Curiosidades


Volver al futuro


Por Aníbal Vattuone.


Volver al futuro
Así como los vinilos no se rinden, las cámaras fotográficas analógicas dan batalla y experimentan una suerte de revival. Especialistas opinan sobre esta pequeña resurrección.

Si hay un mundo que creció en los últimos años, ese es el de la fotografía. A través de los celulares, se registran todos y cada uno de nuestros pasos: el plato del almuerzo, las salidas con amigos, la rutina en el gimnasio. Los más puristas dirán que esas son solo imágenes sueltas y dispersas, carentes de cualquier tipo de técnica. Lo cierto es que, constantemente, estamos rodeados de instantáneas. Y en ese devenir, las que están experimentado una suerte de revival son las cámaras analógicas. Y la pregunta se impone: ¿Por qué el repunte de un hábito, a estas alturas, cuasirromántico?

“Los que se inclinan por las fotografías analógicas las consideran como formas de referencia más auténticas a sus experiencias.?Incluso se las asocia a la creatividad, ya que pueden interferir en el proceso y manipularlas con mayor facilidad”. Gil Pasternak

Gil Pasternak, integrante del Centro de Investigación en Historia de la Fotografía de la Universidad de Montfort (Reino Unido), elaboró un estudio sobre el tema, en el que indagó en las razones de por qué muchos regresan a la foto analógica. Entre ellas, se destaca su cualidad material. Los que vuelven a apostar por ella experimentan y sienten una implicación física directa con la fotografía, que le otorga un valor añadido a la práctica. Por otro lado, le dan un gran significado al proceso de cargar la película en la cámara, sacarla y procesarla, imprimir las copias y sostenerlas. “Consideran a las fotografías producidas por medios analógicos como formas de referencia más auténticas a sus experiencias. Incluso se las asocia a la creatividad, ya que pueden interferir en el proceso y manipularlas con mayor facilidad”, comenta Pasternak. Y agrega: “Los nativos no digitales tienden a asociar la fotografía analógica con el recuerdo de un viejo mundo más simple, percibiendo en su imperfección mayor credibilidad”.

Eduardo Longoni es un prestigioso fotógrafo argentino, autor de una de las tomas más conocidas de la historia del deporte mundial: Diego Maradona se anticipa al arquero Peter Shilton y, con un casi invisible golpe de puño, envía la pelota dentro del arco (era el 1-0 parcial del partido entre nuestra selección y la de Inglaterra, por los cuartos de final del Mundial de México). Él creció a la vieja usanza: “Una fotografía cobra verdadera vida cuando es palpable. O sea, cuando está copiada sobre papel, cuando la podemos agarrar, mirar de distintos ángulos... En definitiva, cuando se transforma en objeto. Pienso a las fotos que están en las computadoras, en los teléfonos y en la nube como imágenes en peligro de estallido. Mi fantasía es que no existen en la realidad, sino que tienen una vida ‘en suspenso’. Por eso, cuando tomo una fotografía digital que me gusta, corro a materializarla en un papel. Recién en ese momento siento que la tengo conmigo. Quizá sea un tic de la edad, pero yo desconfío de la imagen virtual”.

“Antes, el que sacaba fotos en sus vacaciones quizá recién mandaba a revelar el rollo cuando retornaba a su ciudad. Hoy podemos descargarlas al instante, por lo que debemos celebrar tener dos tipos de herramientas y la posibilidad de elegir”. Eduardo Longoni

El boom por lo analógico se puede comprobar en la cantidad de público que asiste a seminarios sobre la temática o al número de alumnos que se anotan en talleres, cursos y escuelas. De hecho, este arte tiene su licenciatura, que se dicta, por ejemplo, en la Universidad Nacional de San Martín. Su director, Juan Travnik, comparte su parecer: “Se están dando dos situaciones particulares en el campo de la fotografía: su utilización como forma expresiva y el desarrollo de la fotografía autoral. Allí sí se está registrando una mayor tendencia al uso de lo analógico. Últimamente, hay cierta revalorización de estos procesos. Lo comprobamos en las aulas: hay cambios de paradigmas en el uso de las herramientas técnicas, y se incorporan con más frecuencia el uso de cámaras estenopeicas, técnicas del siglo XIX y otras variantes de procesos, en muchos casos híbridos, que entrecruzan diferentes tecnologías”.

Longoni, nombrado en 2013 Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, estima que la cámara es al fotógrafo lo que los pinceles son al pintor. “Optar por tal o cual tecnología depende del uso que se le vaya a dar a la imagen obtenida. Yo comencé en mi profesión en plena época analógica, por lo que cualquier fotografía, por mayor urgencia que se tuviera en publicarla, tenía que atravesar todo el proceso que significaba revelar un rollo y luego ampliar el negativo que se eligiera”, evoca quien supo eternizar a maestros como Mario Benedetti y Ernesto Sabato, y acaba de publicar el libro Imágenes apuntadas. Y pronostica: “Muchos jóvenes ven lo analógico como algo atractivo y artesanal que pueden llegar a experimentar, pero, a la vez, abandonar rápidamente. La fotografía analógica es un oficio en sí mismo. Requiere paciencia, dedicación y un lugar para montar un cuarto oscuro. Además, es una práctica onerosa. La película y el papel fotográfico se transformaron casi en artículos de lujo”.

“Si bien soy un fotógrafo nacido y crecido con lo analógico, veo como muy interesante el incorporar todas las opciones que se ofrecen en la actualidad, sin descartar ninguna. Las capturas digitales, el uso de los teléfonos y de otros dispositivos ensancharon los carriles que uno puede utilizar para expresarse”. Juan Travnik
De inmediatez y costos
Hay un debate que subyace entre lo analógico y lo digital: lo efímero frente a lo material. “Desde el punto de vista estético, desde el pensamiento más filosófico sobre el tema, la huella que deja lo analógico en cuanto a ‘reemplazo de la realidad’ es única. Esto no tiene una continuidad en las nuevas tecnologías, las cuales inauguraron otras formas de captura que, precisamente, no se definen como análogas a la realidad”, dice Travnik. 

Es que la digitalización de la fotografía permitió tomar cientos y cientos de fotos que también eliminamos sistemáticamente. La facilidad y la rapidez que le dio el universo digital a la habilidad de fotografiar le quitó cierta artesanía. 

Asimismo, esa rapidez lleva consigo el don de la inmediatez. “No obstante, los jóvenes que se animan a esta aventura experimentan el proceso analógico con calma. Los advierto serenos en el laboratorio hasta el instante en que revelan la imagen”, desliza Cristina Nachtrieb, presidenta del estudio de fotografía Prometh. Y profundiza: “Con lo digital, la impresión se volvió optativa, pero es una lástima si no se hace, ya que, al mantenerlas en la computadora, aumentan las posibilidades de que podamos extraviar el material. De la otra forma, las fotos se perpetúan en el tiempo”.  

Longoni, que se lució con su obra en destinos como Japón, Rusia y Egipto, cuenta cómo es su relación hoy con la fotografía: “Me inclino por cámaras autofocus, con algunos programas de automatismo que me permiten mayor agilidad en la toma. No me gustan las cámaras muy voluminosas, sino más bien pequeñas, que entren en una mochila y me pueden acompañar durante toda una jornada. Tenerlas a mano me genera seguridad, ya que uno nunca sabe con qué situación fotográfica puede encontrarse a la vuelta de la esquina”. 

Con toda la experiencia sobre sus espaldas, Longoni no duda cuando se le pide elegir: “Siempre voy a preferir mi cámara analógica. Y con rollos blanco y negro. Si encaro un proyecto fotográfico lo pienso a través de la nobleza de la película Tri X que me acompañó toda la vida. Recuerdo cuando hice mi primera periodística, allá por 1979: el rollo que puse en mi cámara es el mismo que uso en la actualidad. Me resulta confiable y querido. Como si fuera un amigo”.

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