Entrevista


“Soy apasionado, no ambicioso”


Por Juan Martínez.


“Soy apasionado, no ambicioso” 
Hace más de tres décadas que Hernán Cattaneo se mantiene en las grandes ligas de la música electrónica. Ahora le llegó la consagración: ofrecerá cuatro shows en el mismísimo teatro Colón.

Tiene más de cien presentaciones alrededor del mundo, lo que implica subirse, en promedio, a unos doscientos aviones por año. Entre uno que lo acaba de traer de México y otro que lo llevará a Brasil (como escala de Emiratos Árabes, que a su vez es otra escala para poder llegar a Indonesia), Hernán Cattaneo atiende sin proyectar la sensación de vértigo y apresuramiento que se podría imaginar en una vida itinerante como la suya.

Hace dos años que su base de operaciones volvió a ser Buenos Aires, luego de quince años viviendo en el Viejo Continente (cinco en Londres y diez en Barcelona). ¿El motivo? Sus tres hijas: “Los argentinos somos muy apegados a lo nuestro. Mi mujer y yo sentíamos que las chicas debían estar rodeadas del cariño de su familia, de sus tíos, de sus amigos. En Europa las relaciones son mucho más frías, no son muy demostrativos. Y yo soy un convencido de que los chicos necesitan sentirse queridos; todo lo demás se aprende”, asegura quien está a punto de lograr un hito: que un DJ se presente en el mismísimo Teatro Colón.

Su pasión por la música electrónica arrancó a sus 12 años: el flechazo fue tan intenso que, cuatro décadas más tarde, sigue zambulléndose en un mar creciente de sonidos que incluye en su podcast (hace años que lleva adelante Resident) y en sus shows. La profesión se volvió rápidamente una obsesión: quiso dejar el colegio para centrarse en ella (“Por suerte, mi papá logró convencerme de terminar la secundaria, y a cambio me regaló dos bandejas”); comenzó a trabajar en fiestas de 15, casamientos y boliches; fue kiosquero y hasta vendió un auto para comprarse más discos. “Permanentemente, los DJ queremos adquirir más y más música. Cualquier DJ old school, como Carlos Alfonsín, Javier Zuker, Alejandro Pont Lezica o Rafael Sarmiento, tiene habitaciones repletas de vinilos. No querés ropa ni otra cosa: así es el fanatismo”, dice quien lleva editados once álbumes y no se despega ni un segundo de su laptop de dos terabytes. 

Mientras transcurre la conversación, podemos confirmar que este hombre de 52 años que pasa música en los boliches, clubes, estadios y festivales más prestigiosos del planeta no es precisamente un amante de la noche, sino un melómano empedernido. “La música electrónica tiene una dinámica especial: todos los días salen cosas nuevas. Hay que estar permanentemente informado. Creo que eso es lo que la vuelve tan interesante. Es demandante, pero es lo que me gusta. Si un set mío tiene cuarenta o cincuenta canciones, en cada show estreno diez o quince que nunca había hecho. Eso hace que nunca te aburras”, desliza.

–¿La tecnología y la mayor disponibilidad de música y de herramientas para combinarla hizo que pasaras de ser un investigador a convertirte en un curador de contenido?
–En buena parte, sí. Hace veinticinco o treinta años, los DJ usábamos discos de vinilo. Tener uno editado implicaba un proceso muy complejo: tenías que hacer música en un estudio, tocar instrumentos, conseguir un sello, mandarlo a prensar, probarlo, fabricarlo y distribuirlo. Hoy un vecino me pasa un tema por mail y al otro día lo pongo a sonar en Yakarta. Así de simple. Diariamente recibo en mi correo trescientas canciones inéditas y gratis. Se dio vuelta el problema: antes había escasez, hoy estamos inundados. El trabajo ahora es separar la paja del trigo. 

Pese a la invitación de Paul Oakenfold para que lo acompañara durante una de sus giras, Cattaneo nunca imaginó que su carrera despegaría y tomaría vuelo internacional. Sencillamente, porque no era algo que pasara con frecuencia en ese ámbito. Además, en un par de ocasiones había dejado pasar el tren, como cuando le dijeron que fuera a poner música en un boliche donde estaría Madonna (no lo creyó y se fue a ver una película al cine) o cuando se quedó dormido en la previa de su primer gran show en París y bajó de la habitación del hotel una hora más tarde de lo previsto. “La verdad es que fui muy afortunado, ya que tuve varios de esos momentos de los que pienso: ‘Si no hubiera estado ahí, hoy no estaría acá’, como cuando abrí el show de Oakenfold. ¿Qué habría sido de mí sin esa gran oportunidad? Considero que en esto hay un porcentaje de talento, que no pasa casi nunca del cincuenta por ciento, y después hay mucho de trabajo y dedicación, y un poco de suerte”, sostiene.
Al Colón
La cita con el teatro argentino por excelencia se da en el marco del Festival Únicos, un evento que reúne a figuras populares que no suelen formar parte de la programación habitual y que tendrán el privilegio de pararse en semejante escenario. Cattaneo será uno de ellos y su éxito en las boleterías fue rotundo: a la única función que estaba prevista, se le sumaron tres. “Lo del Colón es algo que nadie imaginó. En los últimos veinte años, fui cumpliendo casi todo aquello que veía que les pasaba a otros DJ: tocar en tal sitio, que te den un premio, llenar un estadio... Me ocurrieron cosas sin haberlas buscado. Yo soy cabeza dura, apasionado, pero no ambicioso. El crecimiento fue paulatino”, afirma.

–Causó sorpresa el anuncio de tu presencia en el Colón. 
–Todo el proceso previo fue muy largo, y hubo altibajos, ya que no resultó tan fácil. Había que derribar muchas barreras de preconceptos, que son totalmente entendibles. Al principio, a muchos les pareció una locura la movida... ¡se imaginaron una fiesta electrónica! Después fuimos contando y mostrando de qué se trataba. Pero esa reticencia inicial la comprendí y la tomé como algo folclórico.

–Se habló mucho de los decibeles…
–Sí, pero se habla sin saber. A nosotros nos dijeron cuántos decibeles podíamos alcanzar y con eso basta. Obvio, para hacer este show tenemos que respetar al pie de la letra y a rajatabla un montón de requerimientos del teatro, ¡pero estamos felices de cumplirlos! Este es un concierto para escuchar, con la gente sentada. El formato es como si fuera un unplugged, no hay un kick fuerte (N. de la R.: el clásico “punchi punchi”) todo el tiempo. Lo que hacemos es secundar a la orquesta sinfónica con una parte rítmica y electrónica de efectos y texturas que no pueden reproducir. 

–Dijiste que vas a ser más director técnico que jugador. 
–Sí, porque no es un show de un DJ, sino un concierto sinfónico. Yo estoy como arquitecto de la obra: soy el que tuvo la idea de la presentación, el que eligió la música y la programación, dónde va cada cosa y cómo suena tal otra, pero no soy el que interpreta todo eso. Hay una orquesta de cincuenta músicos, un director de orquesta y músicos invitados, como Zuker o Mercurio.

–¿Qué nivel de ansiedad tenés?
–Alta, porque es algo que nunca hicimos y porque la respuesta del público estuvo por encima de lo que esperábamos. Eso es un espaldarazo, porque te apoyan sin saber lo que van a ver. Te colma de felicidad, pero también de una responsabilidad enorme. Ahora hay que devolverle la confianza a toda esa gente que compró la entrada.
Mezclando temas
De que no tiene ni un solo casillero vacío en su agenda para despuntar un hobby, de la agencia que lo maneja en Inglaterra (donde comparte espacio con David Guetta), de su rutina en la antesala de los shows (“Duermo una siesta de un par de horas porque hago sets de no menos de cuatro o seis horas y me gusta sentirme bien”), de que puede concentrarse mucho más en ocho horas de vuelo a Nueva York que en tres días en su casa, o de que no asume compromisos en los cumpleaños de sus hijas. Cattaneo salta de un tema a otro sin pausa ni prisa. Y, aunque no hace falta aclararlo, no esquiva ninguna polémica. 

–Se suele asociar a las raves con ambientes en donde hay vía libre para los excesos...  
–Yo no tomo alcohol ni consumo drogas; ni siquiera fumo. Nada. Suena más raro de lo que es. La mayoría de los DJ que son top se cuidan muchísimo porque es la única forma de aguantar el ritmo. De chico tuve una desgracia que terminó resultándome positiva: algunos chicos de mi barrio quedaron bastante mal a causa de las drogas. Eso me shockeó muchísimo. Entonces, a la edad en la que podría haberme sumergido en ese universo, yo no quería saber nada. Cuando empecé a trabajar en la noche, no quería salir de la cabina porque me asustaba todo. Estaba ahí porque ahí se escuchaba la música que a mí me encantaba, no porque me gustara el entorno. Es como ir a la cancha de fútbol y no identificarse con el comportamiento de la hinchada.

–¿Los DJ tocan o pasan música?
–Esa disyuntiva es un malentendido que nadie se encargó de explicar como corresponde. Se dice “tocar” porque remite a la frase en inglés “play a song”, pero no significa “tocar una canción”. No se toca un disco de la misma forma en que un músico toca la guitarra, para lo que tuvo que estudiar años en la escuela o en un conservatorio. Ningún DJ serio se quiere hacer pasar por músico. Yo no soy músico, sino DJ. Muchas veces hubo músicos que sintieron que nosotros nos queríamos hacer pasar por ellos. Pero no hace falta ser músico para poner música con discos, vinilos, computadoras o como tengas ganas.  

–¿Qué se viene a futuro, Hernán?
–No lo sé, porque nunca pensé que esta carrera podría durar todo lo que se extendió. Matías Martin siempre me pregunta cuántos años más me quedan en la profesión y yo le contesto “cinco más”. ¡Y ya pasaron cuatro veces esos cinco años! (risas). No tengo nada planeado, no hay mucha jurisprudencia en esto. Si bien hay algunos DJ mayores, no hay ninguno que se haya tenido que retirar por la edad. A mí lo que me mueve es que sigo viendo gente alrededor del mundo a la que le gusta lo que hago. El día que tenga que remarla para hacer que el público baile, me vuelvo a mi casa. Esto no es un concurso de popularidad ni estoy tratando de convencer a nadie de nada. Sí fantaseo con hacer un programa de radio con invitados para debatir sobre música e intercambiar información. Sería nocturno, tranquilo, sin presión por el rating. Supongo que haría eso. Y sería muy feliz.
Dance sinfónico
Más de treinta años de trayectoria como DJ, once álbumes, treinta singles y cincuenta remixes conforman su legado con un toque personal único y poderoso que lo convirtió en el padre fundador de la escena underground house. “Estoy extremadamente feliz de poder anunciar Connected, un concierto sinfónico de música electrónica en el Teatro Colón. Es un privilegio enorme poder llevar a cabo este espectáculo en una de las salas más emblemáticas e importantes del mundo, junto a una orquesta de cincuenta músicos y la participación de grandes artistas invitados”, adelanta quien se mantuvo durante dos años seguidos en el Top 10 de los mejores 100 DJ, y suele presentarse en los festivales más renombrados, como Tomorrowland y Coachella. Las citas están programadas para el 22, 23 y 26 de febrero, a las 19.00; el 22 hay otra función, a las 22.00.

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