Viaje


Microclima merlino


Por Federico Svec.


Microclima merlino
En Villa de Merlo, provincia de San Luis, se respira un aire especial que llena el espíritu de energía para recorrer sus circuitos deportivos y gastronómicos.

Habíamos arribado a Villa de Merlo, en la provincia de San Luis, para experimentar dos nuevas propuestas: una está vinculada al turismo activo; la otra consiste en recorrer las rutas gastronómicas locales, que le dan un toque moderno y refinado a los itinerarios tradicionales.

Villa de Merlo se ubica en el extremo noreste de San Luis, en el límite con Córdoba, y descansa sobre el faldeo de las Sierras de los Comechingones, el pueblo originario que alguna vez habitó esta geografía puntana. Lo primero que hicimos para sacarnos las tensiones del viaje fue salir a pedalear un poco por Piedra Blanca Arriba, un pueblo de estilo colonial, con edificaciones de principios del siglo XX. Lo hicimos junto a Mario Scardapane, un aficionado al ciclismo, dueño de Merlín, una pintoresca casa de té, pionera en la zona. El camino de ripio era en subida, pero no representó ningún esfuerzo. Esto nos sorprendió porque, si bien las mountain bikes eran muy buenas, no estábamos particularmente entrenados… ¿Qué era lo que nos daba esa inusual energía? ¿Acaso había algo en aire que respirábamos? Fue en ese instante cuando comprobamos los beneficios de un fenómeno singular que se da por estos lares y que se conoce como “microclima merlino”.

Existen numerosos factores para explicar esta cualidad en el ambiente: entre ellos se destaca la presencia en las sierras del granito anfibol, que contiene uranio y torio. Por la desintegración natural de este granito, se gestan procesos de ionización y ozonización. Sin entrar en demasiados tecnicismos, la atmósfera cuenta con proporciones de ozono más altas que las normales: y sí, Villa de Merlo es una de las regiones del mundo que tiene mayor porcentaje de ionización negativa, lo que se traduce en un efecto energizante y estimulante en el ser humano. Como si esto fuese poco, cuando se desintegra el granito anfibol y se unifica con la atmósfera, se desprende nitrógeno, que, al contacto con el oxígeno, produce oxido nitroso. Su inhalación da una sensación de bienestar. A la radioactividad natural de las sierras merlinas, se suman condiciones climáticas ideales, del tipo mediterráneo seco (anualmente, la temperatura media es de 20 oC, el sol brilla más de trescientos días y el régimen de lluvias es de solo unos seiscientos milímetros).

Así es como, con el espíritu recargado, aquí uno puede disfrutar caminando, corriendo, andando en bici o practicando cualquier otra actividad deportiva. Y como todo tiene que ver con todo, a mayor desgaste físico, mayor es el apetito para deleitarnos con los manjares que preparan por estos pagos. Pero vamos por partes… 
Estamos activos
Los amantes del trekking no pueden perderse los saltos y cascadas con telones de fondo paradisíacos. En Pasos Malos, a 1250 metros de altura, hay un bosque de molles con senderos para bajar a un arroyo. La Cascada Escondida y Rincón del Este son excelentes opciones, y remontando el arroyo El Molino se puede abordar el famoso Salto del Tabaquillo. Otra alternativa es hacer una salida más larga para meterse en el corazón de las sierras, pisar  Córdoba y maravillarnos con el Salto del Tigre. 

En Villa Elena, a casi 20 kilómetros de Merlo, impacta una quebrada con arroyos de piedras rosadas, hermosos saltos, ollas multicolores, y un bosque de molles, cocos y vegetación autóctona.

Los caminantes no deberían dejar de visitar la Reserva Natural Provincial Mogote Bayo, el Parque Provincial Bajo de Veliz, el Parque Provincial Papagayos o el Parque Nacional Sierra de las Quijadas. Los que prefieren la mountain bike pueden hacer el Camino del Filo, o tomar la ruta 1 hasta el kilómetro 25, donde está el dique Piscu Yaco. Y los más adrenalínicos pueden pasar por Palo Alto, que tiene un parque aéreo con tirolesa, slackline, puentes colgantes y muro de escalada. Otra alternativa es subirse a cuatriciclos 4x4 en el Camino del Filo, o hacer parapente en Carpintería, al pie de la Sierra de los Comechingones y a 7 kilómetros de Villa de Merlo (con pistas de despegue que están a unos 1700 metros sobre el nivel del mar).

A los fans del agua les recomendamos el Club Náutico Piscu Yaco, para alquilar kayaks, hidropedales y tablas de stand up paddle, anotarse en cursos de canotaje y windsuf, y tirarse por un tobogán acuático diseñado para chicos… del que también disfrutan los grandes. 

Olorcitos cautivantes
Hay que emprender el camino de Circuito Chico para toparse con Pasos Malos y descubrir un sitio emblemático dentro de la Ruta Gastronómica del Chivito. Se trata del restaurante No Tire Godoy (ese nombre también lo llevan una bodega local y una línea de productos gourmet). La curiosidad es que abre sus puertas solo de día debido a que la red de energía no llega hasta lo alto de las sierras, por lo que tienen que generar electricidad propia (por ejemplo, con paneles solares). 

Aquí, la especialidad es el chivito, que se prepara de diferentes maneras. Una gran construcción separada del restaurante es el territorio de Lucas Meleiro, quien nos reveló los pasos para conseguir sus exquisitos chivitos al asador: desde la selección de la leña, pasando por como se van rotando los chivitos sobre el fuego, hasta los condimentos de la carne, que incluyen hierbas de la huerta propia, como romero, tomillo, menta, melisa, orégano y salvia. 

En la cocina del restaurante, el chef Brian Ianini nos tienta con unas empanadas gigantes que se sirven como entrada, con una masa frita seca y crujiente, y un relleno de chivito cortado a cuchillo, para chuparse los dedos. Además, se nos hace agua la boca con el gigot: una pata de cordero rellena, acompañada de una guarnición de tomates confitados, papas rústicas y cebolla caramelizada al malbec.  

Siguiendo el Circuito Chico aterrizamos en Piedra Blanca; más precisamente, en Merlín. Allí hay té para todos los gustos: verde, con naranja y jengibre, con arándanos, con frutos rojos, de coco, jazmín, menta, chocolate y naranja.    

La Avenida del Sol es una arteria en donde La Lomitería convierte sus sándwiches de lomito en platos gourmet (por sabor y presentación).Y El Tono tiene una decoración temática relacionada con la vida y obra del poeta argentino Antonio Esteban Agüero (1917-1970). Dos consejos: pedir las empanadas o los tamales, y asistir de noche para ser parte de las peñas folclóricas.   

Respecto a lo vitivinícola, la bodega No Tire Godoy produce un chardonnay-sauvignon blanc y un merlot roble, con viñedos en Las Tapias y Los Hornillos. Está la bodega y finca Las Breas en Circuito Las Tapias, y Viñas Puntanas, en el camino a Bajo de Véliz.  
El árbol de los Agüero
Para el final, otra visita impostergable, donde se entrelazan naturaleza y cultura. Al tomar el Circuito Chico, se yergue el Algarrobo Abuelo, un árbol imponente, que ostenta más de mil años de antigüedad. Pertenece a la especie Prosopis chilensis, una variedad de algarrobo blanco. Hace unos 280 años se transformó en un tesoro preciado para los Agüero, una familia de origen hispánico. De hecho, inspiró al poeta Antonio Esteban Agüero, quien le escribió la “Cantata del Abuelo Algarrobo”.

Apreciarlo es mucho más que una linda salida: es una excusa perfecta para conversar con su último dueño y sobrino del poeta. Filósofo, profesor universitario de arte, artista plástico, montañista, piloto de avión, minero, buscador de oro… Todo eso fue (y es) Vicente Orlando Agüero Adaro. La charla, regada con alguna que otra copita, excede la historia del célebre árbol. Navegante de alta mar, nos confiesa que está armando un velero para ir al Caribe y luego conquistar los siete mares. Un personaje encantador para cerrar una travesía fascinante.
Yucat
No hay que dejar de pasear por este parque temático por demás especial. La experiencia muestra una gran fidelidad histórica, y es tan didáctica como divertida. La misión de Yucat es que sus visitantes se trasladen en el tiempo a un pueblo comechingón, recorriéndolo como si estuviesen realmente en el siglo XVI, alrededor del año 1550. El parque temático está recreado a tamaño real, usando materiales de la época. Las escenografías reproducen distintos aspectos de la vida de una etnia aborigen que habitaba parte de Córdoba y San Luis cuando llegaron los conquistadores. En la última estación, antes de la despedida y con los atuendos acordes, se aprende a tirar con arco y flecha, y hasta se organiza un concurso de puntería.

nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte