Deportes


Ellas también juegan


Por Juan Martínez.


Lentamente se está dando vuelta la taba, pero, en esencia, al fútbol lo juegan hombres, lo miran hombres y lo analizan más hombres. Encontrar un resquicio por donde ingresar a ese ambiente cerrado nunca fue sencillo para las mujeres. Hoy, a pesar de una apertura muchísimo mayor a las que se experimentaron en épocas anteriores, continúa siendo una cruzada un tanto compleja. Todavía no hay referentes de fuste que demuestren que existe un camino posible; no obstante, en ciertas ocasiones, la pasión, la voluntad y la vocación son más fuertes que los condicionamientos y logran abrirse paso dentro de un universo que les nació como ajeno. Tal es el caso de tres mujeres que habitualmente cubren la información de la selección argentina. Marirro Varela, Verónica Brunati y Cecilia Caminos serán de las pocas que estarán en Rusia para revelar los entretelones del Mundial. 

Varela, amante de los deportes desde chica, atacó el rubro desde diversos frentes: fue profesora de Educación Física, trabajó en el área de Prensa de Huracán y, finalmente, recaló en el periodismo. Este será el cuarto Campeonato del Mundo, después de Francia 1998, Alemania 2006 y Brasil 2014. Por su parte, Brunati arrancó en una agencia que representaba jugadores. Luego de conseguir algunos contactos, se volcó al periodismo, trabajó para medios del exterior y estuvo en Brasil 2014. Por último, Caminos se desenvuelve como corresponsal de la agencia alemana DPA (Deutsche Presse-Agentur). El fútbol fue ganando terreno en su devenir cotidiano, y ella se lució tanto en Sudáfrica 2010 como Brasil 2014.

–¿Cómo se prepara una cobertura de semejante calibre? ¿Cuánto se condice lo que piensan en la previa con lo que termina sucediendo?
Caminos: A veces, se dan situaciones muy inesperadas. Por ejemplo, si la Argentina pierde, te cambian los lugares de los próximos partidos y tenés que correr a hacer reservas o cosas por el estilo. O podés llegar a una ciudad donde estás segura de que te vas a mover con facilidad, y ocurre exactamente lo contrario.
Brunati: Te puede pasar de quedarte sin transporte y tener que buscar una alternativa para arribar a la otra sede de la manera y en las condiciones que sean. Hay mucha repentización y, de verdad, es muy complicado convivir con eso. Hay que decirlo: la selección nacional trabaja de una forma muy imprevisible. Nos pasó de estar en mundiales o competencias internacionales en las que cambia su ruta de viaje cuando uno ya tiene los pasajes ya sacados.
Caminos: Todos imaginan que cubrir un Mundial es muy glamoroso. Para los que trabajamos, ¡cero!
Varela: Tal vez lo sea para los turistas, las familias o los amigos que van a disfrutar los partidos. Nosotros tenemos que estar moviéndonos diariamente.
Caminos: Comemos cuando podemos y si hay algún local abierto, ya que solemos trabajar hasta bien entrada la madrugada. Hemos tenido que hacer solas más de setenta kilómetros en zonas que eran horrorosas.

–Cecilia, lo tuyo no era el fútbol. ¿Le agarraste el gustito?
–Me encanta, sí. Es distinto a todo. Puedo viajar a cubrir una cumbre de presidentes, pero es todo mucho más organizado. Y más ahora, que no están ni Fidel Castro ni Hugo Chávez, que eran los que alteraban todos los esquemas.

–¿Lo imprevisible tiene un sabor especial?
Caminos: Está bueno, pero es un desafío. Implica cuestiones que, probablemente, tengas que definir a la una de la mañana. En un abrir y cerrar de ojos, te dicen que tenés que tomarte un vuelo y podés dormir dos horas… o, directamente, no dormir.
Varela: Y no dejamos de ser mujeres. Acumulás veinte días de competición y tenés el tema de la depilación, de que te crecen las raíces… ¡En 2006 fue todo un tema explicarles a los alemanes lo que me quería hacer en la cabeza! (Risas).
Caminos: Hay otro aspecto: la maternidad. El hombre tiene más facilidad para concentrarse y dedicarse exclusivamente al trabajo. Una madre tiene que seguir siendo madre aunque esté en otro continente. Yo hasta me conectaba por Skype para hacer la tarea con mis hijos. Antes no había WhatsApp, por lo que me escribía por mail con otras madres para que buscaran a los chicos de tal lado y los llevaran a tal otro.
Brunati: Y está lo afectivo. Como mamá, viajar sigue siendo bastante traumático, por lo menos con hijos chicos. A lo mejor, cuando son grandes, se soporta de otra manera. En la gira de la selección por Manchester, hablé por Facebook con mi hija y lloraba desesperada. “Mamá, volvé”, me repetía… ¡Y yo acababa de aterrizar! Eso es una carga emotiva adicional a la que te tenés que sobreponer para cumplir con tu labor correctamente, porque te van a medir por el resultado.
 
–Más allá de lo familiar, el Mundial toca fibras íntimas. ¿Cuánto las afecta qué tan lejos llegue la selección?
Brunati: Te afecta, sobre todo cuando llevás mucho tiempo siguiéndola. Nosotras vimos a esta generación ingresar por primera vez al predio de Ezeiza. Lionel Messi, Sergio Agüero y Sergio Romero tenían 16, 17 años...
Caminos: Es muy intenso. ¡Hasta tenemos cábalas! La presión de escribir una nota apenas termina el partido es grande. En una definición por penales, tenés que parar de gritar y ponerte a escribir. Es difícil. Una no puede tener frialdad absoluta en ese momento.
Varela: Yo me pongo a llorar todo el tiempo. Soy una persona muy emotiva, y si encima tocan el himno nacional y estoy lejos... Al tango no le doy bolilla, pero si lo escucho en un viaje de placer, me emociono. Soy así. ¡Imaginate si veo a Messi haciendo un gol!
Caminos: Cuando perdimos la final de la Copa América Centenario, fuimos al hotel donde se hospedaba el plantel argentino. Salían los jugadores y querías abrazarlos.
Brunati: Sí, te sale más contenerlos que entrevistarlos.
 
–Fuera de lo que es la actividad profesional, ¿cuál es su primer recuerdo mundialista?
Brunati: El de México 86. Para mí es imborrable. Yo tenía 10 años y vi la mayoría de los partidos de la Argentina en la casa de mis abuelos. Cuando engancho los goles de Maradona a los ingleses, me acuerdo de mi familia. El peor recuerdo fue en el de Estados Unidos 94, cuando vi en casa de unos amigos cómo la enfermera se llevaba a Diego de la mano para el antidoping.
Varela: Yo tengo muy marcado cuando quedamos afuera por penales en Alemania 2006. Al día siguiente, en el aeropuerto de Núremberg, tenía que hacerles una nota a Roberto Ayala y Pablo Aimar, que volaban a Valencia. Ayala, que había metido el 1-0 parcial y después malogró su penal, me miró y me confesó: “Lo único que yo habría querido es sumar una estrella más. No pude y mi carrera se terminó acá”. Nunca me pude olvidar de esa imagen suya, como capitán y emblema del seleccionado de José Pekerman, diciéndome eso a punto de subirse al avión.
Caminos: Mi primer recuerdo es Argentina 78. La ceremonia era mirar todos los partidos en la casa de mis abuelos. Fuimos a festejar con la bandera a la esquina de Cabildo y Juramento, que era un mar de gente. Era muy chica. Con los años, y al enterarme de todo lo que aconteció alrededor de ese torneo, me fue quedando un sabor amargo.
 
–¿Este año hay una sensación muchísimo menos optimista con respecto a mundiales anteriores?
Brunati: Sí, porque la clasificación fue muy accidentada. Pasó algo similar en el ciclo de Maradona, pero la diferencia radicaba en que el líder era él. Había una cuestión casi mágica; era imposible abstraerse de todo lo que representa Diego para los hinchas de fútbol. Pero la Argentina no gana un título hace treinta años, ¿de quién es la culpa? ¿Por qué debería ganar todo lo que disputa? El deporte es aleatorio, no hay una fórmula para seguir y salir campeón. Obviamente, hay cosas que se pueden hacer para acercar a la Argentina al objetivo máximo. Disputamos tres finales porque esta generación es excepcional, pese a la mala organización. Hace trece años que Lionel Messi está tapando toda la miseria del fútbol argentino.
Caminos: Pusimos la vara muy alta. Solo sirve ganar. Yo no sé si es la lejanía con Rusia o si las expectativas disminuyeron, pero no se palpa esa fiesta habitual en la gente.
 
–Más allá del deseo, ¿consideran que la Argentina es firme candidata?
Brunati: Siempre lo es, y además tiene a Messi. Más allá de eso, va a depender mucho de cómo estén los jugadores. Si se motivan, se entusiasman y encuentran un funcionamiento... Puede pasar que lo encuentren durante la competencia. Hay millones de casos, como Italia en 2006. Un mundial es atípico, son siete partidos y los gana el que afronta cada uno con mayor inteligencia y toma las mejores decisiones. Hasta un golpe de suerte te puede hacer ganar.
Caminos: Coincido con ella: tenemos a Messi, que no es poco. Se ilumina y, así como selló la clasificación a Rusia con los tres goles que le hizo a Ecuador en Quito, puede pasar cualquier cosa. Por mi parte, no veo al equipo, hay lesiones, dudas… Pero está él, que puede resolver todo. 
Varela: A mí se me impone el deseo, así que confío en la Argentina. Lo que me preocupa es el estado físico de los jugadores, que es un aspecto primordial, por más excelentes que sean. En 2002, a Marcelo Bielsa se le lesionó Ayala en el calentamiento previo, por ejemplo.
 
–Saquemos a Messi de la lista. ¿Quién imaginan que puede ser la estrella del certamen?
Brunati: Después de lo que sucedió en la Eurocopa en Francia, donde Portugal se consagró contra los locales, no puedo obviar a Cristiano Ronaldo. Por otro lado, puedo mencionar a Marco Asensio, Isco, a la selección española en general. Joachim Löw estará al frente de Alemania por tercera vez consecutiva, así que tiene con qué seguir sorprendiendo. Quiero ver qué pasa con Francia, que tiene varios jugadores muy interesantes. Y puede aparecer algún tapado: Bélgica, Polonia...
Varela: Cristiano, aunque no creo que Portugal pueda ser finalista. Y Brasil es el candidato de siempre, por más que nos pese. A mí me encanta verlos jugar, los envidio sanamente.
Caminos: Puede ser el Mundial de las sorpresas. Sobre todo, porque más que figuras aisladas importan los equipos. Por eso se dan fenómenos como los de Alemania o España, que tienen jugadores que juegan juntos todo el año. Casi todos los integrantes del plantel de Alemania pertenecen al Bayern Múnich. En España pasa lo mismo: son casi todos del Barcelona o el Real Madrid. Eso te da un nivel de entendimiento que es clave.

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