Arte


Modelo vivo


Por Andrea Albertano.


Modelo vivo
En escenarios naturales y a través de diversas disciplinas, artistas de diferentes rincones del país persiguen un mismo propósito: honrar a la Madre Tierra.

Un atril, la luz que pega distinto al atardecer, pinceles y óleos. Una cámara de fotos. Un lápiz y un papel. Una piedra que cala la piedra. Una instalación en medio de un paraje. Y la magia de la naturaleza como modelo o como inspiración. Desde tiempos inmemoriales, muchos fueron los artistas que tuvieron los paisajes como objeto de creación. Ya en nuestro siglo, diversas formas de arte permitieron cuidar, custodiar, reproducir y resguardar en imágenes la historia y las vivencias de nuestra Madre Tierra.

Andrea Juan sabe de lo que estamos hablando. Renombrada artista plástica argentina, dio luz a las preocupaciones medioambientales a través de sus fotografías e instalaciones con proyecciones, telas y objetos, creadas en entornos naturales, como la mismísima Antártida (la visitó durante diez años). Mudada a la imponente Cantabria, creó Sur Polar (una red internacional de artistas ambientales) e ideó el proyecto Arte en el Origen, que surgió del deseo de generar una movida sin igual en este punto cardinal español que tiene el patrimonio de arte paleolítico más valioso de la humanidad, resguardado en las cuevas más antiguas de nuestra civilización: Altamira, El Castillo, Las Monedas y Covalanas. 

Con la misión de establecer el vínculo entre lo que somos y dónde vivimos, un grupo de compatriotas viajó a ese rincón de ensueño donde mandan bosques, marismas y mares. La fotógrafa y paisajista Ángela Copello fue una de ellas y se lució con la obra Cuadrado de 50 x 50. Su fotografía de una formación rocosa de la playa llama la atención por sus relieves, dorados y texturas (las características del clima y de la luz le dieron una tonalidad única). Por su parte, Diego Rusticucci optó por una serie de dibujos en tinta y aguada sobre papel tisú. “Fue una forma de romper la tensión entre lo eterno y lo frágil, luego de apreciar que en la cuevas todo remite a la eternidad y la fragilidad”, señala. 

Otra de las participantes fue Laura San Martín, arquitecta y fotógrafa. “Encaré un trabajo de introspección de este paso efímero que tenemos por la vida”, revela sobre los entretelones de su serie Donde habito, en el que reflexiona sobre habitar el cuerpo y liberar el alma. Por  su lado, Aline T. de Karagozlu hizo instalaciones en los Picos de Europa, y Laura Zunino de Cardoner utilizó la técnica de la fotografía pero “enfocando la transparencia o filmina o película gráfica, y no el paisaje”.

¨Laura Zunino y un mix entre ilustración y fotografía: el recurso es enfocar la filmina donde los trazos “calcan” el paisaje, y no el paisaje.¨

Profeta en su tierra
Lorraine Green es egresada de la “Prilidiano Pueyrredón” y reside en Bariloche. Amante de la estepa, se abocó a ilustrar las flores del Sur, ya sea en forma individual o de la mano de Marcela Ferreyra, bióloga especialista en flora patagónica.

“El paisaje es parte de nuestra vida; es indivisible una cosa de la otra. No solo me interesa conocer sobre nuestro territorio, sino sobre lo que ocurre en él: su biología, su geología”, sostiene quien aborda el naturalismo desde una visión contemporánea. Así lo explica: “El arte contemporáneo se apropia de las maneras y tradiciones que se emplearon a lo largo de la historia. Entonces, como artista voy incorporando las formas en que los exploradores viajaban, en que los botánicos aprendían sobre la flora, en que los fotógrafos practicaba su profesión”. 

De la dupla que conformó con Ferreyra, Green destaca las caminatas bajo el sol, observando (a veces con lupa) las maravillas que se esconden en el relieve patagónico. “Hicimos expediciones botánicas, en las que relevábamos las especies. En cada época del verano aparece un sinfín de flores. En una conservadora que cargaba con botellas con hielo, recolectábamos ejemplares que dibujaba no bien llegaba a mi casa. Hicimos una lista de las especies más representativas de la estepa, que año tras año se fue expandiendo. Era una aventura porque también nos sorprendíamos con la fauna típica”, recuerda.

¿Qué requisitos o qué sensibilidad necesita un ilustrador para ser ilustrador botánico? “Como en todo, lo primordial son las ganas; lo demás viene solo. Después, hay que ser curioso, paciente y muy minucioso, ya que la finalidad de las ilustraciones es que sirvan para la identificación de las especies, y unas difieren de otras tan solo por el margen de la hoja, el largo de los pétalos, o la sutileza entre un rosado violáceo y un rosado fucsia”, esgrime la experta. 
Enamorado del Sur 
Pintor hiperrealista, amante de los paisajes que ahora tiene al alcance de la mano y excelente retratista, alguna vez confesó: “El efecto de la Patagonia fue como un shock; fue otra luz, otra sensación. Quedé conmovido para siempre”. Nos referimos a Juan Lascano, quien está radicado en Bariloche desde hace más de una década.

Enamorado de la atmósfera y de las aguas diáfanas de estas latitudes, es reconocido por sus pinturas de bodegones y desnudos. Pero, en la actualidad, prefiere dedicarse a los paisajes difíciles, en lugares donde impera el viento. “Por estos pagos es raro el día en que podés poner el caballete en el exterior. Me gusta agarrar el auto e irme a la estepa o la zona del ecotono, que es la transición del bosque y la estepa. Sea donde fuere que poses la mirada, todo es color. En invierno tal vez es más sobrio, pero en primavera y verano la paleta es amplísima”, cierra Lascano, un integrante más de este colectivo de artistas plásticos que honran a la reina madre del planeta: la naturaleza.
El precursor
Los especialistas sostienen que el impresionismo cambió no solo la forma de pintar, sino, fundamentalmente, la manera de ver las cosas. El francés Claude Monet fue uno de los creadores de esta corriente, amén de un eximio jardinero: conocía como generar compost, delimitaba los canteros con piedras y empleaba innovadores métodos de drenaje. De este modo, les otorgaba cierta lógica a los efectos que pretendía lograr. Algunas de sus obras más famosas estuvieron inspiradas en el jardín de su propia casa. Este icónico artista vivió durante cuarenta y tres años (de 1883 a 1926) en la localidad francesa de Giverny. Él mismo seleccionaba las flores y plantas que cultivaría para después retratar en sus cuadros. El puente japonés y el estanque de nenúfares son parte del hermoso paisaje que rodea la casa de Monet.

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