Música, Series, Sandro


Con alma y vida


Por Alejandro Duchini. .


Así componía Sandro sus canciones. tras el éxito de la serie televisiva, un libro revela por qué sus temas lo llevaron a ser una leyenda.

Como suele ocurrir cuando muere un artista tremendo, de esos que no pasan desapercibidos para el sentimiento popular, el 4 de enero de 2010, cerquita de las 21.00,  el país se quebró. Ese día falleció?Roberto Sánchez. Para todos, Sandro.

Llevaba semanas internado en una clínica de Mendoza. Los partes médicos previos anunciaban un final doloroso y previsible. Ya había tenido homenajes en vida: discos, libros, documentales. Ya había recorrido un largo camino. Ya era (es) un ícono de la cultura argentina. Sin embargo, lo que su figura generaba quedó expresado en el llanto impotente y doloroso de sus miles de fanáticos.

Esa noche de verano, en Buenos Aires, el periodista Pablo Alonso pensaba cómo encarar una nota para escribir sobre el tema. Pero resultó que esa nota se transformó en un libro de setecientas páginas, que puede leerse hoy bajo el título de La música de Sandro. Cómo se hicieron sus canciones, en medio de una vorágine que abarca más libros, revistas, tributos y hasta una serie de televisión que fue un hitazo.

Lo que hace Alonso es redescubrir la figura del cantautor de Valentín Alsina, sin entrar en intimidades sin sentido. De alguna forma, también se asoma a la sociedad porteña de la segunda mitad del siglo pasado. Siempre a través de las canciones de amor del Gitano.

 

– ¿Conocemos las canciones Sandro?

– No. Hubo muchas inéditas, que grabó en Banfield, que se perdieron por las malas condiciones de conservación. Todos los álbumes del período 1972-1984 están fuera de catálogo. Los tres álbumes de 1976 a 1978 se editaron en los Estados Unidos y se pueden llegar a conseguir buscando por Internet. El LP Vengo a ocupar mi lugar estuvo en CD muy poco tiempo. Esas cintas master están repartidas por distintos lados. El master de Tú me enloqueces, grabado en cuatro canales en los estudios ION en 1975, estaba en su casona y se exhibió hace unos años en la muestra “Yo, Sandro”, que se montó en el Centro Cultural Borges y que luego recorrió varios destinos del país, sin ningún tipo de cuidado en cuanto a los requisitos de conservación: temperatura, humedad, etc. Esta es una de las razones por las que en la serie Sandro de América no se escuchó –con excepción de alguna versión en vivo– ninguna grabación posterior a 1971, pese a que los derechos de estos discos eran de Sandro y Oscar Anderle.

 

– ¿Cómo es eso?

– Cuando recrean la película Tú me enloqueces, con Susana Giménez, no incluyeron ninguna canción de esa cinta. Tampoco quisieron pagar licencias por las grabaciones de 1986 y 1988, donde hay varias remakes de clásicos. Por eso, se da la situación ridícula de una escena en la que un productor le pide a Sandro que grabe algo aggiornado a la época… y “ponchan” un audio de 1968. No creo que lo hayan querido mostrar como intransigente, ya que, de ser así, no tendrían ni idea de qué música hacía él por aquel entonces.

 

– ¿Por qué no se afianzó en Europa?

– Se le resistió la puerta de entrada que era España. Hay dos factores: su desinterés en hacer el esfuerzo, priorizando pasar más tiempo cerca de sus afectos. Consideremos que mantener la plaza americana ya le demandaba demasiado trabajo. Y otro tema era que ese molde de solista estaba más que cubierto, tanto en España como en Italia o Francia.

 

– ¿Qué sitio ocupa Sandro en la historia musical argentina? Señalás que ya era un mito antes de morir.

– Era un mito viviente por una sumatoria de motivos. No obstante, me parece que la condición de mito no necesariamente explica el lugar de Sandro en la música popular argentina. Hay que prestarle más atención al músico, al autor, al intérprete.

 

– ¿Qué sentiste al acceder a la mayoría de los manuscritos de Sandro?

– Fue como dar con la pieza fundamental de un puzzle. Pero hay otros papeles a los que no pude acceder, que luego fueron apareciendo en Banfield. El tema es que esos papeles hay que saber interpretarlos y ponerlos en contexto.

 

– Decís “Sandro fue muchas cosas y pudo haber sido muchas más”. ¿A qué te referís específicamente?

– A que fue un gran artista con altas y bajas tanto en su carrera como en su obra. Pero podría haber dado aún más. Él siempre se quejaba de estar atado estilísticamente a Sandro, aunque creo que se dejaba atar. De la misma manera, podría haber tenido una discografía más activa e inquieta en la década del noventa. Si se sentía bloqueado para escribir, le sobraba material para elegir: podría haber hecho un disco de tango, por ejemplo. Tener un público tan fiel le terminó jugando en contra, porque no le exigía mucho. No necesitaba sacar un álbum para llenar el Gran Rex, y eso es una bendición en lo comercial, pero una condena en lo creativo.

 

– En una entrevista con Mirtha Legrand, Sandro afirmaba que no creía tanto en las frases, sino en los tonos y en las circunstancias en que se dicen las palabras. ¿Ese fue uno de sus trucos para volverse tan seductor arriba del escenario?

– Sin duda. No es solo lo que decía, sino cómo lo decía. A eso hay que agregarle en vivo la gestualidad visual y corporal.

 

– Para vos, Vengo a ocupar mi lugar es su mejor álbum de la década del 80, “una cumbre de su trayectoria”, y allí entra en una etapa de “reafirmación personal y artística”.

– Lo de la “reafirmación personal y artística” corre por cuenta de Rubén Aguilera, su arreglador y productor. En todo caso, Sandro buscaba reposicionarse como artista frente al público, incursionar en otros sonidos y temáticas, adaptarse al estilo de la época pero sin perder identidad. Por eso, la frase elegida, “Vengo a ocupar mi lugar”, podría traducirse en recuperar el terreno perdido, aunque no lo logró del todo desde el punto de vista comercial. Además, intentó llevar a cabo una serie de proyectos empresariales que finalmente fracasaron.

 

– Después de haber escuchado tantos discos de Sandro, ¿cuándo alcanzó su punto máximo como artista?

– Un gran momento fue cuando comenzó a grabar con el Black Combo, excelentes músicos que reclutó en La Cueva. Pocas bandas hicieron rock and roll y soul en la Argentina como ellos. Otro hito fue el recital en el Madison Square Garden, en 1970. O la decisión de asociarse con Jorge López Ruiz, con quien hizo la mayoría de sus clásicos. De 1967 a 1970, Sandro sienta la base de su estilo para el resto de su carrera, incluyendo la tendencia a repetir ciertas fórmulas.

 

– ¿En 1992 se pagaba para que lo pasen en las radios?

– No, aclaración: lo de pagar para pasar los temas por radio es parte de la pauta promocional que casi siempre se dio dentro de la industria del disco. Lo que pasa es que su sello, Excalibur, no podía solventar esos gastos como sí lo hacía una compañía grande. No tiene que ver con el interés por Sandro. Pero sí es verdad que, en esa época, Sandro había perdido el interés por hacer discos. Grabó la placa Con gusto a mujer casi en piloto automático. En los setenta tuvo LP más inspirados que otros, pero no se puede discutir que componer y grabar era parte esencial de su carrera.

 

– Su última grabación fue en 2007, con Ricardo Arjona. ¿Qué significó esa dupla para Sandro?

– Él era muy selectivo para hacer duetos, por lo que supongo que no pudo haber sido por el mero hecho de compartir compañía discográfica. El otro día me sorprendí escuchando en el supermercado una canción de Arjona que me gustó. Podría decir que me resulta grasa, pero alguien podría acusarme de incoherente con este comentario, viniendo de un admirador de Sandro. Este es un tema complejo, porque lo artístico se roza con lo social, pero es innegable que Sandro tuvo ribetes kitsch, aunque, a veces, creo que lo hizo de manera consciente.

 

– Sos de aquellos que piensan que Sandro podría haber sido producido por Gustavo Cerati. Hagamos el ejercicio de imaginarlo: ¿cómo habría sido un encuentro entre ambos?

– Basta ir a YouTube para poder ver un documental en el que Cerati cuenta con muy buena onda la vez que coincidieron en un hotel, durante una gira de Soda Stereo. Sandro podría haber hecho una gran versión de “Persiana americana”, y si hubiera querido hacer una mezcla entre un sonido retro y máquinas, Gustavo podría haber sido un buen productor. Lamentablemente nada de esto sucedió.

 

– ¿Cuál fue su incidencia en la primera generación roquera argentina? ¿Por qué no se lo señala como uno de los gestores del rock nacional?

– Sandro conoció a toda esa camada de artistas; de hecho, él fue parte de esa generación. Lo que pasa es que cuando el rock se empezaba a constituir como una cultura con una clara representación mediática, él ya había conseguido el éxito como baladista y cantante pop. Digamos que quedó del otro lado de la grieta.

 


Por ese palpitar


En La música de Sandro. 
Cómo se hicieron sus canciones, Pablo Alonso repasa desde los comienzos de Sandro como rocanrolero hasta su posterior triunfo como baladista romántico, con una vasta producción que atravesó los más diversos ritmos y vertientes de la canción popular del siglo XX: la chanson francesa, el pop, el bolero, el jazz, el tango, los ritmos gitanos, y distintos folclores americanos y europeos. El trabajo es resultado de años de investigación y análisis minucioso de cada sesión de grabación, de búsqueda de materiales de diferentes archivos, de una revisión exhaustiva de la prensa, televisión y radio argentina e internacional, y de más de sesenta entrevistas con productores, arregladores, técnicos y músicos protagonistas y testigos de las grabaciones y las giras de Sandro. Alonso advierte que este no es solo un trabajo profundo acerca de la carrera del astro, sino que también se narra una historia musical, profesional y social de la industria discográfica, del desarrollo de los medios de comunicación a escala regional, y de los modos de producción y creación artística.

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