Entrevista


El Messi del handball


Por Alejandro Duchini.


Hace un par de semanas, Diego Simonet llegó a la elite del handball mundial al ser elegido MVP (Most Valuable Player, que traducido sería “jugador más valioso”) de la final de la Champions League, el torneo europeo más importante que ganó con su equipo, el Montpellier francés, al Nantes, por 32 a 27. Seis goles de ese partido fueron suyos. Así se convirtió en el primer argentino en abrazar semejante logro. 

El universo del deporte se hizo eco de su figura, que apareció por todos lados, copa en mano y sonrisa enorme. Este sueño (quizás inesperado) que se hizo realidad tal vez tenga cierto gustito a revancha: hace dos años, jugando para el mismo equipo y en el mismo torneo, sufrió la rotura de los ligamentos cruzados de la rodilla derecha. La lesión lo dejó afuera de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro que se disputarían unos meses después. Ahora, con el deber cumplido, Simonet nos habla de varios temas: la Champions, el nacimiento de su primera hija –cuyo nombre aún no decidió–, su próximo gran objetivo deportivo –los Juegos Olímpicos de 2020, en Tokio–, el placer de pintar, y de lo bien que está en ese lugar donde tuvo un crecimiento profesional que no era posible en nuestro país.

–¿Cómo es tu vida en Francia?
–Estoy muy activo durante el día. Siempre intento buscarme actividades. También me gusta pasar largos ratos en familia o con amigos. Vivo con con mi novia, Sol, con quien esperamos una nena para noviembre. Estamos juntos desde hace más de cuatro años. Tenemos nuestro departamento con terraza para hacer asados. Ella se recibió de diseñadora de interiores y ahora estudia Nutrición a distancia. Yo tengo mi diplomatura en Gestión Deportiva. En nuestros ratos libres, que no son muchos, Sol y yo pintamos cuadros al óleo. Eso es algo que nos gusta muchísimo.

–¿Y exponen?
–De vez en cuando, en algunos restaurantes franceses. Ahora que seremos padres no sabemos dónde pondremos los cuadros porque no tenemos tanto lugar. Por el momento los exhibimos en nuestra cuenta de Instagram, @artsd, o en las demás redes sociales. A la vez, con mi hermano Pablo y su novia empezamos a hacer muñecos cabezones de deportistas y personajes famosos en 3D.

Si bien los entendidos en la disciplina rebautizaron a Simonet “el Messi del handball”, su verdadero apodo es “el Chino”. Nacido en Vicente López, Buenos Aires, el 26 de diciembre de 1989, comenzó su carrera en la Sociedad Alemana de Gimnasia de Villa Ballester. Después sumó experiencia internacional en Brasil (Sao Caetano HC, entre 2008 y 2009), España (Club Balonmano Torrevieja, de 2009 a 2011) y Francia (se desempeñó en el US Ivry Handball de 2011 a 2013, y en el Montpellier Agglomération Handball tiene contrato hasta 2022). 

–Campeón, mejor jugador, te califican como el “cerebro” de tu equipo. ¿Qué te falta?
–Estoy en el mejor momento de mi carrera. Superé una lesión que me hizo crecer mucho, no solo en lo deportivo, sino también en lo humano. Liderar un equipo en ataque no es un trabajo fácil: hay que tener una buena relación con todos, conocer cómo se mueven, si se ponen muy nerviosos a la hora de definir los partidos, qué jugadas les gustan, con quién podés probar estrategias nuevas y con quién no. Estudiar a tu rival y a tus compañeros es una ciencia.
 
–¿Se puede alcanzar un nivel superlativo en la Argentina?
–Sí, pero creo que jugar en Europa permite superar ampliamente ese nivel que alcanzarías en la Argentina. Es importante que los jugadores vayamos a Europa, porque allí se puede vivir del handball y se compite a la altura de un mundial o un juego olímpico. La liga de nuestro país es muy amateur y no está al mismo nivel. También hay otra diferencia: se entrena solo una, dos o tres veces a la semana, como mucho. Las exigencias no son las mismas.
 
–Tras la lesión que te dejó fuera de la edición 2016, ¿qué significan los Juegos Olímpicos?
–No es una deuda, pero se trata de la competencia más importante que se pueda tener con la selección, ya que los mundiales son cada dos años y no se comparan con las olimpíadas. Luego de haber estado en Londres 2012, no me quería perder Río; por eso, fue algo durísimo lo que tuve que atravesar. Pero el deporte es así.
 
–¿Fue el momento más difícil de tu carrera?
-Sí, pero también hubo otros muy lindos, como ganar la Champions, y clasificar y jugar en Londres 2012.
 
De Domenech a Ginóbili
Dice que nunca buscó su nombre en Google. Cualquiera que haga la prueba encontrará que hay cientos y cientos de páginas que arman su vida. Casi trescientos cincuenta mil resultados. Sin embargo, y pese a que se trata de un gesto característico de su generación, admite que no se le da por ese lado. Prefiere, en cambio, distenderse a través de la pintura al óleo. Admira al crac del dibujo Sebastián Domenech. “Algún día le voy a comprar un cuadro”, anuncia. 
Mientras tanto, nos manda desde su celular fotos de sus propios dibujos. Entre ellos, uno de Diego Maradona con la camiseta argentina, que es tan hermoso como el de David Bowie haciendo el gesto de silencio con el dedo índice. Después nos enseña el de Bob Marley, uno de los Rolling Stones y el de los infaltables Beatles. “Pintamos personajes, animales. Nos gusta mucho hacer expresiones de caras”, explica.
 
–¿Cómo te imaginabas, cuando tenías 18 años, que ibas a estar a los 28?
–A los 18 querés jugar todas las pelotas, meter goles en cada ataque, te ponés nervioso al final del partido y no conocés tanto tu cuerpo. Siempre digo que el mejor nivel se alcanza a los 28 o 29 años, etapa en la se pueden conjugar experiencia de juego y un buen estado físico.
 
–¿Y la fama? ¿Qué es la fama?
–La fama del handball es una fama sana. Por suerte.
 
–¿Qué te pasa cuando buscás tu nombre en Google?
–Nunca lo hice. Por suerte me conozco bastante.
–Si tuvieras que resumir cuál fue la mayor enseñanza del deporte y cuál, la del trabajo en equipo, ¿qué dirías?
–Del deporte aprendí, por encima de todo, a respetar a los demás. Y del trabajo en equipo, tomar las cosas buenas de aquellas personas a las que aprecio.
 
–¿Por ejemplo?
–Deportistas que son un ejemplo y educan al ejercer su profesión. Digo esto y pienso en Manu Ginóbili o Lionel Messi, que son los más grandes de la Argentina.
 
–¿Por qué elegiste quedarte en Montpellier en vez de jugar para el Barcelona español?
–Porque Barcelona nunca llegó a hacerme una oferta en concreto. En cambio, mi club me ofreció renovar por mucho tiempo y con un buen contrato. Entonces, ni lo dudé. Además, estoy enamorado de la ciudad de Montpellier.
 
–Solemos repetirles a los que están radicados en el exterior que tienen suerte, y les insistimos con que no se vuelvan. ¿Cuál es tu mirada desde Europa?
–Soy consciente de que hay muchos problemas en la Argentina, pero también sé que estés donde estés hay que trabajar y trabajar para seguir adelante…
 
–Diego, ¿por qué a nivel profesional y económico el handball nacional no despega como debiera?
–Son muchos los factores que se suman para que eso suceda. Pero esto no ocurre solo en la Argentina, sino que es una situación que se da en todo el continente.
 
–¿Qué te tentaría para regresar?
–Mi familia, mis amigos. La cultura que tenemos alrededor de eso no la tiene ningún país.
 
–¿Qué otro deporte habrías practicado y por qué?
–Fútbol. Me encanta. Cuando deje la profesión, seguramente lo jugaré. Y con amigos, obvio.
Familia celeste y blanca
Los Simonet y el handball son casi sinónimos. Los padres de Diego, Luis y Alicia, y sus hermanos, Sebastián y Pablo, también se dedicaron a esta disciplina. El dato de color: todos pasaron por el seleccionado argentino. Diego lo integra desde 2011, y en la actualidad comparte plantel con Sebastián 
y Pablo. Recientemente, el combinado local perdió la final de los Juegos Odesur, disputada en Cochabamba, Bolivia. El 25-22 ante Brasil y la consiguiente medalla de plata es un alentador pronóstico para Los Gladiadores, que ya tienen entre ceja y ceja los Juegos Olímpicos de Tokio. 

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