Entrevista


Siempre fui muy exigente


Por Belén Herrera.


¿Quién no tuvo un día en el que después de un destrato de su jefe quiso decirle en la cara lo poco preparado que él está para hacerse cargo? ¿Y uno en que deseó cortarle la música al vecino que hace fiestas todas las noches? ¿O quién no deseó convertir su auto en un helicóptero para sobrevolar el tránsito frenético? Por todo esto, cualquier persona, hasta la más tranquila del planeta, puede identificarse en algún punto con Pilar, el nuevo personaje de Natalia Oreiro en Re loca –remake del exitoso largometraje chileno Sin filtro–, que está por estrenar bajo la dirección de Martino Zaidelis (ganador del Martín Fierro por la realización del unitario El hombre de tu vida, concebido por Juan José Campanella) y en el que es secundada por celebrities de la talla de Diego Torres, Fernán Mirás y Gimena Accardi. 

“Me parece que es una película liberadora, que ayuda a exorcizar muchas cosas que nos suceden cotidianamente. Es de risa contagiosa”, anticipa quien, a cara lavada y con el pelo bastante más corto de como estamos acostumbrados a verla, se muestra como una mujer apasionada y empática, de esas que son permeables a la realidad y que no dudan en acompañar causas cuando consideran que su voz es necesaria para que la gente tome conciencia. 
Su frescura y naturalidad la llevaron a convertirse en la preferida de directores y productores para encabezar comedias como Sos mi vida, Solamente vos, Un argentino en Nueva York, Música en espera y Mi primera boda, al igual que historias más comprometidas y dramáticas, como Infancia clandestina, Wakolda y Gilda, no me arrepiento de este amor.

–¿Te seguís poniendo nerviosa antes de un estreno?
–Sí, obvio. Si eso no pasara, uno estaría en piloto automático. En mi caso, tengo que sentir que lo que estoy contando está vivo. Me demanda un gran trabajo comprender y desarrollar el personaje y sus circunstancias. Es un proceso en el cual me brindo al cien por ciento y del que después me cuesta salir. Así que, inevitablemente, me genera cosquillas en la panza, nervios, ansiedad, adrenalina, no puedo dormir, ¡me broto toda! (risas). Pero, bueno, es parte de la pasión. Y yo soy re apasionada en mi vida y en mi profesión. Cada nuevo proyecto es muy especial. Soy una agradecida de poder elegir, así que cuando hago algo sobre lo que medité mucho, quiero que salga bien. 

–¿Tenés puntos en común con Pilar?
–Todos (se tienta). En algunas cosas me reconozco más y en otras menos, pero cuando uno calla y calla lo que piensa o siente, termina haciéndose daño, enfermando o explotando en un momento inoportuno. ¿Qué pasaría si nos sacáramos el filtro y pudiéramos decir todo lo que se nos cruza por la cabeza en cada momento? ¡Sería algo maravilloso!  
–Se la puede comparar con Bombita, el personaje que interpreta Ricardo Darín en Relatos salvajes...
–Totalmente. En el caso de Pilar, implosiona constantemente, lo que hace que vaya dejando de tener esa luz, eso que soñaba ser. Y se acostumbra a que lo que le ocurre es parte de su vida, y que es inalterable. 

–Ante eso hay que rebelarse. 
–Estoy convencida de que uno tiene oportunidades para  combatir eso de “es lo que me tocó”. Si te gusta algo, ¡adelante! Pero si no, cambiá. Nosotros no somos de una sola manera. Podemos y debemos reaccionar.

–¿Vos lo practicás? 
–A veces puedo y a veces no. Pero cuando se complica, me doy cuenta de que me entristezco mucho; por eso, quisiera modificar aspectos de mi personalidad que no me hacen bien. Me cuesta mucho enfrentar y decir “no”. Es algo que aprendí más con los años, sobre todo en el trabajo, pero no siempre me puedo negar cuando es indicado. 

Estoy convencida de que uno tiene oportunidades para combatir eso de ‘es lo que me tocó’. Si te gusta algo, ¡adelante! Pero, si no, cambiá. No somos de una sola manera. Podemos reaccionar

–Es que es una tarea difícil...
–Sí, pero lo intento cada vez que puedo porque, de lo contrario, me encuentro en una situación que no me resulta feliz y me provoca estrés. Y me cuestiono: “¡¿Por qué dije que sí cuando no quiero estar acá?!”. Un “no” bien dicho es mucho mejor que cien “sí”. 

–¿Por qué nos pasa tan a menudo?
–Es inseguridad. Tememos que no nos quieran o que se formen un mal concepto nuestro. Entonces, uno acepta y va metiendo debajo de la alfombra las frustraciones. Volviendo a Pilar, soporta la mala onda de un montón de gente, pero ella deja que eso pase. Cuando decide acabar con eso, el otro no entiende, cree que le cambiaron a la persona.

–Digamos que Pilar tiene ciertos “problemas” con las redes sociales. Otra lazo que te une a ella.  
–Si hoy no estás en las redes, no existís; es como que no estás aggiornada. Yo no tengo nada de todo eso, pero por decisión propia. Lo mío es una elección.

–¿Y a qué se debe?
–A que prefiero que mi trabajo hable por mí. Tengo la posibilidad de expresarme en las entrevistas que me hacen, en el cara a cara, y en cada uno de los personajes que interpreto. No me mejoraría en nada tener alguna de esas redes. Sí tengo una cuenta rusa porque la distancia física es notable y es mi forma de estar relacionada con ellos. Pero soy bastante celosa de todo lo que tiene que ver con mi privacidad y, muchas veces, las redes impulsan a que uno revele todo el tiempo su intimidad: dónde pasamos las vacaciones, cómo está la mascota... No es que esté mal, pero yo no me siento cómoda con eso. Al menos hoy, lo que no significa que el día de mañana pueda tener alguna. 

–Uno puede ir variando su forma de pensar. 
–Absolutamente. Tengo los mismos valores que antes, pero mis ideas fueron mutando porque otras personas me fueron mostrando una realidad que quizá no me cerraba, pero ahora sí. Es aprender lo que el otro te brinda.  

–¿Sos muy exigente a la hora de mirar tu trabajo?
–Sí, siempre lo fui, aunque intento ser un poco más buena conmigo misma para poder disfrutar, porque no tiene sentido que el público pase un rato agradable frente a la pantalla y yo lo esté padeciendo. Cuando veo por primera vez una película, llevo un anotador y escribo lo que siento que no me gusta para pasárselo al director. Con Re loca anoté solo dos cosas y fue muy raro porque tenía preconceptos. Pero me encantó cómo quedó. La vi con Ricardo (N. de la R.: Mollo, su marido y padre de su hijo, Atahualpa) y se rió muchísimo. Eso estuvo bueno porque me dio la pauta de que no es una película hecha para mujeres.

Si hoy no estás en las redes no existís; es como que no estás aggiornada. Yo no tengo nada de todo eso por decisión propia. Lo mío es una elección. Soy bastante celosa de mi privacidad.

–¿Tenés ganas de hacer televisión?
–Sí, aunque no hago tanta distinción entre cine y televisión, sino que me enfoco en la historia en sí. Aparte, en la actualidad, está todo tan globalizado que después lo terminás viendo a la hora que querés. Por eso, creo mucho en las historias y en la gente que las cuenta porque, desde mi perspectiva, el trabajo humano es fundamental. 

–¿Cómo es eso?
–Yo me fijo muchísimo más en la bondad de una persona y no tanto en si es talentosa en su actividad. Por supuesto, si se da la conjunción de las dos cosas, es fantástico, pero no me serviría de nada compartir un set o un estudio con grandes directores o actores con los cuales no sienta que tenga feeling. Soy muy sensible, no me da todo igual.
Motor Oreiro
Mientras charlamos con Natalia, afuera, en la calle, hay miles de mujeres de todas las edades marchando a favor de la despenalización del aborto. Sus pañuelos tiñeron de verde el centro porteño en una jornada que, horas más tarde, pasaría a la historia luego de que la Cámara de Diputados otorgó media sanción a la ley de aborto. Adentro, en las oficinas de United International Picture (UIP), aunque todo es tranquilidad, se percibe el interés por un debate que mantuvo en vilo al país de punta a punta. 

–¿Cuál es tu posición respecto a la legalización del aborto?
–Creo que la libertad individual es lo más valioso de todo. Y que el pensamiento de cada uno no puede estar por encima del de otra persona. En ese caso, la opción para mí es aborto legal o clandestino, ya que el aborto existió siempre y seguirá existiendo. En síntesis, estoy a favor del aborto legal y de la educación. Es un tema de salud pública que ya merecíamos que se discutiese.  

–Cuando te viniste de Uruguay para cumplir tus sueños como actriz, ¿imaginabas este presente?
–No, pero lo deseaba profundamente. Tenía muchas ganas y eso es el motor de todo. Uno tiene que ir renovándose y no ponerse nunca en un lugar de comodidad. A mí me gusta estar siempre en movimiento. Me falta mucho por hacer y aprender. Me motiva construir sobre realidades diferentes a las que uno tiene concebidas. Todavía tengo un montón de personajes que me gustaría interpretar, causas a las que me gustaría prestarme, injusticias que debemos reparar para tener una sociedad de mayor igualdad.

–¿Qué fantaseas para tu futuro?
–Todos los días me levanto con mucha esperanza. Soy una mujer optimista. Tengo días y días, como todos, pero ojalá nunca pierda mi niña interior, que fue la que me hizo optar por la actuación. Eso lo puedo canalizar a través de los ojos de mi hijo, su ingenuidad, su forma de ver la vida. 

–Comentabas que le estás leyendo El principito.  
–Sí, y confirmo lo que nos repitieron una y otra vez acerca de leerlo de chico y de grande. Me está enseñando muchísimo. A medida que vamos creciendo, la vida nos hace ponernos duros. Yo trato de ser honesta, simple, y de disfrutar esos pequeños logros que voy alcanzando en mi vida personal y profesional, porque todo está comunicado. De hecho, todos estamos conectados, todos somos parte de lo mismo, por lo que el dolor ajeno no puede resultarme indiferente. 

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