Ecología


Las Tres R


Por Bea Johnson.


Reducir, reutilizar y reciclar son solo algunos de los principios de Bea Johnson, una de las pioneras del movimiento Residuo Cero, que promueve vivir sin dejar huella en el planeta. ¿Se puede?

Un frasco de vidrio que puede sostenerse con una mano es suficiente para guardar toda la basura que Bea Johnson y su familia generan a lo largo de un calendario. Alguna etiqueta cortada a la ropa, calcomanías de frutas y verduras del mercado, un trocito de algo roto, tres chicles y poco más… El escaso contenido sorprende si se tiene en cuenta que, según un relevamiento realizado por Waste Atlas, en la Argentina producimos más de 340 kilos de basura per cápita al año. 

Bea es una de las voces cantantes del movimiento Residuo Cero, una filosofía que gana cada vez más adeptos y que busca reducir al mínimo la huella que dejamos en el planeta. ¿Cómo? Comprando comida a granel, dándoles una segunda vida a las cosas, arreglando todo tipo de productos, prescindiendo de los envoltorios y envases de plástico –se reemplazan por bolsas de tela o frascos y botellas de vidrio–, y no utilizando jamás de los jamases productos descartables.

“Lo de Residuo Cero no es solo el hecho de no generar basura: el concepto engloba todo un estilo de vida."

Francesa de origen y radicada en los Estados Unidos, Bea está convencida de que la mayoría de los residuos que producimos en casa podrían evitarse. “Lo de Residuo Cero no es solo el hecho de no generar basura: el concepto engloba todo un estilo de vida. Claro que no fue un cambio de la noche a la mañana, sino algo gradual. Nos llevó dos años pasar de habitar una casa grande a elegir opciones más respetuosas con el medio ambiente. El primer año nos mudamos a un departamento que equipamos exclusivamente con lo que nos era necesario; el resto lo llevamos a un depósito. Allí aprendimos que con menos vivíamos mejor –repasa Bea–. El segundo año compramos una casa la mitad de pequeña que la que teníamos antes, y nos deshicimos del ochenta por ciento de nuestras pertenencias, incluyendo lo que teníamos en el depósito. Luego, nuestra simplicidad voluntaria nos dio tiempo para autoeducarnos en temas vinculados a la ecología. ¿Por qué decidimos cambiar??No es ningún misterio:?por el bien del futuro de nuestros hijos”.

–Bea, ¿cómo se fue dando el proceso de adaptación?
–El desafío más grande fue encontrar un equilibrio: entender qué funcionaba para nosotros y qué no. Cuando arrancamos, allá por 2008, había libros o blogs sobre cómo lograr una vida sin residuos. Buscábamos información en Internet e íbamos probando recetas y tutoriales, hasta que, de repente, me encontré atrapada en un ciclo en el que intentaba hacer todo casero. En un momento dado, yo misma hacía el queso, el pan, el yogur, la leche de soja, la manteca, etcétera. Algunas de estas ideas eran demasiado extremas y me llevaban muchísimas horas, así que las fui abandonando en pos de la simplicidad. Por ejemplo, no había ninguna necesidad de cocinar nuestro propio pan si podíamos comprarlo sin packaging en una panadería que utilizara productos de calidad.

–¿Cuál es la fórmula para conseguir ser sustentables a largo plazo?
–El “cero” en Residuo Cero da un poco de susto y parece difícil de alcanzar, pero, en realidad, no es tan complicado como aparenta. Para nuestra familia se convirtió en algo natural. Simplemente, cumplimos con cinco principios que propongo en mi libro Zero Waste Home (“Una casa residuo cero”). 

–¿Y cuáles son?  
–Rechazar lo que no necesitás (plásticos de un solo uso, correo publicitario, lo que nos regalan en las tiendas); reducir lo que realmente sí necesitamos (ropa y muebles), reutilizar y comprar artículos de segunda mano; reciclar lo que no se puede reducir o reutilizar, y compostar las cáscara de frutas, pelos, lo que barremos del suelo, la pelusa, etcétera. 

–¿Cómo empezamos?
–Lo más importante que uno puede hacer para evitar que la basura inunde la casa es saber decir “no”. Se trata de pensar antes de aceptar algo que te dan gratis en la calle, por ejemplo. Rechazar folletos, tarjetas de visita, souvenirs en las fiestas, plásticos de-sechables y correo basura. De lo contrario, estamos siendo cómplices para que los sigan produciendo. Son un desperdicio de recursos y apilarlos en nuestro cuarto es un camino de ida, ya que después nos demandará un esfuerzo sideral deshacernos de ellos. Hay que apostar por esta filosofía y soy muy insistente con eso, porque los resultados son asombrosos.

–Suele creerse que lo sustentable es más costoso. ¿Es así?
–Deberíamos estar más interiorizados acerca de este asunto. El 15% del precio de venta de un producto envasado cubre el costo del packaging. ¿Qué significa esto? Que si compramos comida a granel, automáticamente estamos ahorrándonos ese porcentaje. Pero no se trata solo de eso, sino de tomar conciencia de lo imperioso que es consumir considerablemente menos. Salvo el papel higiénico, nosotros ya no nos inclinamos por productos de un solo uso. Nos desentendimos del rollo de papel de cocina, las servilletas de papel, el papel manteca o de aluminio, las bolsas de residuos o para congelar, los platos y cubiertos descartables, el hilo dental, las afeitadoras descartables, los escarbadientes, el esmalte y quitaesmalte, el spray de pelo... ¿Lo mejor de todo??¡Ni siquiera los extrañamos! (risas). Hay que usar la imaginación, ser más originales.  

–¿Cómo hicieron para sustituir los productos de limpieza?
–Con vinagre blanco mezclado con agua, y jabón de Castilla. O con bicarbonato de sodio. A la vez, suplantamos los rollos de papel de cocina y esponjas por trapos, cepillos y virulanas. 

–¿Para qué se usa el vinagre blanco? 
–Es un elemento esencial para el hogar y el jardín. Sirve para limpiar las manchas de las paredes o de la ropa, como herbicida al rociarlo sobre las plantas, para eliminar los restos de cal de cafeteras y pavas, fijar el color en prendas que destiñen, y arreglar cierres que se traban al subir o bajar. 

–¿Cómo es tu armario?
–Tengo solamente quince prendas, con las que puedo armar hasta ¡cincuenta looks! Elegí ítems multifuncionales, colores neutros, materiales con los que me puedo vestir todo el año, telas que no sean demasiado formales o informales, ropa ajustada que se puede usar sola o superpuesta….

–Tenés dos hijos. ¿Cómo manejás el hecho de no comprar obsequios para cumpleaños o Navidad?
–Nosotros regalamos experiencias, no objetos. La transición no fue compleja ni traumática para nuestros niños. La verdad es que cuando ellos se dieron cuenta ya llevábamos varios meses embarcados en esta aventura. Mis hijos se adaptaron al instante; para ellos el residuo cero es lo normal. De hecho, les gusta vivir de forma minimalista porque de esa manera tienen menos cosas que recoger y más tiempo para jugar. Pero, sobre todo, porque pueden atesorar vivencias fascinantes. Para sus respectivos cumpleaños de 15, uno hizo bungee jumping y el otro se tiró en paracaídas. 

–Bea, ¿qué es lo más significativo de Residuo Cero?
–Que no solo es excelente para el medio ambiente, sino que mejoró nuestra salud y optimizó nuestro tiempo y economía, ya que ahorramos un 40% de nuestro presupuesto. Pero lo que más me maravilla es cómo todo esto me acercó a mi familia. Nuestra rutina diaria ya no es lo que era: los quehaceres se facilitaron, se hicieron más eficientes. Hasta podemos viajar con mayor frecuencia, ya que alquilamos nuestra casa para costear las vacaciones y la vaciamos en un abrir y cerrar de ojos. ¡Todo entra en un carry on! (risas). Una vez que uno descubre la onda de Residuo Cero, ya no se puede volver atrás. No es lo que nos esperábamos, sino mucho más.



Consejos para reducir el residuo en el baño*

•Los jabones sólidos son la mejor solución, siempre que se compren sin envoltorio o que sea de papel reciclable. 
•Si se necesita jabón líquido, el mejor es el de Castilla (hecho con agua, aceite de oliva y soda cáustica).
•Las cremas hidratantes se pueden reemplazar por aceites comestibles. 
•El rubor se puede elaborar en casa mezclando cacao o algarroba en polvo (marrón), canela en polvo (naranja) y raíz de remolacha en polvo (rosa).
•Como exfoliante, se puede usar un puñadito de bicarbonato.

*Por Bea Johnson.

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