Entrevista


Actuar es exorcizante


Por Juan Martínez.


“Actuar es exorcizante”
El talento de Julieta Zylberberg se impone en la nueva TV: protagonizará una sitcom y dos series, una para Netflix y otra con producción brasileña. Lúdica y desenfadada, también reaparecerá en la pantalla grande.

Con un talento que evidenció desde chica, Julieta Zylberberg elude etiquetas y encasillamientos. Versátil, sus personajes transitan distintos formatos y géneros con similar fluidez. Ya sea que protagonice una comedia en el prime time televisivo o un drama de cine independiente, siempre quedarán al descubierto sus cualidades como actriz. 

“Cada experiencia tiene lo suyo: lo pasé muy bien en cine, donde tenés más tiempo para preparar el producto final, así como en programas de televisión, que son algo muy deportivo, con muchas escenas por día, en un ambiente más agitado. Hacer cinco tiras seguidas puede ser enajenante, así que está bueno que surjan cosas más tranquilas para ir variando”, confiesa la actriz de 34 años, con un presente colmado de proyectos a nivel nacional e internacional. “Ya tengo años de profesión, por lo que soy bastante intuitiva con respecto a los trabajos: me doy cuenta de si son para mí, por dónde tengo que abordarlos, cuál es el tono. Estoy bastante afilada con eso: me vibra algo interno o no me vibra, y, en general, la pego de movida. A la vez, analizo bien los tiempos porque hoy mi prioridad es mi hijo”.

Julieta integró la troupe variopinta y genial de niños prodigio que, con Mex Urtizberea y Nora Moseinco como directores de orquesta, hicieron posible Magazine For Fai, histórico envío de la pantalla chica nacional. A los 8 años, y extasiada por el despliegue que demostraba Juana Molina en Juana y sus hermanas, se había anotado junto a una amiga en el taller de teatro de Moseinco, quien, un par de años después, la sumó a aquel semillero de actores y actrices. 

–Cuando ves Magazine For Fai, ¿te reconocés?
–Sí, absolutamente. El lugar donde das los primeros pasos te sella, te marca si eso puede convertirse en algo a largo plazo o no. En mi caso, se dio todo de una manera muy ascendente, natural y armónica. Al principio trabajaba solo los fines de semana. Recién se transformó en algo diario en el quinto año de la secundaria, y por las noches. Siempre lo hice responsablemente, pero porque así era con el colegio también. No me perdí nada por esta profesión.

– ¿Al comienzo era más un juego?
–Siempre es un juego. No lo concibo de otra forma. Es un trabajo, sí, pero con el que tengo muy buena relación. Lo vinculo a algo placentero. Hay empleos que podés encararlos más automáticamente. Este no: la faceta lúdica tiene que predominar por sobre todo. 

– ¿Y por qué te resulta tan placentero?
–Sé que para alguien puede ser una pesadilla estar frente a una cámara, pero a mí me encanta porque podés probar ser o vivir de otro modo. Requiere un grado de imaginación que intento trasladar a mi vida todos los días.  

En los últimos años, Julieta profundizó su presencia en el cine gracias a La mirada invisible (su papel le valió un premio Cóndor de Plata), Extraños en la noche, Relatos salvajes, Mi amiga del parque, El 5 de Talleres y El rey del Once. En tele, deslumbró en Condicionados, Farsantes, Guapas, Psiconautas, Loco x vos y El jardín de bronce, entre otros programas. El caudal de trabajo la llevó a dejar de estudiar teatro a los 20 años; no obstante, asegura que utiliza cada oportunidad laboral como un espacio de exploración. “Soy muy observadora. Me divierte mirar las reacciones de las personas, y me las agendo para usarlas en algún momento. Eso rompe con cierta mecanización que se da al leer un guion y decir: ‘Bueno, acá se llora’. Intento hacerme un archivo emocional y de respuestas que veo en otros o hasta en mí misma, para luego ponerlo en práctica. Si me automatizo, me aburro; y si me aburro, esto se termina. Cuando te aburrís, no sos más buena actriz”, sentencia.

– ¿Y qué es ser buena actriz?   
–Es muy subjetivo. En mí es un concepto que va cambiando. Como espectadora, hay épocas en que admiro unas cosas y épocas en que admiro otras. Tuve una etapa en la que me llamaban la atención el histrionismo y las cualidades físicas y vocales. Ahora prefiero aquello que me genere empatía, que me conmueva. Busco algo más franco.

– ¿Por qué personaje guardás un cariño especial?
–Por el de la película Mi amiga del parque. Le puse mucho corazón. Fue un proyecto muy de amistad con Ana Katz, su directora. Me encantaba el tema, la relación con la maternidad. Yo misma lo estaba viviendo y lo tenía muy fresco.

Madre de Luis Ernesto, fruto de una relación de diez años con el actor Esteban Lamothe, Julieta confiesa que no hay nada más reconfortante que la crianza de su pequeño: “Me encanta jugar con él. Es fascinante. Está oscilando constantemente: de un día para otro pasa de decir que quiere volver a ser bebé a que tiene ganas de ser adulto. Es muy poeta, reflexivo, curioso. ¡Y me pone a prueba todo el tiempo!”.

–El crecimiento de los hijos es sinónimo del paso del tiempo. ¿Te pone nostálgica aquello que ya no vuelve? 
–Sí, pero trato de ir en contra de la melancolía, porque me parece el peor sentimiento del mundo. No tiene remedio, así que no me hago mucho rollo. Por supuesto, veo cosas de Luis de cuando era bebé y me muero de amor, pero su actualidad es espectacular y la disfruto un montón. 

– ¿Te pusiste maniática o temerosa con la maternidad?
–Cualquier peligro que adviertas cerca y que pueda acechar a tu hijo es la peor pesadilla. Cualquier suceso que tenga que ver con esa personita te va a determinar la vida: esa es la paternidad. Pero hay que combatir los pánicos para que no te terminen dominando. Por ejemplo, yo manejo mucho, y siempre salía a la ruta, pero cuando Luis era más chiquito, no lo quise hacer más. Y me obligué a superarlo. Hice un viaje de seis horas con él, una amiga y su hija. Hay que romper con cualquier miedo apenas aparece.
Las dos caras de la moneda
Pinta muy bien este 2018 para Julieta. No solo reeditará la dupla con Juan Minujín en la segunda temporada de la sitcom vernácula Loco x vos, sino que será una de las protagonistas de Edha, la primera serie argentina producida por Netflix, con dirección de Daniel Burman (El abrazo partido, El misterio de la felicidad). Como si fuera poco, fue convocada para ser parte del elenco de Ouro branco, una producción brasileña basada en la guerra de los años noventa entre los carteles de Río de Janeiro. Por último, aguarda el estreno del largometraje All inclusive, una comedia que encabeza con Mike Amigorena, Marina Bellati y Alan Sabbagh.

Encarar apuestas tan diferentes entre sí no es una preocupación para alguien que tiene muy en claro dónde empieza la realidad y dónde lo que surge de cada libreto. “Para mí es inevitable que persona y personaje se influyan mutuamente. Siempre está todo muy combinado. Es un hilo muy delgado –sostiene–. Si bien encarno papeles que nada tienen que ver conmigo, me parece que cuanta más verdad le pongo, mejor me sale. Cuando hago una escena de amor o de riesgo, tengo que sentir eso que está pasando. Uno sale y entra continuamente. La ficción tiene parte de verdad, porque le ponés el cuerpo, y parte de buscar algo que no es, pero que tiene que suceder y transmitirse en la pantalla”.   

– ¿Te sirve para purgar emociones?
–Sí, actuar es muy exorcizante. No al nivel de estar triste y liberarte. No es tan literal. Pero pasa algo inexplicable. Por ejemplo, cuando estoy enferma actúo muy bien. Estás con el cuerpo tan dolorido y entregado, con tan poca conciencia, porque estás arrasada por el malestar, que te dejás llevar como pocas veces. Es como entrar al set sin escudo y que te entren todas las flechas. 

–En las tiras televisivas esto cuesta más... 
–Y, sí, porque la vorágine es tan grande que todo es instantáneo. Pero cuando hay más tiempo, me concentro para tratar de estar más emparentada con la emoción que requiere la escena. Si es medio bajón, necesitás estar low, más blandita. De cualquier forma, la televisión te da un entrenamiento increíble. Contrariamente a lo que se suele suponer, no es para cualquiera. Tiene una altísima dificultad. Y aunque grabes treinta escenas diarias, se pueden lograr cosas muy interesantes. 
Talón de Aquiles
¿Qué sería un mal día de trabajo para Julieta Zylberberg Tentarse por demás. “Yo soy muy de reírme y hay días en los que se me dificulta la concentración. Entonces, todos se ponen más nerviosos porque no cumplimos el plan de rodaje. Cada minuto en cualquier producción de cine y televisión significa mucho dinero. Para mí, la tentación es casi como una enfermedad”, define. Y continúa: “Obvio que en una comedia hay más lugar para hacer chistes y divertirse, pero a mí me pasa con proyectos más dramáticos. Es como que empiezo a mirar toda la farsa que hay alrededor de una escena. Me acuerdo de que en La mirada invisible tenía escenas tremendas con Osmar Núñez. 

El día que las grabamos hacía mucho calor, pero el filme estaba ambientado en invierno. Entonces, él me decía cosas feísimas, y yo lloraba. No se me ocurrió mejor idea que bajar la mirada y ver que estaba vestido de traje, pero en chancletas. No aguanté la risa y tuve que salir del set. ¡Era insostenible!”.

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