y se maravilló al comprobar cómo una persona lo conseguía con solo un micrófono en la mano. Así fue como dio con los talleres que dicta Alejandro Angelini, uno de los pioneros a nivel nacional. “Sin dudas, el stand up es un medio, una especie de terapia. Me parece que la técnica es muy introspectiva, ya que se trabaja con lo que le pasa al comediante. Así es como, al verbalizar nuestros pensamientos, se sortean los obstáculos internos”, detalla Igounet.

Hasta 2010, Tato Broda se desempeñaba exclusivamente como creativo publicitario. Los compañeros de oficina y sus amigos coincidían con el diagnóstico: “Vos deberías hacer stand up”. Él ni siquiera sabía de qué se trataba, pero ese reiterado comentario encendió la mecha de su intriga. Se paseó por diferentes espectáculos... y le gustó. Lo que en un principio fue un hobby pasó a ocupar el cien por ciento de su agenda. En la actualidad, admite no concebir la vida sin humor: “La risa es una herramienta para alcanzar lo que quieras: superar los miedos, hacer política, crítica social... ¡Lo que te imagines! El stand up es aquí y ahora. Si estoy mal por algo, agarro el micrófono y lo digo, lo suelto”.

Por su lado, Nyko Martin Martin evoca una infancia en Córdoba, aunque su familia era del Alto Valle de Río Negro y Neuquén: “No teníamos teléfono, de modo que para comunicarnos con mis abuelos, mi papá me hacía grabar un cassette que luego mandábamos por encomienda. ¿Qué me hacía grabar? Cuentos de Luis Landriscina. Me crié con eso y con Les Luthiers. Muchos años después, ya radicado en Mendoza, me anoté en un seminario de stand up: me fascinó el gran reto de estar sin elenco, solo frente al público, sin componer ningún personaje y transformando mis miserias en felicidad para otros… ¡Y miserias tengo muchísimas!”.  

Línea terapéutica
En el stand up, la catarsis, la confesión (en)cubierta, fluye con total naturalidad. El quid de la cuestión consiste en saber hasta qué punto uno se reserva… o se expone. “Converso con el público lo que, de alguna manera, ya procesé. Por ejemplo, si mi novio me dejó hace poco tiempo y todavía estoy llorando, difícilmente me ponga a ahondar en ese relación. Eso sí: cuando el duelo ya está hecho, hasta es probable que pueda reírme de esa etapa, y sacar afuera lo bueno y lo malo de ese noviazgo”, sostiene Vater. Malena Ginzburg, un baluarte del género, concuerda: “El stand up está estrictamente ligado a la observación: qué te pasa con lo que te rodea, qué te pasa con vos. Toda mirada sirve”.

Experto en la materia, Nyko Martin Martin se hizo docente y fundó Patagonia Comedy, a la que define como la “primera productora norpatagónica de stand up”. “Allí dicto clases que son muy particulares: se llora y se ríe a la vez. Me enfoco en las propiedades terapéuticas de la risa –precisa–. El curso enseña capacidades sociales con el fin de romper paradigmas y reflexionar sobre uno mismo, poder entenderse. A la vez, buceamos por distintos métodos de escritura, ya que la búsqueda del discurso es lo más rico y nutritivo que tiene el género como medio de expresión. La misión es hacer reír, pero es muy interesante poder dejar al espectador con una idea dándole vueltas en la cabeza”. 

Por otro lado, los temas que se abordan pueden provocar innumerables controversias. “¿Cuál es el límite en la comedia? En mi caso, prefiero evitar lo que no dibuje una sonrisa y no tocar temas polémicos, ya que propongo un clima distendido y alegre”, dice Igounet. Por su parte, Broda agrega: “Yo no me guardo nada: ni opiniones políticas, ni sentimientos. En el escenario, estamos sin máscaras. Somos uno y nuestras circunstancias”.
Solos, pero acompañados
No debe ser fácil de asimilar ese instante en el que uno, en absoluta soledad, se para frente a una platea de desconocidos que solo quieren reír. No obstante, la camaradería entre los compañeros es una constante que suele repetirse en la infinidad de shows que se organizan a lo largo y a lo ancho del país. “Entre todos compartimos vivencias, emociones, nos alentamos y nos criticamos para mejorar. Hasta hacés amigos en el circuito. No siempre actuamos con los mismos compañeros, y cada uno tiene su estilo, así que es lógico que con algunos tengamos más afinidad que con otros”, afirma Vater.

Para ellos, hacer reír es todo un arte. Puede definírselo como un talento, un don. Incluso, una experiencia sanadora. Pero para volcarse al stand up hay que ser valiente y tener agallas, ya que es una actividad en la que no hay garantías. El comediante norteamericano Marc Maron, célebre por su papel de Sam Sylvia en la serie Glow, es claro y contundente: “Durante el primer año o un poco más, a menos que seas un genio, te irá espantosamente mal. Pero es la forma de ir descubriéndose”. 

Pese a ello, a estas almas corajudas no las detiene nadie. Ansían monologar, lo necesitan. Y no se trata de hacerse un nombre en el ambiente o de la fama que puede aterrizar, sino de una estrategia para exorcizar lecciones y aventuras ocurridas en la juventud, profundamente instauradas en sus memorias. Y se da la paradoja: muchos de ellos son socialmente vergonzosos, pero encuentran en el lugar más “peligroso”, de mayor exposición, un espacio como ningún otro para expresarse. Jimmy Pardo, comediante oriundo de Chicago, lo resume como nadie: “El stand up es un fenómeno que tiene que ver con estar bajo nuestras reglas. Si voy a una fiesta con gente real, soy un desastre, no sé cómo mantener una charla. Probablemente, todos supongan que soy un imbécil. Pero en el escenario puedo dialogar con extraños sin inconvenientes. Es raro”. En paralelo, su colega y compatriota Maron subraya: “Se trata de poder tener voz propia, de poder decir lo que se nos cruza por la mente de la forma que lo deseemos”.

Esta clase de artistas son impulsados, entonces, por el anhelo de ser vistos y escuchados, algo que tal vez los separa de aquellos recuerdos no tan felices de la niñez y de la adolescencia, como la falta de atención recibida. Y, por supuesto, por el placer de hacer reír. 

“Es complejo describir lo que transmite el stand up. El feedback con el público es fundamental. Yo me preparo, escribo todo el tiempo, voy puliendo mis rutinas, ensayo, busco la forma más graciosa de decir algo, porque cuando la gente se ríe es una satisfacción enorme. A veces, puede ser que me exponga por demás, pero cuando culmina el show me voy con el corazón contento, ya que siento que todos lo pasamos bien: tanto el público como yo”, explica Vater. “Lo que sucede arriba del escenario es muy gratificante. A uno lo invade una sensación mágica, en la que deja de lado las preocupaciones que tiene en ese momento. En definitiva, todos queremos lo mismo: reírnos un rato”, descuenta Igounet. Por último, y acerca de la máxima ventaja que tiene el stand up, Broda encierra en tres palabras la síntesis de su calidad humorística: “Despertarme al mediodía”.

La risa y la salud *
Divertirse, conectarse con el placer y el disfrute, y dejar a un lado las preocupaciones funcionan como potentes amortiguadores del estrés. Si bien no definiría al stand up como una terapia, sí puede beneficiar a quienes lo practican para desestructurarse, convivir con sus problemas, exponerse a sus temores, minimizar la timidez e ignorar las críticas. En estos aspectos, es un gran entrenamiento. ¿Qué decir y qué callar en los monólogos? Este punto dependerá de cada uno, de lo que le resulte cómodo confesar a nivel emocional. Alcanzar el bienestar haciendo lo que a uno le gusta es difícil, una búsqueda constante, pero lograrlo es maravilloso. 

*Por Verónica Tamburelli, psicóloga del Centro IMA (Investigaciones Médicas en Anisedad).

La psicología y los chistes
El célebre Sigmund Freud, “padre del psicoanálisis”, también habló sobre una suerte de “liberación” que provoca la risa. En su libro El chiste y su relación con lo inconsciente, del lejano año 1905, hay una cita que es más que certera y elocuente: “Los chistes no reciben la consideración filosófica que merecen por el rol que juegan en nuestra vida mental”. Más de un siglo después, la frase no perdió ni un ápice de contundencia. La felicidad que la comedia y el humor producen en la gente no adquiere a veces el valor justo e indicado. Y esto no cuenta solo para el público: por supuesto, el artista corre con el mismo beneficio.


nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte