Entrevista


“Soy muy miedosa”


Por Belén Herrera.


“Soy muy miedosa”  
Valeria Bertuccelli es una mujer todoterreno: escribió, dirigió y protagoniza su ópera prima. Después de brillar en el Festival de Sundance, se confiesa.

Existen tres clases de personas: las que no tienen miedo a nada, las que lo tienen y se paralizan de pies a cabeza, y las que desafían esos temores. Valeria Bertuccelli está dentro de estas últimas. Tal vez porque creció escuchando a su papá decir aquello de que “nadie es valiente si no tuvo miedo antes” es que ella no se deja amedrentar por las cosas, sino que las enfrenta. Su último gran reto es La reina del miedo, su más reciente película, en la que, además de actuar, se prueba el traje de guionista y directora. 

Ansiosa por saber si al público local le gustará este filme disruptor en su trayectoria, la mujer de Vicentico llega al estreno con una cuota de tranquilidad después de que su ópera prima fue seleccionada para participar del Festival de Sundance, en el que –como si fuera poco– resultó premiada como mejor actriz. “Fue genial recibir el reconocimiento, ya que me di cuenta de la necesidad de volver a encarar mis propios proyectos, que era algo de lo que estaba muy alejada. Entré en esa vorágine de que te llaman para convocarte y dejás de producir. Y hacía rato ya que sentía que no me alcanzaba con actuar: necesitaba transmitir algo más”, dice Valeria, dispuesta a charlar como la conocemos: sin filtros.  

–¿Cómo fue el debut como directora?
– Muy bien, mucho mejor de lo que me esperaba. Si bien estaba muerta de nervios porque era algo que nunca había hecho, me sorprendí de lo que lo pude disfrutar, sobre todo durante el rodaje. El momento de mayor ansiedad fue la preproducción y la primera semana de filmación hasta que le encontramos el ritmo y nos pudimos relajar.

–¿Fue complicado dirigir y actuar al mismo tiempo?
– Tuvo su grado de dificultad, pero, a la vez, no tanto como me imaginaba. Al principio sí estuve un poco desorientada: estaba frente a otra actriz y pensaba lo que le quería decir que hiciera, miraba al camarógrafo y le explicaba tal o cual movimiento, ¡y me tenía que preocupar por mi propia interpretación! Escuchaba “corten” y me iba rápido a ver cómo había quedado la escena. Era alocado, pero, de golpe, todos entendimos el funcionamiento y fluyó. 

–¿Qué fue lo que más te costó de todo el proceso?
– En cuanto al esfuerzo, la preproducción fue lo más difícil de la película. Lo que quizá más me interpeló a mí fue la edición. Allí me replanteé muchas cosas. Fue rarísimo, porque pensé que ya tenía todo hecho y no. Todos mis amigos directores ya me lo habían advertido. 

–¿Cómo surgió la idea madre?
–El disparador fue su propio título: La reina del miedo. Es una observación del miedo en mí misma y en los demás, y lo que provoca como motor. El miedo es algo que tiene que ver con la conciencia, con algo que uno está percibiendo. Traspasar eso es lo que te hace valiente. ¿El mensaje? Saber que si te quedás temeroso no podés con la vida. Siempre me impresionaron historias como la de la madre que es capaz de levantar un auto para sacar al hijo que quedó atrapado. Te sobreponés con tanta fuerza que te transformás en otra persona. A la vez, me interesó mostrar cómo algo de afuera puede analizarse como patético o gracioso, pero de adentro puede ser lo más triste y sórdido que hay.

– ¿Y vos a qué le tenés miedo?
– Esta película me transformó, porque me obligó a enfrentar un sinfín de situaciones. Nos reíamos con uno de los productores porque yo le conté que soy muy miedosa, y él me contestó: “¡Sos miedosa y hacés todo lo que hacés! O sea, la pasas muy mal”. Pero, bueno, ese es el punto: todo me puede dar miedo, pero no por eso dejo de hacer nada. Uno tiene que ejercitarse y enfrentarlo.

– Tu primer guion no tuvo escalas: fue directo a la pantalla grande. Sos una afortunada. 
– Yo también lo pensaba así hasta que me pregunté: “¿Afortunada?”. Trabajé tanto para escribir el guión, financiar la película, conseguir cada actor, actuar y dirigir en paralelo... ¡Eso no es magia! Además, asumí un gran riesgo por el tiempo en que dejé de actuar para poder escribirla. Me quedé sin dinero, que no es todo, pero es importante... Y todo por algo que tampoco tenés la seguridad de si va a estar bueno, si va a ser aceptado...

–¿Dirigir y escribir es un nuevo camino que se abrió y que vas a seguir transitando?
– Sí, totalmente. Aprendí tanto que fue como anotarse en un curso megaintensivo. Con toda esa información, ahora me dieron ganas de hacer más cosas. 

–¿En la televisión te vamos a volver a ver?
–No sé. Es ridículo decir que no, porque puede aparecer algo que me encante, pero no es lo que más me tienta actualmente. La verdad es que todo lo que me ofrecen no me resulta interesante. No sé, no me veo trabajando de ese modo, con los ritmos de hoy... Pero quién sabe...
De la puerta para adentro
De chica, Valeria soñaba con ser bailarina o escritora. Iba a talleres literarios y estudiaba danza, hasta que en un clase tuvo una revelación. “Había un paso que no nos salía y la profesora llamó a una de las nenas más chiquitas y le dijo: ‘Paloma, mostrales cómo se hace’. Era Paloma Herrera. Me acuerdo de que volví a mi casa y me dije: ‘Ya está, esto no es para mí’. Hay que entender cuando uno tiene talento para algo. Me metí de lleno en el teatro y se me abrió un mundo”, recuerda quien encarnó papeles memorables en largometrajes como Un novio para mi mujer, Viudas, La suerte en tus manos, Vino para robar y Me casé con un boludo. 

–¿Cómo tomaron en tu casa que quisieras ser actriz?
–No se lo tomaron con mucha seriedad. Y fue raro que eso pasara, porque mi mamá es profesora de Bellas Artes y escultora. Por un lado, les encantaba, pero, por el otro, querían que hiciera una carrera en paralelo. Y yo les insistía: “¡Pero esta es la carrera!”. En casa se daban muchas discusiones porque yo actuaba en el Parakultural. Una vez mi papá me fue a ver al Centro Cultural Ricardo Rojas, donde hacía una obra con Vanesa Weinberg, y salió diciendo que, por lo grotesco, parecíamos Olmedo y Porcel. 

– ¿Y lo pudiste convencer?
– A los dos meses salió una crítica excelente en un diario muy prestigioso, a la que le habían puesto de título “Mujeres al borde de un nuevo teatro”. Yo estaba durmiendo cuando me llamó y me dijo entusiasmado: “¿Qué hacés durmiendo con lo que acaba de salir en el diario?”. Me pidió que fuera a su oficina y me esperó con flores. Por lo menos, vio algo que le gustó antes de morir.

– ¿A cuáles de tus personajes les guardás más cariño?
– Al de La reina del miedo y a Elbita, de Gasoleros, porque fue de los primeros trabajos televisivos y, encima, acompañada por China Zorilla. Arrancar con ella fue muy lindo. ¡Lo que nos reíamos! ¡La veía y parecía una nena! Y si no perdés eso, podes actuar que tenés 4 años y te lo creen. Me llenó de anécdotas hermosas de la vida.

–¿Y hay alguno que te pese?
– La “Tana” Ferro me genera una contradicción: la adoro y me divierte, pero, a la vez, es mi mejor pesadilla. Tiene una parte genial que hace que yo misma la vea y me cause gracia, pero tiene otro costado que hace que cuando me subo a un taxi y el chofer me dice: “No te enojes, no te enojes”, le tengo que explicar “No, señor, es un personaje”. Tardás setescientos millones de años en sacarte de encima un papel así. Pero no me quejo, porque se transformó en un clásico, y eso es muy reconfortante. 

–¿Qué cosas te gusta hacer en tu tiempo libre?
– Me gusta mucho estar en mi casa sin hacer nada. En una época tenía un jardín muy grande; ahora me aboco bastante mis balcones, pero sin perder la pasión por las plantas: mis preferidas son las orquídeas y los injertos con cactus. Me la pasaba prendiendo orquídeas a un tronco, a una palmera o a la pared. El jardinero se sorprendía: “Vos esto lo tuviste que haber visto en otro lado porque es tropical”. Y yo le contestaba: “¡Pero si acá ya tenemos un clima casi tropical!”. También me gusta estudiar, ir a clase de lo que sea. Ahora me anoté para aprender inglés.

– ¿Qué te gusta compartir con tus hijos?
– Tanto con Florian, que tiene 22 años, como con Vicente, de 10, me pasa algo muy parecido: me divierto muchísimo. Tienen un gran sentido del humor, son muy graciosos, pero de maneras muy diferentes. Los dos son re músicos y superactores, aunque creo que está pesando más y ganando la veta de Gabi [por Vicentico]. Para mí no hay nada mejor que hacerlos reír. Cuando lo logro, entro como en un estado de sobreexcitación.

– Conviviendo diariamente con tres varones, ¿sos un poco la reina de la casa?
– Por momentos soy la reina; por otros, la esclava de la casa. Me la paso diciéndoles: “Che, hay una chica acá; un poco de delicadeza”. Quizá me paso todo el día mirando fútbol y me pregunto: “¡¿Qué hago?!”, pero hay modo masculino con el que me siento cómoda. Estoy muy acostumbrada a irme de gira con Gabi y nueve varones que tienen más varones... ¡Es como el mundo de los varones!

– ¿Cómo te llevás con el paso del tiempo?
– Lo único que me pasa con respecto a eso es ser consciente de que me queda menos tiempo. Añoro la época en la que uno hacía planes pensando en el futuro, y ese futuro era muy futuro. Tenías toda la vida para gastar. Ahora me pesa saber que no tengo toda la vida, ni me quedan quinientos mil cartuchos por gastar.
La reina del miedo
Se trata de la ópera prima de Valeria Bertuccelli, que tuvo su estreno internacional en la sección World Cinema Dramatic Competition, en el célebre Festival de Cine de Sundance en los Estados Unidos. Allí, la actriz se quedó con la distinción  a la mejor actriz. El filme que escribió y dirigió (y que cuenta con la coproducción de Marcelo Tinelli) se adentra en la historia de Robertina, una exitosa actriz que está a solo un mes de estrenar su esperado unipersonal teatral. Pero en lugar de encarar los preparativos como correspondería para semejante evento, vive evadiendo sus responsabilidades en un estado de ansiedad constante. El elenco lo completan Diego Velázquez, Gabriel Goity, Darío Grandinetti, Mercedes Scapola y Sary López.

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