Historia de vida


Un camino inspirador


Por Belén Herrera.


El es abogado; ella, profesora de Matemáticas. Juntos cumplen el sueño de muchos: patear el tablero y vivir de una manera menos estructurada. Sebastián Espina y Candela Díaz decidieron transformar los viajes en una herramienta para descubrir otras realidades. Y para ser felices. “Todos tenemos la posibilidad si frenamos un poco el ritmo enajenado que llevamos y si nos ponemos a pensar si estamos conformes con nuestras decisiones y relaciones”, define Sebastián.

Hoy, a través de Instagram, comparten sus travesías en bicicleta (ya superaron los 50.000 kilómetros en más de treinta países) y un estilo de vida austero con más de 37.000 seguidores que los ven como una suerte de influencers inspiracionales. Contrastando con aquellos que solo buscan exponer sus logros materiales, los integrantes de esta dupla intentan despertar el interés de sus followers mostrando que con poco dinero y muchísima voluntad se puede desde recorrer el mundo hasta construir una casa.

Había una vez...
Cande y Tatán están de novios desde hace ocho años, pero los primeros dos lo mantuvieron en secreto. Ambos oriundos de Alta Gracia, provincia de Córdoba, apenas los separaban quince cuadras de distancia y ni siquiera sus amigos sabían de su romance. 

Por esos años, él planificaba unir en bicicleta Alaska con Ushuaia. Así fue como partió hacia el norte para cumplir con la meta. Mientras tanto, ella se había recibido de profesora y había comenzado a trabajar en un importante colegio de su ciudad. Sin embargo, a los quince días, se dio cuenta de que eso no era lo que realmente quería y decidió renunciar para hacer lo que la apasionaba: viajar. A diferencia de Tatán, lo hizo de una manera más “cuidada”. “Tenía 23 años y me daba miedo, por lo que me fui con algo un poquito más armado. Busqué empleo como niñera en Washington –recuerda–. Una experiencia fuera de tu país, y en otro idioma, te hace crecer bastante. Gané más confianza en mí misma”. 

Todo hacía suponer que sus espíritus aventureros los harían separarse, pero no. “Yo le seguí hablando –admite él–. Mucha gente tiene una idea medio romántica respecto a los viajeros e imagina que uno es una especie de dandy al que las mujeres se le tiran encima: nada más alejado de la realidad. Uno va pedaleando kilómetros y kilómetros, todo sudado, hecho un vagabundo”. 

El destino quiso que se reecontraran en California, donde ella se había mudado por trabajo. Antes de eso, se vieron cuatro veces en distintos puntos de Sudamérica. Finalmente, llegaron ambos a la ciudad norteamericana para luego continuar hacia Ushuaia juntos. “Lo que nos unió fue el no querer vivir una vida ‘normal’”, sentencia Tatán.

–¿Y cómo se logra?
–Tatán: Se logra con renuncias. ¿A qué? A estabilidad, confort, seguridades. Yo, por ejemplo, me recibí de abogado hace once años y tenía la posibilidad  de ingresar a un estudio muy importante, pero eso me iba a demandar un compromiso que no me iba a hacer feliz. A lo largo de los años, los dos pudimos convencer a nuestras familias de que lo mejor para ellos era que nosotros fuéramos felices.

–¿Cómo lo tomaron sus familias?
–Cande: La de él lo tomó un poco mejor que la mía (risas). Mis padres pertenecen a una generación que cree que la única manera de vivir es estudiar, ejercer tu carrera, ascender, tener una casa, tener hijos y morir. Está bien eso, pero no es mi manera de encarar las cosas. No me imagino haciendo lo mismo durante cuarenta años. No me veo. 

–¿Y de qué manera se ven?
–Tatán: Lo contesto a la inversa: no nos vemos de una forma estática. Para nosotros la vida tiene un propósito un poco más espiritual o profundo, en el que los pequeños objetivos a corto, mediano y largo plazo deben tender hacia la búsqueda de la felicidad. 

–Para muchos ustedes tienen el mejor de todos los trabajos...
–Tatán: No tenemos el mejor trabajo, sino el que a nosotros nos hace felices. Ya lo dice el refrán: “Haz lo que te gusta hacer y nunca trabajarás en tu vida”. Estamos en constante búsqueda.

–¿Cómo hacen para sustentarse económicamente?
–Cande: Ahorramos bastante trabajando en otros países y no somos de gastar mucho. A veces cuesta comprender este tema, pero si comparo lo que cobré como niñera en los Estados Unidos con lo que me demandó una de las travesías en bici, la diferencia es abismal. Es muchísimo más barato viajar que pagar el alquiler y los impuestos de una casa. 

–¿Cómo construyeron su propia vivienda en Alta Gracia? 
–Cande: La hicimos con el sistema de construcción americano conocido como wood framing. Utilizamos alrededor de cien pallets industriales. Los cimientos son cuarenta y cinco pilotes realizados con recortes de postes de luz y recubiertos con los mismos pallets pintados con aceite quemado de autos. Lo único nuevo fueron las chapas y la aislación, ya que todo el interior –sanitarios, aberturas y demás– son reciclados de demoliciones o de casas de compra-venta. Tenemos gas a garrafa, que se usa exclusivamente para cocinar. Calentamos el agua para bañarnos con leña y para calefaccionar prendemos el fuego. Y no compramos la leña, sino que la buscamos por los alrededores. Tenemos una motito muy gasolera y compramos fruta de estación, que no solo es más barata, sino que se vincula con nuestra filosofía de cómo debería funcionar el sistema. 

–O?sea, implica una renuncia, pero no un sufrimiento. 
–Tatán: Exacto. Por ejemplo, nosotros nos reunimos constantemente con amigos, pero nos fundiríamos si saliéramos a comer todas las noches. Por lo tanto, invitamos a todos a casa y cocinamos nosotros. Nos suelen preguntar de dónde sacamos el dinero para viajar, y yo les respondo que no lo saco de ningún lado porque no gasto plata en esto. Por otra parte, ahora la cuenta de Instagram está patrocinada, lo que nos ayuda a financiar los viajes. De afuera todo parece sencillo o que se da como por arte de magia, pero gracias a nuestro crecimiento y a la cantidad de followers, las marcas empezaron a fijarse en nosotros y a respaldarnos. 

–¿Cómo eligen los destinos?
–Cande: Por gusto. Aunque él sí, yo nunca había ido a Europa. Al principio íbamos a hacer la parte del este, pero después nos inclinamos por los rincones clásicos. Hicimos España, Francia, un pedacito de Italia y bastante Suiza.
–Tatán: Suiza prácticamente se pagó sola, ya que, a través de nuestra página, nos fueron invitando en diversos alojamientos. Cuando nos dimos cuenta, habíamos pasado veinte días solo poniéndole plata al auto para la nafta. Dormimos en habitaciones que nunca habríamos podido pagar, pero eso no significa nada para nosotros. Yo duermo como un rey tanto en una habitación cinco estrellas como cuando tengo que hacerlo en el auto.
–Cande: Eso es lo que más aprendimos de esta experiencia: tener flexibilidad para todo. Podemos estar comiendo un choripán en la vereda o compartir una cena con el gobernante de alguna ciudad. Tenemos buena predisposición para adaptarnos. 


–¿Cómo seleccionan las fotos que suben a sus perfiles?
–Cande: Un poco por los paisajes y otro por las reacciones del público. Pero no es lo más importante. Primero vamos al lugar y lo disfrutamos, como para que tampoco sea una carga tener Instagram. Una vez que estamos satisfechos, nos dedicamos a preparar el material para las redes. 

–¿Alguna vez fantasearon con que iban a tener tantos seguidores?
–Cande: Yo no caí hasta que me llegaron comentarios que decían: “Yo antes no viajaba, me animé y lo quiero compartir con ustedes”. A mí también me inspiraron otras personas a querer emprender tal o cual misión. Pero es muy movilizante cuando uno es la fuente de inspiración. Por eso, nuestro mensaje está orientado a eso: todos podemos hacer lo que nos proponemos. Esa es la idea.

–En definitiva, las cosas pueden conseguirse de miles de formas...
–Tatán: Obvio. Suele ocurrir que nos piden una “receta” y nosotros repetimos que la única que tenemos es la nuestra, que está vinculada a las circunstancias en las que nosotros estamos, en la familia en que nacimos, etcétera. Mucha gente tiene preconceptos, y eso es muy loco. Quizá ven una foto en la que estás vestido de cierta forma y afirman: “Seguro que el papá es millonario”. Y no hay mayor mentira que esa. Lo que pasa es que, si eso fuera cierto, es una excelente excusa para no animarse a dar el salto.
¿Dónde seguirlos?
Para no perder ninguna pisada de Cande y Tatán, hay que ingresar en la red social Instagram. En la cuenta @ratatrip comparten fotos de sus viajes y reflejan su estilo de vida simple. En @casacasera?muestran cómo fue el proceso de construcción de su casa con pallets. ¿Los próximos destinos que tienen entre ceja y ceja? Nueva Zelanda, Australia y el sudeste asiático.

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