Tecnología


Del papel a la pantalla


Por Aníbal Vattuone.


Del papel a la pantalla
Algunas de las bibliotecas más emblemáticas del mundo están digitalizando sus libros, incluidas obras icónicas como la Biblia de Gutenberg.

En la Ciudad del Vaticano se espera una revolución. Pero no se trata de ninguna medida que esté por anunciar el papa Francisco.?No. La Biblioteca Apostólica Vaticana decidió encarar el mayor proceso de digitalización de la historia: se escanearán más de 40 millones de páginas y más de 80.000 manuscritos. El procedimiento, que demandará unos veinte años, estará a cargo de una empresa japonesa, a través del formato FITS, creado por la NASA en 1981 para archivar imágenes y datos del espacio.

Hay que considerar que en el país más diminuto del mundo descansan 1.600.000 libros, entre los cuales hay 8300  incunables (impresos antes del año 1500), 150.000 manuscritos y 100.000 documentos. Muchos son tan añejos que la sola exposición a la luz podría dañarlos. 
Esta movida de modernización no es exclusiva de la Santa Sede. Noruega es otro caso insignia: su Biblioteca Nacional se propuso digitalizar todos los libros en el idioma local. ¿La meta? Lograrlo entre 2020 y 2030.

Lo cierto es que, en la actualidad, este servicio crece a pasos agigantados de la mano de Internet y de las nuevas tecnologías. “La digitalización está siendo cada vez más requerida por las bibliotecas, pero también por profesionales que necesitan generar un formato digital para publicarlo en su sitio web, o, simplemente, para preservar el libro original”, explica Fernando Contreras, uno de los responsables de la compañía Doc Tec.

En la misma línea, Pablo Ilari, parte del personal de la empresa Numir, aporta: “Son varios los interesados. Desde el mundo universitario se nos acercan para digitalizar los libros de la institución. Otro nicho es el de los investigadores, que trabajan con material de archivo, y el de los empresarios, que digitalizan sus libros de registros internos y manuales”.

Amén de preservar el material que suele deteriorarse con el uso y de la accesibilidad remota al subir el contenido online, hay otra ventaja: el ahorro de espacio. “Las grandes bibliotecas suelen tener más de un ejemplar de los libros de su colección, pero con la versión digital podrían tener impreso uno solo y la copia digital, con su correspondiente copia de respaldo o back up”, define Luis Pestarini, licenciado en Bibliotecología y Documentación, y subdirector de Adquisiciones Bibliográficas de la Biblioteca Nacional del Congreso. Ilari coincide: “No sería extraño que en breve tengamos una biblioteca completa en la palma de la mano. Nos deberíamos hacer a la idea de que eso va a ocurrir en el corto plazo”.

¿Más bondades? Productividad (con los motores de búsqueda se puede dar con partes específicas de una forma rápida y sencilla), copias de seguridad (para evitar robos, pérdidas, actos de vandalismo, incendio o inundación) y factores económicos (se disminuirían los costos de logística en envíos de papeles, viajes, cadetería, correo físico, y los consecuentes riesgos de esos traslados).
La técnica, por dentro
Está claro que lo que cambia es el soporte y no el contenido, así como que la palabra libro es el primer eslabón del universo del papel. Pero la tecnología, como en otros tantos campos, metió la cola y dio paso a este fenómeno. ¿Pero cuáles son los entretelones de la digitalización??¿Cómo se pasa de un formato a otro? “Depende de las características de cada libro: si se puede desarmar o no, el tamaño de las hojas… Se pueden utilizar escáneres planetarios, que capturan las imágenes con el libro abierto hacia arriba, o escáneres de cama plana”, explica Contreras.

El tratamiento comienza con una preparación exhaustiva del material, donde lo más importante es conservar su integridad.  “En el caso de los libros históricos, quizá sea necesario, antes que nada, llevar a cabo una limpieza del ejemplar. Luego se pasa a la digitalización en sí, donde se generan las imágenes digitales con equipos especiales que evitan dobladuras o tensiones. Por último, se pasa a la carga de datos sobre el libro, para facilitar su procesamiento por un sistema de reconocimiento óptico de caracteres (ROC) que convierte el contenido a un formato que permite efectuar búsquedas”, especifica Ilari.

La digitalización se nutre de máquinas que combinan varias tecnologías, entre las que se encuentran diversos tipos de cámaras y hasta un mecanismo para pasar las páginas cuidadosamente. Pero el proceso no se reduce a una fotografía: cada texto debe ser identificado, algo difícil de conseguir con ciertas palabras, sobre todo en ejemplares antiguos donde la tinta se distorsionó. Una de las soluciones para este punto es el recaptcha?(tal vez le suene porque son esas dos palabras que debe copiar en Internet para confirmar que no es un robot):?se trata de una extensión de la prueba Captcha que se emplea para reconocer texto presente en imágenes.
De la ley a?Gutenberg
La digitalización tiene una ley que atender: la 11723, que rige los derechos de autor. Desde la Biblioteca Nacional del Congreso, Pestarini sentencia: “Según la ley no se pueden reproducir por ningún medio –y esto incluye la digitalización– las obras con derecho de autor vigente. Este tiene una vigencia que se extiende hasta setenta años después de la muerte del autor. Para poder reproducir la obra hay que obtener una autorización del autor o de sus herederos, que puede ser concedida a través de un pago o de una cesión gratuita, pero siempre debe quedar constancia de ella”.

Más allá de los resquicios legales, la digitalización está plantando bandera. A propósito de la costosa y ambiciosa iniciativa que emprendió la Biblioteca Apostólica Vaticana, se creó la fundación Digita Vaticana para recaudar fondos y así poder cumplir con el objetivo. De acuerdo con su directora, Maite Bulgari, la finalidad no es solamente salvaguardar el patrimonio, sino también profundizar en la investigación de los textos. “Con la digitalización aparecerán descubrimientos hasta ahora desconocidos. Para los estudiosos será mucho más fácil comparar distintos manuscritos al contar con inéditas herramientas informáticas de búsqueda”, dice Bulgari, entusiasmado.

Para cobrar dimensión de lo que estamos discutiendo, pensemos que algunos escritos tienen una antigüedad que supera los dos mil años.?Y ya se está cosechando la siembra:?hoy se pueden consultar documentos emblemáticos vía Web, como el Tratado de la pintura, del polímata florentino Leonardo da Vinci, o la Biblia impresa en 1455 por Johannes Gutenberg, el orfebre alemán, inventor de la imprenta moderna. ¿Acaso será el inicio de una nueva era para el libro?
Contratiempos
En este traspaso del papel al software, es interesante entender qué es lo que ocurre con el material que no se encuentra en las mejores condiciones; por ejemplo, con letras poco legibles. “Después de la digitalización, se realiza la posproducción que asegura la correcta visualización de las imágenes. De esta manera, se puede llegar incluso a mejorar la calidad de la imagen original”, detalla Fernando Contreras, desde Doc Tec. Ilari, de Numir, completa: “Esto es algo que nos ha sucedido en particular con investigadores que trabajan con material histórico en mal estado de conservación. Así, ven facilitada su labor con imágenes retocadas digitalmente”.

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