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Fiesta sensorial


Por Carmen Murtagh.


En el barrio dirían que ganó por goleada. Pero habría que ver si, allá por el 1880, los seguidores de Thomas Edison y Nikola Testa ya usaban esa terminología. Ambos se disputaron el mercado de la generación y distribución de energía eléctrica. Y hubo un vencedor: el inventor, ingeniero mecánico y físico de origen serbio impuso su modelo por sobre el del padre de la General Electric. Esta contienda fue conocida como “la guerra de las corrientes”, y es el leitmotiv del último espectáculo de Mayumaná, la multipremiada compañía israelí que, durante más de dos décadas, vendió más de siete millones de entradas a lo largo y a lo ancho del planeta. 

Currents dio su puntapié inicial hace cuatro años, como una creación original especialmente ideada para el Festival de Luces de Jerusalén, donde una vez al año iluminan calles, lugares arquitectónicos e icónicos para rendir homenaje a la vieja ciudad. “Buscábamos inspiración y la historia de Edison, defensor de la corriente continua, y Tesla, quien impulsaba la corriente alterna, que se utiliza hasta la actualidad, nos resultó muy interesante. A partir de entonces, comenzamos a construir la música y el look de la puesta en escena”, comparte Boaz Berman, cofundador y director artístico de Mayumaná. Y completa: “Esta famosa disputa nos hizo reflexionar y nos obligó a activar nuestra imaginación, ya que encontramos muchos paralelismos entre aquella pugna y el contenido de nuestro espectáculo. Por ejemplo, cómo diferentes tipos de energía pueden funcionar uno contra el otro pero, a la vez, cómo pueden funcionar juntos”.

Mayumaná se destaca por combinar dinámicas aparentemente opuestas en ritmo, movimiento y música. Esto provoca una yuxtaposición eléctrica que concluye en una experiencia visual y auditiva extraordinaria. “Acompañamos el viaje entre dos tropas, cada una representando una visión sobre la esencia de la luz y la electricidad, y cada una con su enfoque estético y artístico. Todo es un gran diálogo”, coinciden quienes integran una troupe conformada por ochocientos bailarines, músicos y acróbatas provenientes de veinte países.  

Currents se estrenó en Nueva York con todos los elementos que se podrán disfrutar por estos pagos: instrumentos musicales diseñados específicamente para la ocasión (a partir de contenedores de basura y otros objetos reciclados), y hasta un video mapping a través del cual se pueden observar las paredes de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Aquella noche en la Gran Manzana podría dibujarle a Berman una sonrisa de oreja a oreja; sin embargo, la evoca como un momento de altísima tensión. “Fue muy estresante. Tengo todo borroso: el único recuerdo es el elenco dejando todo arriba del escenario”, se enorgullece.
Todos para uno
En 1996, y a partir del amor profundo que profesan por la música (y sobre todo, la percusión), Boaz Berman y Eylon Nuphar le dieron forma a lo que sería el primer espectáculo de Mayumaná. Ambos decidieron juntar a un pequeño grupo de artistas, con una premisa: que fueran versátiles y ostentaran formaciones contrastantes. El nombre Mayumaná proviene de Mayumanut, palabra del hebreo que significa “habilidad” o “destreza”. “Por supuesto que hay requisitos para ser parte de nuestra familia: dominar el cuerpo, tener una buena técnica vocal, saber tocar instrumentos, actuar y ser carismáticos. No obstante, hay una cualidad que se impone por sobre cualquier otra: ser capaces de trabajar en equipo”, resume Berman. 

Con el paso del tiempo, Mayumaná se convirtió en una de las principales exportaciones culturales de Israel. No solo cautiva a millones de personas alrededor del mundo a través de sus interminables tours internacionales, sino en su propio teatro, The Mayumaná House, que está situado en la ciudad portuaria de Jaffa, al sur de Tel Aviv. ¿Pero cuál es el secreto de su éxito? Sus responsables hablan de la unidad del grupo como un todo. Paralelamente, recalcan y celebran el talento, la belleza, la coordinación, el ritmo y la sincronización de cada artista. Todo ello confluyó en las diez producciones que montaron hasta el día de la fecha. Por eso, cada una es distinta a su predecesora. “No hay un modus operandi predeterminado, pero, en general, se nos aparece una imagen. A partir de allí, pensamos la historia, la música, el look & feel, el elenco y la coreografía  –confiesa Berman–. Luego empezamos a delinear el argumento. Cuando ya nos sentimos preparados, convocamos a algunos de los miembros del elenco para que intenten llevar a cabo lo que planificamos. Solo cuando estamos completamente seguros de lo que vamos a encarar, arrancamos con los ensayos”. 

La filosofía de Mayumaná incluye el enriquecimiento cultural y el compromiso de las generaciones más jóvenes. Y basta caminar entre bambalinas para constatar que eso se extiende desde los productores y protagonistas hasta los sonidistas, iluminadores, vestuaristas, coreógrafos y escenógrafos. A más de veinte años de su debut, la compañía sigue potenciándose a través de una apuesta innovadora, artísticamente diversa, y descubriendo un universo musical y un lenguaje sin igual.






En un verdadero tributo al ritmo y al color, el elenco de Mayumaná puede componer e interpretar una melodía a partir de tachos de basura, tubos de PVC, latas de aceite, sartenes, altavoces y bocinas usadas. Cien por ciento arte. Más de 156.000 funciones, en más de 25 países y en más de 80 ciudades. Mayumaná tiene un no sé qué especial. Lo puede averiguar del 17 al 20 de mayo en el teatro Ópera (Avenida Corrientes 860, CABA). Más información en www.mayumana.com


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