Inevestigación


¿El fin de la intimidad?


Por Aníbal Vattuone.


Piense en pilotear un avión, en despegarlo y aterrizarlo solo con la mente. Quizá no se sorprenda con el ejercicio porque el siglo XXI ya se encargó de aclararnos que a la fantasía y la realidad las separa una delgadísima línea. Pero el proyecto europeo “Brainflight” no deja de llamar la atención. Se trata de una serie de experimentos en los que los participantes (no necesariamente con experiencia en aviación) se calzan gorras con electrodos capaces de captar señales neuronales que son convertidas en comandos de control de vuelo. ¿Y si le dijéramos que en Australia se diseñó un auto con sensores que monitorean en tiempo real la capacidad de atención del conductor, y disminuyen la velocidad cuando advierten que está fatigado o distraído?

Todo se resume a una interfaz cerebro-computadora que también se está aplicando a la salud, al entretenimiento, a la educación y –a las pruebas nos remitimos– a la industria aeroespacial y automotriz. La disciplina que mueve estos hilos, que analiza el sistema nervioso e influye sobre él, tiene nombre: neurotecnología. ¿Llegó su hora? “En las últimas décadas aprendimos más sobre el cerebro que en toda la historia de la humanidad. Fuimos testigos de la secuenciación del genoma humano, del desarrollo de herramientas para indagar en las conexiones neuronales y de la explosión de la nanotecnología. Hoy sabemos que la memoria no es una cajita en la que guardamos nuestros recuerdos: no es tanto el hecho que vivimos, sino lo último que recordamos de él, ya que cada vez que evocamos algo lo modificamos. Ahora lo que está en juego con la neurotecnología, originalmente destinada al diagnóstico y la rehabilitación de trastornos cerebrales, es la posibilidad de registrar, hackear y hasta mandar por wifi lo que pasa por nuestra cabeza. No es algo descabellado”, afirma Facundo Manes, neurólogo, neurocientífico y doctor en Ciencias de la Universidad de Cambridge, Inglaterra.

“En la actualidad, con la neurotecnología se pueden examinar las reacciones en cuanto a señales y los procesos bioquímicos implicados en nuestras tareas”.

Según los expertos, esta ciencia es una especie de “espía” de nuestros más íntimos pensamientos: puede acceder a ellos, recolectarlos, compartirlos y hasta manipularlos. “Durante años, el comportamiento humano y la organización cerebral se estudiaron observando la reacción externa a diferentes estímulos o consignas. Hoy, con la neurotecnología se pueden examinar las reacciones en función de las señales y los procesos bioquímicos implicados en cada una de nuestras tareas”, explica el bioingeniero Patricio Donnelly Kehoe, director del Laboratorio de Neuroimágenes y Neurociencias (LANEN) en la Fundación Ineco de Rosario. Y agrega: “Una utilización positiva es la de poder comprender la forma en la cual procesamos la información cuando estamos saludables y cómo varía cuando nos enfermamos. Por otro lado, el descubrimiento de las neuronas en espejo facilitó entender las bases biológicas de la empatía. O sea, por qué una cara amigable provoca alegría en el otro y cuáles son los efectos nocivos de un ambiente hostil”. 
La empresa zaragozana Neuroactive emplea la técnica Elevvo Medical, desarrollada por la firma española BitBrain, para comprobar cómo pueden mejorarse las funciones cognitivas de aquellos que sufren depresión. En este caso, la vanguardista interfaz entrena al cerebro para combatir su deterioro, con la optimización de entre un 10 y un 30% de la memoria, la atención  y la velocidad de procesamiento. 

Asimismo, se están aprovechando las bondades de esta metodología para la prevención del Alzheimer. Esto se da a partir de cambios neuroplásticos que pulen el andar de las áreas cerebrales relacionadas con el rendimiento cognitivo. “Atravesamos una etapa de suma relevancia para abordar a pacientes con patologías mentales, detener el declive en adultos mayores y alcanzar una performance máxima en ejecutivos, deportistas de élite y fuerzas armadas”, argumentan desde Neuroactive, donde ya se beneficiaron cuatrocientos cincuenta individuos. 

Socia ¿impensada?
La neurotecnología es una gran aliada para dar a luz inéditos mecanismos de diagnóstico, así como tratamientos de diversas enfermedades. “Algunos de estos avances se relacionan con la creación de implantes neurales, que, en personas con lesiones cerebrales e incomunicadas durante años, leerán sus pensamientos para, por ejemplo, mover un brazo robótico –especifica Manes, fundador y presidente de la Fundación INECO–. Otro implante vía neurotecnología es el coclear. Es un dispositivo que reemplaza al órgano de la audición alojado en el oído interno –la coclea–, modificando los sonidos en impulsos eléctricos que son enviados a la corteza auditiva encargada de su procesamiento. El implante consiste en un receptor de sonido, un conversor que traduce este sonido a impulsos eléctricos y un electrodo que se inserta quirúrgicamente en los nervios que van del oído al cerebro. Así, miles de niños congénitamente sordos pueden oír”. 

Otra revolución están vivenciando aquellos que padecen un trastorno genético que se denomina “degeneración espinocerebelosa” y están tetrapléjicos. A ellos se les implantan electrodos en la corteza motora, que es la zona responsable del control voluntario de los movimientos. Estos electrodos permiten censar y transformar las señales cerebrales para que luego sean transmitidas a una computadora. A través de complejos algoritmos informáticos se decodifican e identifican los patrones cerebrales vinculados al desplazamiento de brazos, manos y dedos. Por lo tanto, cuando se piensa en mover el brazo, los electrodos detectan las oscilaciones cerebrales y un software se ocupa de interpretarlas y traducirlas en comandos ejecutados por un brazo robótico. 
Definitivamente, afecciones que eran incurables, o tratadas en un estadío que ya era irreversible, tienen hoy una chance más. “La neurocirugía es paradigmática. Antes, los neurocirujanos se desenvolvían prácticamente a ciegas. Eso traía aparejadas graves consecuencias. Hoy, los neurocirujanos trabajan en equipo con bioingenieros, físicos, electrofisiólogos, psicólogos y fonoaudiólogos. Mientras el neurocirujano opera, puede visualizar en un ‘neuronavegador’ dónde está posicionado. Para ello se guía con imágenes de resonancia magnética previamente adquiridas y procesadas, en las cuales se localizan zonas funcionales, como las del lenguaje y la de la visión, y se resaltan los lugares críticos en cuanto a conectividad cerebral. Esto representa una minimización en la cantidad y calidad de las secuelas postoperatorias”, detalla Donnelly Kehoe, integrante del Laboratorio de Procesamiento de Señales Multimedia en la División de Procesamiento de Neuroimágenes del Conicet. Y completa: “Otro de los adelantos de la neurotecnología se da con respecto al Parkinson. En aquellos pacientes que no responden a las opciones farmacológicas, es posible colocar un dispositivo que se desempeña como un marcapasos, pero a nivel cerebral, provocando una estimulación profunda (deep brain stimulation). Esto redujo notablemente la sintomatología del temblor asociada al Parkinson”.
Polémica en puerta
Si tenemos un cerebro sin problemas, pero lo sometemos a la neurotecnología, ¿se puede mejorar su rendimiento? Esta arista del debate tal vez sea la más controvertida, con vastísimas opiniones que no terminan de coincidir. “La estimulación cerebral con neurotecnología en hombres y mujeres sanos se está discutiendo en el mundo entero. No son pocos los que defienden sus ventajas, pero el uso de cualquier tecnología implica, a corto, mediano y largo plazo, riesgos conocidos y también desconocidos. Por ende, no solamente debemos plantearnos si vale la pena ahondar en ellos, sino si sería ético sugerirlos”, declara categórico Donnelly Kehoe. 

En concreto, el bioingeniero se refiere a la estimulación de corriente directa y a la estimulación magnética trascraneana. Manes aclara el panorama: “Son técnicas que consisten en poner una bobina o electrodos en la cabeza para enviar pequeñas corrientes directas a un área determinada del cerebro. Por otra parte, existen fármacos que actúan en el cerebro para mejorar una o más dimensiones cognitivas. Pero todo esto aún está investigándose”.

El programa “Mind Sense” está siendo desarrollado por un célebre fabricante inglés de automóviles en conjunto con la NASA. Cuando el conductor pierde la concentración, le manda un alerta a través de una vibración en el pedal o en el volante. Esto se condice con lo que vaticinan algunos tecnólogos: los neurodispositivos sustituirán a los teclados, a las pantallas táctiles y al mouse. Esto significa que, en un futuro cercano, podremos estar conectados a dispositivos que, tras leer nuestras ondas cerebrales, las conviertan en una orden. En conclusión, la potencialidad de la neurotecnología se extiende desde mover una silla de ruedas a través de un gesto facial hasta dominar con la mente ciertos componentes de una casa inteligente. ¿Hablamos de ciencia ficción? Habrá que verlo.
Realtime y nonrealtime
Qué significan este tipo de aplicaciones que permiten controlar dispositivos o estudiar al cuerpo? “En una aplicación realtime se prioriza el uso de tecnologías rápidas, que no necesiten demasiado procesamiento, como los sistemas de análisis de detección de episodios epilépticos o aquellos que traducen las señales de voz a texto escrito. En las nonrealtime, la información se obtiene mediante un proceso de análisis posterior, que suele ser más complejo y demandante a la hora de computarlo. Un ejemplo son las investigaciones en las que, a partir de las imágenes de resonancia cerebral, se cuantifican características de volumen, espesor y forma de las diferentes partes constitutivas del cerebro. Este proceso puede llevar alrededor de ocho horas por sujeto en las computadoras más modernas. Pese a ello, se recolectan datos sumamente valiosos para la detección precoz de neuropatologías como las demencias”, explica Patricio Donnelly Kehoe.

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