Actualidad


Anidando Cultura


Por Walter Duer..


Un emprendedor tiene una idea y la transmite a un grupo inversor. Si este le ve potencial, invierte en ella, aporta asesoramiento, colabora en la implementación de las tecnologías que la hagan posible y le ofrecen todos los condimentos necesarios para sacarla al mercado. Así se genera un ámbito en el que los emprendedores encuentran acompañamiento durante las primeras etapas de la puesta en marcha (concepción, arranque, crecimiento y consolidación con sustentabilidad), en las que suelen ser muy vulnerables debido a la falta de recursos y formación específica en creación y gerenciamiento de negocios. Este proceso, que se ve tan a menudo entre las startups tecnológicas y entre microemprendedores de los más diversos segmentos, parece tener una pata floja: las industrias culturales.

Andrés Colombo, coordinador de la incubadora de empresas de la Universidad Nacional de Córdoba, especializada en proyectos de tecnología (aunque son receptivos a diferentes industrias), asegura que son pocas las empresas culturales que se acercan. “En general, son proyectos difíciles de monetizar y eso actúa como una barrera”, explica. Y amplía: “Si bien no existe un circuito formal de incubadoras culturales en el país, puede constituirse como un jugador clave para cambiar la mentalidad de aquellos que llevan adelante este tipo de movidas, ya que rara vez un emprendedor cultural tiene un enfoque ofertista. Aun cuando se trata de proyectos sin fines de lucro, el rol de la incubadora podría ser positivo para determinar cómo agregar valor al usuario”. 
Pero a no confundirse, ya que no se trata de un segmento de bajo potencial: en nuestro país, según datos del Sistema de Información Cultural de la Argentina (SInCA), un organismo dependiente del Ministerio de Cultura emplea a unas 397.000 personas (sumando los ámbitos público y privado), lo que se traduce en un poco menos del 3% del producto bruto interno (PBI) a nivel nacional. El cambio de mentalidad es imprescindible.

Pongámonos a incubar
A pesar de las dificultades, por estos pagos existe una experiencia concreta: Expresiva, la incubadora nacida en 2007 en el marco de la Universidad Nacional del Litoral, creada para empresas de bases culturales.?Su gerente, Diego Magnin, explica: “Se trabaja para posibilitar a los emprendedores el acceso a formación, capacitación y apoyo técnico, e incluso a fuentes de financiamiento y a promoción por parte del gobierno local. El esquema de articulación entre el ámbito universitario y el gubernamental ha sido probado en el mundo, con resultados alentadores”.
Expresiva se maneja en siete categorías: artes, artesanías, diseño, y complejo audiovisual, editorial, fonográfico y turístico. De 2010 a la fecha, se presentaron 296 proyectos y se acompañaron más de 150 emprendimientos, de los cuales 42 fueron preincubados (es decir, recibieron capacitaciones y asistencia de tutores durante un año), 27 incubados (a los que transitan satisfactoriamente la etapa anterior se los guía fomentando la autogestión del emprendedor) y 20 egresados (proyectos fortalecidos). “Nuestro plan estratégico 2018-2022 apunta a alcanzar otros cien nuevos emprendimientos de alta competitividad”, plantea Magnin.

¿Qué sucede fronteras afuera? En México hay varios antecedentes, como InCultura (que tuvo su principal foco de actuación entre 2012 y 2013), el Hub Cultural Escuela Adolfo Prieto, un proyecto del Consejo para la Cultura y las Artes, y Cinépolis Accelerator (abocada a la industria digital). En Colombia están La Incubadora, parte del ecosistema de innovación social Impact Hub y Prana. Sin embargo, también existen los denominados “contracasos”: organizaciones de incubación cultural que fueron lanzadas con bombos y platillos y que dejaron de funcionar sin haber llegado a desa-rrollar ni un solo proyecto concreto.

Financiamiento social
Si bien la incubación formal de proyectos culturales tuvo que sortear numerosos obstáculos, las estructuras de financiamiento basadas en redes sociales parecen tener más éxito. Es el caso de Ideame, una plataforma que ayuda a creadores latinoamericanos a concretar sus ideas a través del financiamiento colectivo, las redes sociales y servicios de valor agregado. Es una comunidad online que permite recaudar pequeñas (o no tan pequeñas, de acuerdo con la voluntad de los benefactores de turno) sumas de dinero para apoyar iniciativas creativas. Magalí Abramovich, su responsable de proyectos y capacitaciones, resume: “Tanto en la Argentina como en Latinoamérica, el sector cultural es una de las industrias que más dificultades tiene a la hora de conseguir financiamiento. Por eso, debe recurrir a subsidios, privados o estatales, que no siempre son suficientes o que suelen incluir procesos demasiado burocráticos”. 

El puntapié inicial de Ideame fue en 2011, con la misión de promover el uso del crowdfunding y brindar herramientas para que cada vez más entusiastas se animen a emprender en el terreno cultural. Desde entonces, se financiaron más de 2500 proyectos, para los que se recaudaron más de cinco millones de dólares provenientes de más de 180.000 usuarios. “Además, guiamos a los emprendedores para que puedan bajar a tierra su proyecto, encuentren la mejor forma de contarlo, puedan planificar un presupuesto y pensar una estrategia eficaz de comunicación”, acota Abramovich.  

Por su parte, Fredo Solari, director general de Foster Arts, una productora y escuela generadora de espectáculos teatrales en varios géneros y formatos, remarca que es muy complicado hablar de inversión en cultura en economías tercermundistas. “Enfoquémonos en el teatro: el riesgo natural de todo inversor se potencia por la naturaleza impredecible del negocio. ¿Qué significa eso? Las obras suelen tener costos en valor dólar y eso no se puede trasladar al precio de las entradas, ya que serían impagables. Por esa razón, aunque una producción teatral sea un fenómeno de taquilla, muchas veces no logra recuperar la inversión realizada”. 

Despegue informal
Los proyectos culturales tienen distintas alternativas para darse a conocer y fortalecerse. Allí es donde aparecen en escena los hubs culturales: espacios donde las múltiples manifestaciones creativas tienen lugar. 

En Tucumán, el complejo que agrupa la Plaza de Almas, el bar Muña Muña y el teatro El Árbol de Galeano ofrece sus gigantescas instalaciones para toda la comunidad artística del NOA. No obstante, el modelo de negocios no se sustentó en el arte. “Para nosotros, el área gastronómica fue el motor para empujar la cultura; por eso, les repetimos a nuestros clientes que si consumen en nuestro bar, están apoyando proyectos culturales. De alguna manera, se están involucrando en el arte aunque no sean artistas”, dice Fernando Ríos Kissner, actor y director de teatro, e ideólogo del proyecto que emplea a una treintena de personas. Las propuestas incluyen actividades artísticas al aire libre en verano y primavera, un perchero social pergeñado en conjunto con la Universidad Nacional de Tucumán, instalación de aros magnéticos para hipoacúsicos, desarrollos culturales para ciegos, y Crisálida, la primera biblioteca de género para la comunidad LGBT. 

Asimismo, los espacios de coworking pueden ser útiles para el despliegue de nuevos proyectos culturales. Se trata de sitios de trabajo que comparten profesionales independientes, emprendedores y pymes. La riqueza del coworking no radica en el hecho de tener un escritorio o una buena conexión a Internet, sino en que es una oportunidad única para comprender cómo emprendedores de otras ramas trabajan, monetizan sus proyectos, se inspiran o desembarcan en el mercado. “Facilitamos las conexiones entre los coworkers y fomentamos el intercambio”, dice Marina Corbata, cofundadora del espacio La Maquinita, con sedes en la Buenos Aires, Córdoba y Rosario. Y concluye: “Buscamos potenciar el desarrollo de los proyectos de nuestros miembros. Más allá de estos eventos formales, cada viernes, por ejemplo, nuestros coworkers cierran la semana compartiendo un trago, intercambiando aciertos y fracasos de la semana o haciendo amigos en el trabajo”.

nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte