entrevista


“Todo ocurre por algo”


Por Aníbal Vattuone.


“Todo ocurre por algo”
Viajamos a México para conocer en profundidad a Daisy Ridley, la protagonista de la nueva trilogía de Star Wars. La actriz británica, una de las grandes promesas de Hollywood, confiesa cómo es detrás de cámaras.

Hace poco tiempo, en un país lejano...

Afuera, el Paseo de la Reforma retoma su ritmo habitual luego del feriado en el que se conmemoró la Revolución mexicana. Adentro, en el segundo piso de uno de los hoteles más glamorosos de Ciudad de México (no más llamada DF), una taza humeante transporta un hilo blanco hacia el techo. El té está por la mitad: el dato sería uno más si no fuera porque en el barrio  de Westminster, en su Londres natal, serían exactamente las cinco de la tarde. Por eso, la tradición no podría ser más exacta y apropiada. 

A centímetros de la infusión, se acomoda ella, que no se esconde, pero tampoco se esfuerza en mostrarse. Sencillez: esa es la palabra que bien podría definir a Daisy Jazz Isobel Ridley, más conocida como Daisy Ridley. Figura central de la flamante trilogía de Star Wars, esta actriz británica de 25 años se ganó su lugar en el universo hollywoodense al deslumbrar al público y a la crítica especializada en el Episodio VII: El despertar de la Fuerza. Siempre en el papel de la valiente e intrépida Rey, se espera que hago lo propio cuando, en un puñado de días, se estrene en nuestro país Episodio VIII: Los últimos Jedi.

Daisy, que esboza una cálida sonrisa de bienvenida y tiende la mano para presentarse, está vestida completamente de negro y luce unos zapatos con altísimas plataformas que disimulan su menuda silueta. Viene de largas y ajetreadas jornadas: la proximidad de la nueva película hace que los compromisos se multipliquen y escaseen los casilleros vacíos en su agenda. Por eso es inevitable que se nos cruce por la mente una frase que se repite, una y otra vez, en los filmes: “Tengo un mal presentimiento sobre esto”. Pero su ánimo echa por tierra cualquier atisbo de malestar. Afable y carismática, se muestra cordial y predispuesta a entregar respuestas espontáneas y honestas.

– ¿Qué se siente al ser la gran protagonista de semejante tanque cinematográfico?
–En Star Wars todos tienen un rol relevante. Eso es maravilloso: sentir que un conjunto de personas trabajan codo a codo para que el proyecto vaya cada vez mejor. ¡Es hermoso! Mirá, mirá, somos un grupo…

Daisy señala el afiche que cuelga frente a nosotros, en el que se promociona la continuación de la saga. Y pese a la innumerable cantidad de entrevistas que pudo haber ofrecido sobre el tema, todavía se la advierte emocionada. Eso sí, la responsabilidad no le quita un ápice de frescura. A los pocos segundos de iniciada la charla, se recuesta sobre el apoyabrazos de un sillón, y estira sus piernas, enfundadas en un pantalón, hasta el otro apoyabrazos. Está cómoda, suelta, nada distante, cero celebrity.

– ¿Qué te pasa cuando te ves en la pantalla? ¿Solés ser  muy crítica de tu trabajo?
–Absolutamente… ¡Es espantoso verme! Es más, la primera vez ni siquiera pude decir que estaba mal... ¡lo hice terrible! Probablemente, a nadie le guste mirarse, o a lo mejor a unos pocos sí. Yo me propuse tratar de pensar y analizar menos las cosas, y concentrarme solo en cumplir con  mi función. Obvio, estoy más relajada que en Episodio VII, pero para mí esto sigue siendo una tarea muy difícil.

– ¿Qué tiene Rey de Daisy?
– ¡Las dos somos tercas! (risas). Ambas somos de ayudar bastante a los demás. Rey lucha las batallas que son justas para el universo… Y yo también. Pero tenemos nuestras diferencias: ella es más educada, más políticamente correcta.

Llama la atención su declaración, porque a Rey se la nota rebelde hasta la médula, y a Daisy respetuosa hasta la exageración. Y los que la acompañan agregan dos cualidades más: madura y talentosa. Seguramente, ese combo es el que la está haciendo gozar de un presente arrollador, que se está extendiendo más allá de los límites de la creación de George Lucas. De hecho, está rodando junto a Tom Holland (sí, el último Hombre Araña) la saga literaria de Patrick Ness: Chaos Walking. Y fue parte del superelenco de Asesinato en el Expreso de Oriente, largometraje basado en la novela de la prolífica Agatha Christie, dirigido y protagonizado por Kenneth Branagh, quien encarna al notable inspector belga Hércules Poirot. Allí, Daisy es Mary Debenham. Lejos de los Stormtroopers, BB-8 y el Halcón Milenario, se la aprecia con ropa de época, que no hace más que resaltar su delicada belleza. A propósito, alguna vez Carrie Fisher (¡inolvidable princesa Leia!) le sugirió no convertirse en una sex symbol del espectáculo. Ella tomó el consejo, aunque tenía bien claro por dónde pasan las cosas importantes de la vida.

–Dijiste que tu personaje favorito es Yoda. Claramente, lo físico no es lo que más te atrae. 
– (Sonríe) A mí me importa más el alma de las personas que cualquier otro rasgo o característica que puedan tener. Y en la medida de lo posible, intento acercarme a la gente que está más atenta a lo que nos pasa en el corazón.  

–Reconociste ser “muy dramática”. ¿Esa emotividad te juega a favor a la hora de encarar un papel?
–No… Bueno… ¡Sí! Es verdad que percibo las cosas de una manera muy intensa. Me afectan tanto que, si soy muy consciente de eso mientras estoy trabajando, quizá no pueda parar de llorar de felicidad, de tristeza... ¡Y no se puede estar así todo el tiempo! (risas). Pero fuera del set soy así: muy empática con la gente, sentimental, sintiendo todo a flor de piel. Por suerte, aprendí a apartarme, a generar mi propio espacio, para estar contenida y poder canalizar lo que me pasa.
“¡Es la nueva Luke!”
Mark Hamill, eje principal de la saga de los setenta, reapareció sobre el final de Episodio VII (¡sin decir una sola palabra!) y causó una verdadera revolución. Del mundo galáctico, ofrece una visión muy particular: “Creo que lo que representa es el escapismo. La realidad que atravesamos es difícil: la política, el clima cataclísmico, las guerras. Necesitas ir a un sitio donde puedas olvidarte de tus problemas… Y no hay ningún mejor lugar que una galaxia lejana”. En cuanto a Daisy Ridley, su opinión es exultante: “¡Es fantástica! Representa todo lo que quieres ver en ese personaje. Genera empatía, ya que logra que te preocupes por ella. Viene de la nada, es pobre, pero está destinada a la grandeza. 

¡Es la nueva Luke! Y como persona es maravillosa. La aprecio muchísimo, está bien preparada y tiene una mirada optimista de la vida. Tiene la edad de mi hija, así que me relaciono con ella como si fuera su padre. Pero estoy hablando como Mark y Daisy, ¡no como Luke y Rey! ¡A no hacer especulaciones!”. Todavía sorprendido por los fans apasionados que le confiesan que bautizaron a sus hijos con el nombre de su emblemático personaje, le dedica unos segundos a la Argentina: “Lo que más conozco de su país es lo referido a Evita y a Francisco, mi papa favorito. También sé que tienen grandes futbolistas. ¡Y las milanesas! Me encantaría visitarlos alguna vez”.
Con la Fuerza de su lado 
Su madre –una directora de publicidad–, su padre fotógrafo y sus cuatro hermanas mayores coinciden en remarcar su autenticidad y su humildad, más allá de haberse transformado en una aspirante de Jedi que quiere nutrirse de la Fuerza para ¿combatir? el Lado Oscuro.  

–Hay toda una filosofía Star Wars. 
–Sí. Los fans la asumen como propia. Se trata casi de una cuestión catártica. ¡Cómo se enojaron con la muerte de Han Solo en el Episodio VII! ¡Estaban furiosos! Están muy involucrados con la historia, con sus personajes. Es un nivel de identificación muy profundo. Me parece espectacular. 

– ¿Sos de esos espectadores que opinan que, entre tantos sables de luz, la saga deja enseñanzas? 
–Sí, ¡por supuesto! 

– ¿Cuáles?
–Que, al final del camino, siempre hay esperanza. ¿Cuántas cosas horribles sucedieron en el mundo últimamente? ¿Cuántos hombres y mujeres viven en entornos que no los favorecen para nada? Creo que lo que se debe imponer allí es el conjunto, la sociedad en su totalidad. Tenemos que dialogar más entre nosotros para ser conscientes de lo que nos pasa y de lo que le ocurre al que tenemos al lado. Nadie hace su vida en soledad. 

–Aunque pareciera que sí, Rey tampoco.
–Rey tampoco. Ella llega sola a la isla del planeta oculto Ach-To, pero lo hace para reunirse con Luke Skywalker y así poder resolver sus problemas… pero juntos.  

–Como una familia…
–Exactamente.

–En nuestro país se hace un culto a la familia. ¿Qué sabés de la Argentina?
–Lionel Messi, ¡el papa Francisco!

Las carcajadas inundan la sala cuando se refiere a, quizá, las dos de las personalidades más famosas de la actualidad con ADN celeste y blanco. Ella lo hace casi como pidiendo permiso o disculpas, con toda su transparencia a cuestas y una risa mínima, que apenas puede reprimir.  

Con ese típico acento inglés, pura música para los oídos, Daisy vuelve a referirse a la familia Star Wars. Y en la conversación se cuela una vez más el apellido Fisher. Fallecida de un modo inesperado en diciembre de 2016, fue ella quien resumió mejor que nadie el espíritu de la serie galáctica: “En definitiva, habla de la familia. Y no hay nada más poderoso que eso”. “Era una mujer muy sabia –la evocó su excompañera–. Me recomendaba cómo manejar el estrés. Es que yo tuve que hacer terapia cuando me convocaron para Episodio VII. Carrie vivió su vida como quiso, nunca se disculpó por nada, y eso es algo que todavía estoy aprendiendo. Avergonzada tal vez no sea la palabra adecuada, pero hubo momentos en los que me sentí... pequeña. Ella insistía en que nunca dejase que este trabajo me amedrentara, me atemorizara. Solía repetirme: ‘Disfrutá del éxito y no te alejes de él’”.

– ¿Y disfrutás?
–Sí, sobre todo porque Star Wars me enriqueció personal y profesionalmente. Hoy no solo soy una mujer más segura, más feliz, sino que soy mejor actriz que antes. 

– ¿Cuánto cambió Rey a Daisy Ridley?   
–Interesante pregunta. En realidad, ¡no me acuerdo de cómo era antes de Star Wars! (risas). Cuando me sumé a toda esta locura, nunca había estado en una filmación por más de dos semanas. De repente, audicioné cinco meses, entrené otros tres y filmé seis. Es muchísimo tiempo. Dejé todo por Star Wars: literalmente, mis horas fueron a parar allí. 

–Eras chica cuando lograste entrar a un reparto tan icónico. 
–Tenía 21 o 22 años, y ahora tengo 25. Ay, Dios mío… ¡Son muchos años! Pero, sinceramente, me abrió la cabeza y a un mundo que desconocía por completo. No tenía idea de la saga, ni del impacto que generaba. Gracias a ella me hice de amigos brillantes y me permitió visitar países a los que nunca había viajado. Además, lo paso increíble cuando rodamos. Me siento agradecida.

Daisy tiende su mano, se anima al castellano y lanza un gracias limpio, con la “ese” final que alarga hasta el exceso, derrochando simpatía. Sin alardes de altanería, se sabe victoriosa, triunfante, pero no por ser modelo de un sinfín de niños y adolescentes o por los millones de entradas que venderá Episodio VIII, sino porque alcanzó uno de los mayores placeres: vivir de lo que ama. “Todo en el universo ocurre por algo”, dice al despedirse, genuina al cien por ciento. Habrá que hacerle caso: quién mejor que ella para afirmarlo, una guerrera de la galaxia.
“Es una actriz extraordinaria” 
Otro de los tesoros que esconde Star Wars es su nuevo director, Rian Johnson, quien pide amablemente tomarse una fotografía con cada uno de los periodis-tas para después subir a su cuenta de Instagram, sabiendo combinar el trabajo con el disfrute. Sobre la joven estrella del filme, dice: “Me siento afortunadísimo de trabajar con Daisy, ya que es una actriz extraordinaria. Es dueña de un carisma que se aprecia enseguida en la pantalla. Las mujeres se identifican con ella. Tiene muchísimos valores positivos… Y cuando necesita profundizar, lo consigue. Podrán apreciarlo en Episodio VIII. A mí me impresionó mucho”.  

Respecto del furor por la saga, Johnson es por demás elocuente: “Allí se habla acerca de crecer, de esa transición de la infancia a la vida adulta, de navegar ese pasaje para encontrar tu lugar en el mundo”. En las últimas semanas se confirmó que el realizador encabezará una nueva trilogía, que no se centraría en el clan Skywalker. Aunque, por el momento, no puede evitar referirse a ellos: “La gran enseñanza de Star Wars es el punto medio, los grises. No podemos decir: ‘Yo soy el bueno y él es el malo’. En la primera película uno podría concluir eso con Luke y Darth Vader. Pero cuando este le dice: ‘Yo soy tu padre’, te das cuenta de que todo es mucho más difícil y complicado de lo que parece”.

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