Curiosidades


BIO Dinámicos


Por Andrea Albertano.


BIO Dinámicos
Crece la movida de los vinos biológicos, que no utilizan productos químicos y están regidos por las leyes de la naturaleza.

A simple vista, en una chacra que brilla en tiempos de vendimia, no parece haber diferencia. Varias hileras de vides se elevan con sus ramas hacia el cielo. Álamos resguardan del viento. Hay abejas, mariposas y malezas que se atraviesan entre los surcos. Se respira olor a campo. La tierra goza de buena salud.

Un viñedo cuidado bajo las leyes de la biodinámica busca mantener o mejorar la fertilidad de los suelos sin utilizar productos químicos ni semillas modificadas genéticamente, guiándose por formas de producción basadas en saberes históricos. Este tipo de producción fue ideada en los inicios del siglo XX por el austríaco Rudolf Steiner, discípulo de Nietzsche y de Haeckel, fundador de la Sociedad Antroposófica e inspirador del sistema educativo Waldorf, quien resaltaba el vínculo entre los suelos, las plantas y los animales, considerando que debe sostenerse un sistema en equilibrio y evitar intervenciones externas. “Todo lo que viene de la tierra debe volver a ella después del proceso de producción”, solía manifestar.

Los seguidores de Steiner usan el calendario biodinámico, de carácter astronómico, creado por la alemana Maria Thun, que establece cómo influyen las constelaciones sobre las plantas. “La biodinámica se rige por las fases lunares y la concentración de la energía dentro de la planta. Hay días que se denominan ‘raíz’, en los que la energía se centra allí y no es aconsejable cosechar. En los días ‘nodo’ no se registra energía en el viñedo, por lo que no se hace mucho más que tareas sencillas, como atar los sarmientos”, comenta Guido Malacalza, quien fue enólogo de una bodega patagónica que desarrolla esta técnica.

Thun, nacida en 1922, investigó los efectos de los ciclos en el crecimiento de las hortalizas, y publicó un calendario anual para que los agricultores aprovecharan al máximo la dinámica de los movimientos de los planetas y constelaciones, así como los ritmos y estaciones de la Luna y del Sol.

El respeto por la naturaleza es tal, que ni siquiera fumigan a los mosquitos porque forman parte del ecosistema.  “No se hace uso de ningún producto químico y se elaboran composts propios que se aplican en el viñedo en diversas etapas del año –desliza Malacalza–. La biodinámica es una filosofía; hay que estar abierto a aceptarla. Muchos se ríen porque para hacer esta clase de preparados enterramos cuernos en la tierra para que los microorganismos hagan su trabajo. Es darle dinámica a la vida”.  

La finca Dottenfelderhof, en Alemania, es uno de los mejores ejemplos de biodinámica:?allí viven ochenta personas que se pusieron a estudiar cuántas vacas serían necesarias para fertilizar el suelo. Luego se preguntaron cuánto forraje precisarían para alimentar al ganado y cómo obtenerlo sin tener que comprarlo. Así se estableció una rotación de cultivos de forrajes repartidos en períodos de doce años.
La agricultura del futuro
“Quienes hacen vinos naturales y biodinámicos son los héroes de esta época”, opina el norteamericano Jonathan Nossiter, director de la película Resistencia natural y de Mondovino, un documental que hizo mucho ruido cuando se estrenó en 2004. Allí se tratan los conflictos del universo vitivinícola, la concentración del poder y la estandarización de la industria.

Nossiter visitó la Argentina, en el marco del 7º Encuentro Sudamericano de Viticultura Biodinámica, organizado por la Fundación Demeter y Bodega Chakana. En ese contexto presentó su último filme, donde narra las peripecias de un grupo de viticultores italianos. Así, Giovanna Tiezzi y Stefano Borsa, en su viejo monasterio del siglo XI convertido en una bodega en la paradisíaca Toscana, descubren una forma de cultivar y hacer vino que genera un lazo con su antigua herencia etrusca; Corrado Dottori y Valeria Bochi se escapan de la ciudad de Milán para trabajar en la granja de su abuelo, persiguiendo mayor justicia social; la exbibliotecaria Elena Pantaleoni se desempeña en los viñedos de su padre y se esfuerza por hacer de su finca una realidad utópica, y Stefano Bellotti, un poeta agricultor radical, rompe las reglas en su granja vanguardista en la región montañosa de Piamonte.

“La unión entre cultura y agricultura es fundamental –sentencia Nossiter–. Lo que me emocionó de los actores-agricultores que aparecen en Resistencia natural es la noción de que plantar es un acto cultural. Hasta finales del 1600, la palabra cultura quería decir solo una cosa: ‘trabajar la tierra’”.

La biodinámica no es exclusivamente un modo de producir vino, sino que es una movida internacional con principios profundos y un fuerte componente social. Lo que se propone es un modelo agrícola y de consumo que promueva más conciencia sobre el medio ambiente y el cosmos. En síntesis: lo que se debate es la agricultura del futuro. “Aprendí que la biodinámica es mirar el mundo en 360º, es sentirnos más sensibles hacia todo aquello que nos rodea. Es un boom que no deja de lado la cuestión económica: en la actualidad se contabilizan más de quinientos productores en Italia y aún más en Francia. Japón tiene decenas de importadores que se enfocan solo en vinos orgánicos y naturales –dice Nossiter–. Se trata de una revolución pacífica, que intenta acabar con el uso criminal de los agroquímicos. Resistencia natural está en consonancia con esto: es una fermentación espontánea, un gesto de humanismo por parte de los campesinos”.
Y por casa... 
¿Cuál es la situación en la Argentina respecto a la biodinámica? Juan Pelizzatti, socio fundador de Chakana, diagnostica: “Nuestro país construyó un sistema agrícola comprometidísimo con la agricultura convencional y el uso de agroquímicos. Los esfuerzos para una agricultura natural son muy aislados, por lo que ansiamos que el 7º Encuentro Sudamericano de Viticultura Biodinámica sea un punto de partida. Lo que quisimos hacer con este evento es revelar que hay productores que tenemos otra visión de la agricultura y queremos hacer algo diferente. El sistema agrícola nacional está completamente orientado a una agricultura en manos de pocos y con una caída persistente de poblaciones y hábitos rurales”.

Radicado en Roma, y premiado en los festivales de Sundance y de Berlín, Nossiter asegura que la Argentina es el país más importante de América si se trata de dar a luz a vinos de calidad. “La propuesta de los productores biodinámicos, orgánicos y naturales es el amor, porque es hacer de la relación con la naturaleza una fiesta. Hay que esperar que esta resistencia crezca en la Argentina. Hay que darle prioridad a lo esencialmente valioso: la tierra, el futuro, la vida”, concluye.
¿Quién es Jonathan Nossiter?
Dirigió seis largometrajes, entre ellos Sunday (ganador del Sundance Festival en la sección Ficción) y Mondovino (uno de los tres documentales nominados en toda la historia del Festival de Cannes). Su última película, Resistencia natural, fue estrenada en el Festival de Cine de Berlín y distribuida en Francia, Italia, el Reino Unido y los Estados Unidos, entre otros destinos. Quien está preparando el largometraje Last Words estudió pintura en la École des Beaux-Arts de París y en el Instituto de Arte de San Francisco y el Greco Antiguo del Dartmouth College. Fue asistente del director Adrian Lyne en Atracción fatal, amén de ser un sommelier entrenado que elaboró la carta de vinos para restaurantes de Nueva York, París y Río de Janeiro. También escribió el libro Insurrección cultural. 

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