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Altos en el Cielo


Por Aníbal Vattuone.


Es un pájaro? ¿Es un avión? Seguro, no tiene capa roja. Es un simpático artefacto volador que desciende hasta la puerta de nuestra casa para dejarnos la pizza que encargamos por delivery. No, no es ciencia ficción. No al menos en Rusia e Israel, donde ya no miran hacia arriba solo para buscar estrellas fugaces, sino para encontrar a los futuros colonizadores del cielo urbano: los drones.  

Si bien fueron creados con fines militares para misiones de reconocimiento y ataque (con probados casos en las guerras del Golfo y de Vietnam), en la actualidad su uso se expandió tanto a nivel civil como comercial. Países y consumidores particulares están exprimiendo sus bondades para diversos objetivos. “Trabajos de filmación, seguridad, búsqueda y rescate, prevención y apoyo en la lucha contra incendios, riego, fumigación, fotogrametría e inspección de infraestructuras, líneas ferroviarias, y estudios topográficos que permitan trazar mapas georreferenciados para ser aplicados a la planificación de ciudades, minerías, represas, proyectos forestales, agricultura de precisión, ganadería, etcétera”, enumera Gastón Allois, CEO de Drones Tech. 
 
Hay dos tipos de vehículos aéreos no tripulados (VANT): los que se controlan desde una ubicación remota, y aquellos autónomos que se movilizan a partir de planes de vuelo ya programados. Sus principales tareas responden a las tres “D”: dull (tedioso), dirty (sucio) y dangerous (peligroso). “Se usan para vuelos sobre paneles fotovoltaicos, líneas de alta tensión y torres de telecomunicaciones; y para inspeccionar refinerías de petróleo, plantas químicas y pozos de gas”, acota Allois. 

Lo que se está afianzando es una iné-dita y poderosa industria. Japón, siempre un paso adelante, monitorea con drones el 40% de sus arrozales. En China, y según las palabras Paul Xu (vicepresidente de la multinacional DJI), hasta hablan de una revolución: “Esta tecnología ya empezó a transformar la agricultura y la construcción”. Y en Corea del Sur, fuimos testigos de cómo 12.000 drones se adueñaban del firmamento de Pyeongchang durante la inauguración de los recientes Juegos Olímpicos de Invierno. 

Por su parte, los Estados Unidos utilizan el dron Predator para vigilar las zonas de difícil acceso y alta peligrosidad en la frontera con México. El modelo tiene 11 metros de longitud, autonomía de más de 20 horas y una cámara de alta resolución que puede “disparar” a 5000 metros de altitud.  

En Nueva Gales del Sur, Australia, hace ya un par de años se invirtieron poco más de 340.000 dólares en drones de rescate que monitorizan sus playas, producto del gran número de accidentes que se reportaban por ahogamiento y por ataques de tiburones. Hace unas semanas, esa iniciativa dio sus primeros frutos. Dos adolescentes, de 15 y 17 años, fueron arrastrados por una ola a casi 700 metros de la costa. Uno de los drones tardó apenas más de un minuto en asistir a los jóvenes, ya que dejó caer un flotador que los ayudó a llegar a la orilla sanos y salvos.

Por supuesto, no todo tiene la misma envergadura, pero dos botones de muestra sirven para advertir la magnitud del boom. En la última Semana de la Moda de Milán, Dolce & Gabbana sorprendió con drones que desfilaron la colección “Devoción” de bolsos de cuero para la temporada otoño-invierno. Por otro lado, Google tiene un programa que se llama “Project Wing”, en el que firmó un acuerdo con la casa de comida mexicana Guzman y Gomez y la farmacia Chemist Warehouse para hacer parte de sus entregas a domicilio con un dron (por el momento, los VANT de Google solo operan en Canberra, capital de Australia). 

“El 30% del transporte discurrirá por el aire a través de rutas situadas en cotas más bajas que las de la aviación comercial. Lo que falta es integrar la circulación dron en las rutas aéreas convencionales. Hoy se está trabajando en el de-sarrollo conceptual de prototipos de 5, 50 y 500 kilos para reparto de mercancías”, asegura el ingeniero Ángel Alonso, profesor de la Universidad de León y presidente de la Asociación Internacional para Sistemas de Vehículos no Tripulados (AUVSI).
Nuestros aires
Los futboleros recordarán las primeras sesiones de entrenamiento del Club Atlético Independiente a cargo de su actual DT, Ariel Holan. El exentrenador de hockey dispuso un par de drones sobrevolando las prácticas para grabar cada movimiento de los futbolistas, con la finalidad de mostrarles el video y mejorar su performance. 

Es que la Argentina no está exenta de este fenómeno, a tal punto que diferentes instituciones están brindando cursos para pilotear drones. Drones VIP se ufana de ser la pionera por estos pagos. “Empezamos hace más de ocho años con equipos de radiocontrol para lograr una fotografía en altura, con la meta de abaratar costos en el alquiler de andamios. Hace cuatro años entraron al país las primeras versiones de VANT, y varias empresas y entes estatales nos solicitaron que los capacitáramos en su operación. Somos el primer centro de instrucción aeronáutica certificado por la Administración Nacional de Aviación Civil”, se enorgullece Martín Rubén Martín, su director. Y profundiza: “Estamos en un promedio de ciento treinta alumnos por mes. La realidad es que cada vez más gente se está interesando por este universo”.

Más allá de los distintos lugares donde puede aprenderse a maniobrar un dron, también están las propias empresas nacionales que los fabrican. “Nuestra compañía surgió con drones focalizados en seguridad. Pero comprobando los avances de estas aeronaves y su grado de implementación, nos abocamos más a su investigación. Aquí, el desarrollo de los drones está vinculado al fuselaje, ya que lo referido a la electrónica y al software es importado”, aclara Allois desde Drones Tech, donde realizan desde filmaciones hasta inspecciones en plantas industriales y fotogrametría (para elaborar planos o mapas).
Desde el Instituto de Capacitación de Aeronáutica (ICA), en la provincia de Córdoba, su director, Horacio Triunveri, opina que los microemprendedores visualizan a los drones como una salida laboral made in siglo XXI. ¿Por qué? Porque una vez que se obtiene la habilitación para manejarlos, se pueden ganar hasta ocho mil pesos por día. “De aquí a no mucho tiempo más, los drones crecerán exponencialmente. Vamos camino hacia algo masivo”, concluye Triunveri.


De la teoría a la práctica. En el sector agrícola, los drones pican en punta en lo que concierne a fumigación y riego. También se emplean en el monitoreo de zonas, ya sea para seguridad o para detectar evasores de impuestos. 
Como en botica
En Inglaterra, los drones forman parte de un sistema en el que se graban especies raras o en extinción, durante el día o la noche. De esta manera, se contribuye a la conservación y la lucha contra la caza furtiva. Un poco más hacia el este, los noruegos son quienes están echando mano a los VANT para ubicar chatarra submarina y así limpiar los tan célebres fiordos. Por último, dos de las mayores compañías de celulares de los Estados Unidos exploran el uso de drones como hotspots (o zonas wifi) para brindar servicios telefónicos en lugares donde no existen o hay dificultades para comunicarse.


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