Moda


“Hay que volver a las raíces”


Por Natalia Miguelezzi.


Concentrada en la región andina, en lo ancestral de cada cultura y en el medio ambiente, Adriana Marina apuesta por un nuevo paradigma en la industria textil: la moda ética y el lujo sustentable. 


Hay dos preguntas que Adriana Marina se hace en relación con la industria de la moda. Una se refiere a cómo las grandes empresas permiten que la producción textil se ubique en el segundo puesto entre las más contaminantes del planeta. La otra es acerca de la ceguera que tiene el consumidor frente a esta cuestión. 

Medianamente alta, de aspecto joven y pelo canoso, Adriana tiene rasgos parecidos a las mujeres anglosajonas. Se mueve con determinación, habla con determinación. De ella podemos escuchar desde un cuento wichi hasta comparaciones internacionales de convergencia económica. Nació en Puerto Santa Cruz (provincia de Santa Cruz), entre ovejas, guanacos, caballos y los sonidos de la naturaleza. A los 10 años se mudó con sus padres a Buenos Aires para completar su educación, pero cada verano regresaba a su tierra amada y se quedaba más de la cuenta. Había algo valioso en esas latitudes que no la dejaba retomar el calendario escolar. 

A pesar de tener un doctorado en Economía, una licenciatura en Sistemas, becas en el Conicet y un estatus consultivo en el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC), Adriana se reconoce como una persona cien por ciento intuitiva: “Cursé muchísimas carreras, pero nunca me encasillé en nada. A veces, a uno le cuesta entender que tiene un don y tarda en dejarse llevar. Pero todo lo que hice fue puramente instintivo. Es más: de todo lo que estudié, creo que ahora no sé nada… ¡Y celebro que sea así!”.

Diez años de convivencia con comunidades del norte argentino, Perú y Bolivia le dieron una visión de negocio. Así fundó Animaná, una empresa social que coopera con diferentes grupos de artesanos y da a luz productos textiles, revalorizando las técnicas antiguas de tejeduría e hilado. Con estos productos no solo se destaca en el ámbito nacional, sino que conquistó París y Estados Unidos. Y va por más.  

–¿Cómo comenzaste con este proyecto?
–Está ligado a la historia de mi vida. Soy de la Patagonia y desde chica me indignaba al ver cómo se exportaba la fibra natural. ¡Con el enorme esfuerzo que requiere obtener una fibra natural de calidad! Demanda muchas personas y mucho tiempo. Me parecía terrible que no se procesara localmente. Se exportaba sin darle un valor agregado, sin lavarla, sin hacer hilo o lana, sin tejer… Simplemente, se la llevaban. Hoy sigue ocurriendo un poco lo mismo. Así se pierden el trabajo local y la cultura. Esta mirada me convenció de apostar por las comunidades que ya conocía, convocándolas y elaborando espacios de diseño. 

–¿Qué te preocupa hoy? 
–El crecimiento de las grandes marcas y la moda rápida. Vemos palacios donde se instalan firmas con precios bajísimos en la mejor avenida de París. ¿Cómo se explica que sean exitosas en semejantes espacios inmobiliarios? Por otra parte, se está destruyendo la identidad local. ¿O no encontramos la misma prenda en todas partes del mundo? Esas pequeñas voces individuales de diseño que aportan tanto y de las que era testigo cuando viajaba desaparecieron. Veo que detrás de los sueños y la alegría que genera la moda, hay destrucción. 

–¿Cuál es tu intención con Animaná?
–Volver a las raíces. Es un mensaje poderosamente rico y necesario. No se trata solo de tenderles una mano a los artesanos, sino de ayudarnos mutuamente creando productos y respetando el medio ambiente. No concibo que una empresa apunte al crecimiento económico sin estar atenta al impacto que puede provocar en lo ecológico y social. Así serán las empresas del futuro, pero así debieran haber sido siempre.

–¿Agotamos los recursos naturales?
–A fines de 2017 estuve en Toronto, en un congreso mundial de sustentabilidad. Los océanos están contaminados: los peces están llenos de plástico. Si todo sigue así, en cincuenta años se terminarán los recursos de la Tierra y descenderá nuestro nivel de vida. ¡Es increíble! Nuestra industria debe transformarse, pero todos tenemos que hacer fuerza para que esto suceda, para que las condiciones laborales sean aceptables… Estamos envueltos en una energía que muchos ya dejan de elegir. 

Un poco de amor francés 
Mientras hacía su doctorado en Madrid, Adriana conoció a Dominique Peclers, experta en moda mundial y actual colaboradora de la empresa. Varios años después y con gran parte de su primera colección concluida, la visitó en París para mostrarle la idea que tenía sobre las fibras naturales. Dominique fue clave para su progreso, enseñándole el concepto detrás del lujo sustentable: esa moda que no es carísima ni sofisticada, sino artesanal. Así se dio cuenta de que había un nicho grande y que Animaná podía tener potencial. Solo faltaba darle mayor profundidad.

–¿Cómo fue la movida de abrir una tienda en París? 
–Íbamos a muchas ferias; era un desgaste tremendo. Animaná no se reduce a una línea de mantas. En las concept stores, que unen arte, cultura y moda con tendencia y desarrollo, los buyers se enamoraban del pequeño espacio que se armaba con los productos. Nos urgía que todo estuviera 
exhibido en un solo lugar. Siempre soñé con tener una tienda y Dominique fue esencial para lograrlo. Contamos con locales en Estados Unidos, Europa y Buenos Aires.

–¿Qué buscan tus clientes?
–Mantener viva la cultura y tener productos con historia, en consonancia con el medio ambiente. Las nuevas generaciones y los nuevos empresarios son grandes impulsores del consumo consciente, el cuidado del planeta y el trabajo digno. Tenemos suéters, camisas, chales, productos Home/Deco y hasta ropa de bebé con algodón orgánico. A todos los que nos contactan les ofrecemos la posibilidad de chequear nuestra gama de materiales y técnicas. ¿Por qué? Porque le damos mucho peso al comprador y a su responsabilidad sobre el consumo. 

–¿Cómo es el diseño?
–Aprendemos de los artesanos, y en relación con lo que producen, hacemos una estilización del diseño para que sea cosmopolita y pueda usarse en cualquier ciudad donde se resida. Por otra parte, hay un sinfín de productos que son plenamente autóctonos y no tienen ningún tipo de intervención porque son magníficos. A veces solo incidimos en la medida o en la terminación de algún fleco o color.

–¿Qué materiales emplean?
–Materias primas de la Patagonia y de los Andes que provienen de animales silvestres, como la llama, la alpaca, la vicuña y el guanaco. La lana merino de la Patagonia nos da una gama de colores naturales que va desde los blancos o beiges hasta los negros intensos. Esta es la paleta de Animaná. El algodón orgánico es nativo, como la seda y el metal alpaca. Hacemos cría sustentable de camélidos sudamericanos, protegiendo la especie. Se esquilan a mano, y seleccionamos las mejores fibras. Los artesanos hacen el hilado y tiñen con pigmentos que salen de plantas. 

Más comprometidos
Adriana fundó la ONG Hecho por Nosotros y el Foro Moda Ética. Sus iniciativas tienen como objetivo interconectar a los diversos actores que hay en las comunidades: consumidores, productores, diseñadores, autoridades gubernamentales y educadores que apoyan la moda sustentable. La misión es lograr una red que forme parte del futuro de la industria.
Como si fuera poco, este año Animaná fue elegido por Fabric of Change,  de la fundación CyA,  como uno de los veinte proyectos sustentables con una visión distinta sobre el cambio. “No es fácil desempeñarse con artesanos, con pequeñas empresas locales. Hay toda una serie de aprendizajes que hemos hecho y que compartimos para que Latinoamérica no se convierta en una maquila, sino en una proveedora de moda sustentable y de lujo, ya que hay fibras riquísimas, capacidades, mano de obra y diseño”, se entusiasma Adriana.

–Aunque suene pretencioso, ¿con tu empresa te proponés reducir la pobreza en las regiones?
–Me gustaría decir que sí. Somos muy motivadores. Por ejemplo, en una escuela de Cafayate, llevamos adelante un proyecto de emprendimiento artesanal. Veíamos que no se hacía nada y que muchos no sabían unir el hilo de la lana con un suéter. Ni hablar de técnicas o pintura. Creo que es lo que hay que hacer en los Andes: enaltecer su historia, que se amiguen con eso. Son culturas que fueron maltratadas o poco atendidas. Por eso es tan importante hacer una introspección y poner los pies sobre la tierra. 

–¿Qué te inspira, Adriana? 
–Los jóvenes que quieren ser parte del Foro o ingresar en la ONG. No hay un día que no reciba algún mail de jóvenes interesados en participar, en instruirse para llevar información a su provincia. Varios de ellos son graduados o con maestrías, y están muy dispuestos y conectados con el tema. Después están los productos… no puedo evitar amarlos, sentir que son la verdadera riqueza de este mundo.

–¿Qué va a pasar en la moda?
–Lo que pase estará ligado a lo que suceda con nosotros como sociedad. El cambio se puede dar inmediatamente, pero debemos parar. La realidad es que hay otras formas de trabajar, quizá más costosas o con menos ganancias. Pero debemos comprender que el consumo desmedido no es viable y que está ocasionando grandes inconvenientes. En los países consumidores, el problema es el exceso de basura de la ropa; en los productores, la explotación y el uso de recursos a mansalva. De una forma u otra, nos estamos equivocando. Cuando exijamos más transparencia en la cadena de valores, vislumbraremos la solución. El mayor ausente es el consumidor que nunca aparece reclamando o averiguando qué hay detrás de la moda. La industria necesita que la transformemos todos juntos.

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