Personaje


“Estaba aburrido de mí mismo”


Por Silvina Reusmann.


“Estaba aburrido de mí mismo”  

El director de cine Daniel Burman pateó el tablero y se puso al frente de la primera serie argentina de Netflix. Aquí habla de lo que lo conmueve y de la industria televisiva que se viene.

No bien cruza la puerta del bar/boutique cubano de la paquetísima Recoleta porteña, el director Daniel Burman saluda a uno por uno con suma amabilidad, aunque, rápidamente, se aleja con el teléfono para contestar los mensajes que, desde temprano, le caen como cataratas. A simple vista, parece ser de esas personas que exprimen las horas hasta el último minuto.

Le cuesta posar para el fotógrafo, algo que suele ser común entre quienes están acostumbrados a estar detrás de la cámara. Su mirada es seria, concentrada, pero, a medida que transcurre la charla y se acomoda en un silloncito, no tarda en aparecer la sonrisa y los comentarios sobre sus tres hijos y sus proyectos. Entre ellos, Edha, la primera serie original argentina de Netflix, que se podrá disfrutar desde el 16 de marzo. Se trata de un thriller dramático que sigue los pasos de una visionaria diseñadora que convierte a un modelo en el leitmotiv de su línea de moda masculina. Lo que ella no advierte es que él esconde un plan con el 
que pondrá en marcha una sucesión de traiciones que desmoronarán su idilio. 

– Hay algunos temas que se repiten a lo largo de toda tu carrera, pero en esta oportunidad pareces correrte un poco de ellos. ¿Fue a propósito?
– Sí, exactamente. Estaba aburrido de mí mismo. Si uno cumple 40 años y no se aburrió de sí mismo, es sospechoso. Estoy atravesando un presente donde los desafíos y las provocaciones son muy bienvenidos. Cuando surgió esta posibilidad, fui a fondo y quise ahondar en temas que no había transitado antes. Sin embargo, los dilemas morales son los mismos. Esas zonas límites, muy finitas, de donde emergen las tensiones. 

– ¿Cómo es eso? 
– A mí me subyuga todo lo que se da en el marco de la moral y la ética. Por ejemplo, la encrucijada de decidir entre la suerte de tus hijos y la desgracia de los ajenos. Por eso, cuanto más confusa es la zona, más interesante. En Edha se reflexiona sobre la problemática de la producción y el trabajo esclavo, algo que la ficción nacional no se animó a abordar mucho. El mundo de la moda y del diseño también tiene su lado oscuro. 

– De hecho, en la serie aparecen varios de los diseñadores locales más renombrados...
– Todos ellos son muy conscientes del trabajo esclavo, por lo que se sumaron como una manera de reivindicar esta lucha. La moda presenta una paradoja muy atractiva: lo que nos ponemos devela mucho lo que somos, diría que incluso más que nuestra propia desnudez. Evidencia el momento que estamos viviendo, aquello que fuimos. Lo que usamos guarda una conexión muy íntima con el alma y muy fuerte con lo exterior. O sea, tiene una cuota de superficialidad, pero nace de algo muy interno.  

– La alianza con Netflix es algo totalmente inédito en el país. ¿Pudiste elegir el argumento que ibas a desarrollar o fue un pedido de ellos? 
–Primero trabajé con Mario Segade y luego los responsables de Netflix acompañaron el proyecto. Fue un aprendizaje enorme, extraordinario. Lo que intentamos es reflejar nuestros valores e identidad, pero, paralelamente, que el contexto tenga cierta universalidad. Partimos de lo particular para ir a lo general. 

– ¿Y cómo fue ese ida y vuelta? Nosotros tenemos grandes guionistas, pero el formato serie no está muy explotado por estos pagos.
–Trabajamos cinco guionistas, codo a codo con Netflix, durante todo el proceso de escritura. Durante el rodaje ellos tienen menos presencia. El gran input creativo es en la etapa del guion, ya que ni siquiera se metieron tanto en la elección del elenco. Eso es lo bueno de que no nos conozcan tanto: no tienen prejuicios ni preconceptos. Nosotros propusimos actores que acá habrían generado algún tipo de ruido. Cada uno de ellos trajo al set de grabación una herramienta diferente: desde Juanita Viale hasta Osmar Núñez, y de Flavio Mendoza a Pablo Echarri. Armamos un buen equipo creativo, algo que, si bien en el mundo es habitual, en la Argentina es complejo de lograr. En definitiva, las creaciones son hechos colectivos. 

– ¿Es complicado lidiar con los egos de las figuras?
–Aquí todos queremos ser los primeros de la lista; por ende, a veces no es fácil. Pero, en esta ocasión, todos se comprometieron con sus personajes y conformaron un elenco que no solo funcionó, sino que disfruté de principio a fin. El rodaje fue muy largo y extenuante, pero lo pasé bien. Fue un tiempo fascinante. 
Un cambio en la manera de mirar
Para Burman, las series reúnen lo mejor de dos universos: la producción y el relato propios del cine, pero con la chance de poder adentrarse aún más en la psiquis de los personajes involucrados en la trama. “Esta es mi segunda experiencia, después de haber hecho Supermax para Globo de Brasil, pero me había quedado con ganas de más. No hay mucha diferencia entre una serie y una película: tenés una cantidad de páginas para filmar, de historias para contar y de personajes para dirigir. No es muy distinto para un director”, desliza quien se posicionó como uno de los más elogiados representantes del séptimo arte vernáculo, con títulos como Esperando al Mesías, Todas las azafatas van al cielo, El abrazo partido (con el que ganó un Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlín), Derecho de familia, El nido vacío, Dos hermanos, La suerte en tus manos, El misterio de la felicidad o El rey del Once. “Eso sí, las series te permiten pensar todo de otra forma. Son diez episodios de una hora y no un largometraje de una hora y media. Eso es fascinante. De hecho, ¡ahora me parece inconcebible no hacerlo así! Obviamente, voy a volver a hacer cine, pero esta modalidad es impresionante”, completa. 

– Estás al frente de una productora que se integró a un grupo español. ¿Eso que implica?
– ¡Muchos viajes! Hoy, las grandes producciones están más globalizadas. En la Argentina todavía se pueden hacer cosas en forma independiente, pero en el resto del mundo es inviable por una cuestión de costos. No me estoy quejando, es natural: sería algo así como construir un auto exclusivamente para un mercado. Nos guste o no, la economía actual exige ampliarse. Entonces, hacemos productos nacionales pero que se puedan sintonizar en cualquier otro destino. Mirar al mundo.

– ¿Cómo es tu proceso creativo? 
–De mucho trabajo. Diría que es más trabajo que inspiración. Las horas del día no alcanzan...

– ¿A donde querés apuntar? ¿A lo popular o a cierto nicho de público?
–En mi opinión, cuando el arte se disocia de lo masivo para convertirse en elitista, empieza a perder sentido. No solo es cultura lo que se escribe en las revistas literarias.

– ¿Sos exigente como director?
–Me gusta cuando el elenco es multifacético y lo conforman personas que provienen de la danza, el ballet y el teatro, porque tienen otra rigurosidad. Siempre digo que habría que instaurar un correccional para millennials y cuestionar ese fenómeno de querer divertirse todo el tiempo en el trabajo. En mi época, yo esperaba terminar mi jornada laboral para comenzar a entretenerme. Sé que hablo como si perteneciera a otra generación, pero tengo la idea de que, de un instante para otro, el mundo se va a detener ¡porque alguno va a tener que trabajar! Ojo, yo me divierto en mi profesión, pero no llego a la mañana a la oficina con esa sensación. Me gusta sorprenderme cuando eso me pasa. Nos falta un poco más de disciplina. 

–Tampoco hay tolerancia a la frustración…
– ¡Ninguna tolerancia! A mí me preocupa mucho el daño que provocaron las redes sociales, donde la respuesta a casi todo es “Le mandé un mail”. En mi opinión, eso es un poco menos que nada. 

– ¿Esta “comunicación” de la que hablás impacta en cómo se consume la cultura?
– A mí lo que más me entusiasma es lo que no cambia, no lo que cambia. Me debo estar volviendo conservador, pero me gusta que me cuenten un cuento, que los héroes se transformen, que viajen a lugares que no podemos viajar, que se rediman como nosotros no podemos... Esa es la función del relato, es paliativo. 

– Para los chicos todo tiene que ser fragmentado y a cuentagotas. ¿Eso varía la estructura del relato?
– Puede que se esté alterando la narrativa, pero lo que nos emociona es lo mismo. Funciona lo que conmueve, en cualquier sentido. Cuando algo es un fuego de artificio, se cae, no dura. Netflix cambió más el qué ver que el cómo verlo. Antes era importante qué actor, director o productor estaba detrás de una película. En pleno siglo XXI, eso dejó de tener relevancia. Hoy se opta por el relato, y eso es maravilloso porque, al fin y al cabo, es lo esencial. 

– Se alteraron los tiempos de atención, los espectadores ya no tienen tanta paciencia.
– Sí, y eso demanda mayor esfuerzo de nuestra parte. Nos subieron la vara. No obstante, el déficit de atención es discutible, ya que tengo amigos que, en un fin de semana, pueden devorarse cinco temporadas de Game of Thrones. Hoy el interés es mucho más concreto; por eso, se está replanteando la televisión tradicional. La exigencia mutó y eso me parece fantástico. 

– Pero ese fenómeno aún no se trasladó a la televisión abierta…
– No, la grieta es cada vez más grande. Imagino que se tenderá más al vivo, al informativo y a los grandes espectáculos. No hay dudas de que se está enfrentando a un desafío muy delicado. 

– Las telenovelas de más de cien capítulos, con cortes, ¿creés que están agonizando?
– Por un lado podría afirmarlo, pero el melodrama es la base de los mejores contenidos, así que tendría que decir que, en realidad, se está aggiornando. El espíritu de las telenovelas es lo que hace que las mejores historias funcionen.
“Es un director fantástico”
Edha cuenta con un elenco ecléctico, conformado por Juana Viale, Andrés Velencoso, Osmar Núñez, Sofía Castiglione y Daniel Hendler, entre otros. Uno de los nombres fuertes es el de Pablo Echarri, quien encarna a Jáuregui, un hombre dispuesto a todo para cumplir su objetivo de conseguir una silla en la Corte Suprema de Justicia. “Si a mí no me atrae la temática de la propuesta, se me hace muy difícil participar, por más que haya detrás un excelentísimo director o un gran despliegue. Aquí se da que la historia es atractiva, con personajes interesantísimos y, además, aborda un conflicto social”, apunta Echarri. 

Y opina sobre Burman: “Es un director fantástico, con una enorme capacidad de observación global de los contenidos, desde lo artístico y desde lo comercial. La mayoría de los actores y actrices descansamos en su experiencia. Es crucial tener un profesional como él en el mascarón de proa del proyecto”. Echarri no escapa al debate sobre la televisión actual, con tiras brasileñas y turcas que copan la pantalla. “El fenómeno se da porque son novelas muy bien realizadas y con un nivel de inversión del que no gozan las nuestras. La teve local con producción propia va camino a desaparecer. Son necesarios socios estratégicos para absorber los costos. Ojalá Edha sea un punto de inflexión, ya que no hay duda de que las series revolucionaron el mundo audiovisual”.

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