Tecnología


Chofer incluido


Por Aníbal Vattuone.


Corría la década del ochenta cuando el actor David Hasselhoff manejaba un auto fantástico, capaz de saltar por encima de otro o pararse en dos ruedas y pasar por estrechos callejones. Nada era imposible para KITT, que hasta incluso podía ¡hablar! Pero el conjunto de habilidades no terminaba allí: cuando Michael Knight (Hasselhoff) no podía hacerlo o estaba en peligro, el inefable KITT se manejaba solo, sin la ayuda de su coequiper. Algo más de treinta años después, la fantasía se vuelve realidad con los autos autónomos. 

Su producción y desarrollo, que se profundiza a pasos agigantados, apunta a revolucionar el universo del transporte. ¿Cuándo? En el cortísimo plazo. “Si me pidieran que fuera hacia adelante dos décadas, diría que los autos serán eléctricos y autónomos. Pero completamente autónomos: o sea, no habrá volante”, vaticina el prodigio Elon Musk, dueño de Tesla, la compañía estadounidense ubicada en la vanguardista Silicon Valley, que tiene como meta llevar a sus modelos al nivel 5 (autonomía total) a fines de 2019. 

Tras haberse focalizado primordialmente en el transporte de personas, en las últimas semanas, Waymo, la empresa de vehículos autónomos subsidiaria de Google, creó un camión sin conductor que circuló por las rutas de la ciudad estadounidense de Atlanta. Luego de Tesla y Google, las que asoman la cabeza son Lyft y Uber. Esta última, que proporciona una red de transporte privado mediante su software de aplicación móvil, encargó a fines de 2017 una primera flota de 24000 vehículos que comenzará a recibir en 2019 y a los que instalará un sistema de autonomía. Como Waymo, Uber lanzó en los últimos meses camiones que transportan mercadería a larga distancia… sin nadie al volante.  

Los camiones de la empresa subsidiaria de Google circularon por las rutas de la ciudad estadounidense de Atlanta.

Según una encuesta realizada por la empresa C230 ( dependiente del Think Tank Fundación IDEA), que entrevistó a casi seis mil personas de la Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Perú, el 58% de los latinoamericanos consideró que los vehículos autónomos mejorarán la movilidad en las ciudades, con traslados mucho más cómodos y seguros. En esa línea, siete de cada diez individuos opinaron que este tipo de autos permitirán reducir los accidentes de tránsito (y el 72% estimó que serían más leves si sucedieran). 

La Argentina no se está quedando atrás en semejante transformación. Un ejemplo de esto es la unión entre Enrique Cortés Funes y Pablo Orlando, de Inipop (compañía dedicada al diseño de tecnología y automatización), y Alejandro Repetto, de Space Ai. Juntos unieron esfuerzos y jerarquía para crear ni más ni menos que el primer vehículo autónomo argentino. “Es más, es el primer vehículo autónomo de Latinoamérica –dice Tomás Morini, integrante de Inipop–. Es un proyecto en el que pudimos exponer toda nuestra experiencia en diseño y desarrollo de sensores en su máxima expresión, con la robótica como punta de lanza”. 

Más allá de que este auto no requiere chofer, tiene un ojo LIDAR: se trata de un láser que detecta y mide la distancia a los diferentes objetos con los que se puede cruzar en el trayecto. Además, puede ubicarse en el espacio gracias a un sistema de navegación satelital con corrección terrena que le otorga una precisión de un metro y medio. Un chiche más: posee IMU, una unidad inercial de medición que, mediante giróscopos y acelerómetros, reconoce si el automóvil se mueve, a qué velocidad está andando y en qué dirección está circulando.

Los entusiastas de esta movida coinciden en lo importante que puede ser una red de vehículos autónomos para una mejor y más inteligente distribución del tráfico. Hasta se podría sincronizar el encuentro con otro auto de igual funcionamiento en plena bocacalle, de manera que ninguno de los dos deba frenar. “Tenemos que empezar a pensar en los coches más como computadoras y nodos que trabajan en forma sistémica, permitiendo la recolección de información”, señala el ingeniero Repetto, desde Space Ai.

Curiosidades:?el primer vehículo autónomo sin volante ni pedales, y el modelo que hace delivery de pizzas en Michigan.

Pero mejor calmemos la ansiedad, ya que los expertos se muestran prudentes con respecto al desembarco de estos modelos en nuestro país. “Falta tiempo para que los veamos circular por nuestras calles. Por otra parte, no debemos olvidarnos de que precisamos una legislación específica, como la que quiere imponerse en Estados Unidos”, aclara Esteban Magnani, director de la licenciatura en Medios Audiovisuales y Digitales de la Universidad Nacional de Rafaela (UNRaf). 

Es que si la corriente de los vehículos autónomos no aprieta el acelerador a fondo es por cuestiones ligadas con lo judicial. En la actualidad, los fabricantes de automóviles necesitan permisos excepcionales para hacer rodar a estos inéditos autos. De hecho, en Estados Unidos aún está prohibida su libre circulación, por lo que se está debatiendo la implementación de la Self Drive Act (ley de vehículos autónomos), que está pronta a ser revisada por el Senado norteamericano. 

Ética autónoma
En todo el mundo se registran más de mil millones de autos, es decir, más de un vehículo cada siete habitantes. En cuanto al afianzamiento de los autónomos en el mercado, las proyecciones más optimistas arrojan que eso se dará de aquí a diez años. No es una utopía, entonces, imaginarnos volviendo del trabajo sin preocuparnos por el embotellamiento y aprovechando el viaje para leer nuestro libro favorito o mirando esa serie que nos desvela.

Hay tanta expectativa alrededor de estos autos que muchos los consideran el invento del siglo XXI. “Me parece excesivo. Es otro de los tantos adelantos dentro de lo que se denomina ‘Internet de las Cosas’, que tiene que ver con hacer más eficiente todo, pero, paralelamente, con darles más control a las empresas sobre nuestras determinaciones, a darles más poder para inducirnos, sutilmente, hacia tal o cual dirección”, dice Magnani, poniendo el freno de mano.

Más allá de los intereses particulares, uno de los puntos más controvertidos en relación con los vehículos autónomos es si brindarán mayor seguridad. ¿Cómo tomarán decisiones, literalmente, vitales? La capacidad de discernimiento y análisis humano desaparece: será una resolución espontánea de una máquina. Y aquí es inevitable evocar la luz de alerta que se prendió con el accidente que hace menos de dos semanas se cobró la vida de una mujer. 
Investigadores del Media Lab del Instituto Tecnológico de Massachusetts y del Departamento de Aprendizaje Automático de la Universidad Carnegie Mellon crearon una plataforma para medir situaciones extremas: ¿podría un vehículo autónomo elegir atropellar a una sola persona o a un grupo de cinco? “Al dejar estas decisiones en manos de máquinas, debemos desarrollar un contrato social entre la gente y los algoritmos que asuman esas decisiones”, desliza Iyad Rahwan, profesor del MIT. 

Para Magnani, la mayor de las ventajas es la reducción en los riesgos de conducción. “En la medida en que las máquinas aprendan, no van a cometer errores debido al cansancio, la ebriedad, el apuro o la negligencia. Claro, esto se traduce en ceder el cien por cien el control del manejo, y allí es cuando surgen las dudas y la divergencia de criterios. Ante la chance de atropellar a un niño o caerse a un precipicio, ¿qué hace el auto autónomo? ¿Salva al dueño o al chico? Esos dilemas morales generan incertidumbres, sobre todo acerca de la responsabilidad”, plantea Magnani. Y concluye: “Hay una carrera intensa por parte de las empresas tecnológicas y de las automotrices tradicionales, que no quieren quedarse atrás de esta movida”.

Récords
Los que establecieron un nuevo logro fueron los ya famosos vehículos autónomos de Waymo, que, en 2017, recorrieron cerca de nueve mil kilómetros sin que fuese necesaria una intervención humana de emergencia. Detrás de ellos figuraron sus pares de Cruise, una compañía subsidiara de General Motors: consiguieron recorrer casi dos mil kilómetros de la misma forma. Asimismo, Cruise tiene previsto lanzar en 2019 un servicio de taxis autónomos en la complicada ciudad de San Francisco, lo que supone un reto mucho mayor que si anduviesen por autopistas o poblaciones más pequeñas. Ver para creer. 

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