Personaje


“Sandro sigue existiendo”


Por Juan Martínez.


“Sandro sigue existiendo”
Agustín Sullivan interpretará al ídolo en la miniserie televisiva que repasará la vida de “el Gitano”. ¿Quién es esta joven promesa?

Sentado a la mesa de Mirtha Legrand, enfundado en un traje oscuro, con camisa blanca y corbata a lunares, un Sandro treintañero se lucía alternando respuestas ingeniosas (condimentadas por el tono y la mirada seductores, y ese sex appeal que le brotaba por todos los poros) con reflexiones más profundas (aunque no por ello solemnes): “Gracias a Dios, no tuve la desgracia de muchos jóvenes de estar en esa encrucijada de ‘¿Qué quiero para mi vida?’ ‘¿Qué hago?’, ‘¿Qué es lo que más me conviene?’, ‘¿A quién mato de mí mismo?’... Porque se empiezan a matar cosas que uno tiene adentro, y después tenemos que arrastrar esos muertos... Por eso siempre digo que yo sigo vivo y no me voy a morir nunca”.

Cuarenta años después de aquel mediodía, Agustín Sullivan se encuentra frente al desafío de ponerse en la piel del mítico Roberto Sánchez para la miniserie Sandro de América, que en breve se emitirá por la pantalla chica. Él, dice, tampoco se enfrentó a aquella encrucijada sobre su destino: desde muy chico sintió que lo suyo sería el arte y jamás dio un paso que lo alejara de ese camino. “A los tres años pintaba, y cuando tenía cinco expusieron cuadros míos en un concurso infantil que gané. También escribía y actuaba. Ahora estoy estudiando para ser director y me queda una materia para recibirme”, confiesa.

El grupo de teatro del colegio fue su primer contacto directo con la actuación. Tenía nueve años cuando se produjo ese flechazo que lo condujo a una búsqueda interna incesante. Desarrolló un modus operandi simple y efectivo: googleaba dónde habían estudiado sus actores favoritos, anotaba las coincidencias, y encaraba hacia esos maestros. Así llegó a ser alumno de Norma Aleandro, Oscar Ferrigno, Agustín Alezzo y Nora Moseinco, entre otros.

Pese a cargar sobre las espaldas casi veinte años de preparación, con mucha actividad sobre las tablas, las oportunidades en televisión se dieron por períodos breves. Para el público masivo será la cara más nueva (y el Sandro adolescente) dentro de un elenco que reúne a figuras de primerísimo nivel, como Antonio Grimau, Luis Machín, Isabel Macedo, Muriel Santa Ana, Marco Antonio Caponi, China Suárez, Calu Rivero y Lali Espósito.

– ¿Tomás este trabajo como el gran salto de tu carrera?
–Sí. Pero no es solo que lo sienta yo: es una realidad absoluta. Estoy protagonizando un proyecto con una producción que es increíble. Es de nivel cinematográfico. 

–Seguís sorprendido.
–Sí, pero no se me dio de golpe. Desde muy chico vengo haciendo dos millones de castings, para todas las novelas posibles. Lo de Sandro se dio ahora porque Dios así lo quiso. Estoy jugando en Primera y me pone feliz. Para mí ir a grabar es como entrar a un parque de diversiones, me siento en Disney. Me divierto todos los días despertándome a las cinco de la mañana para ir a los estudios. 

–Era esto lo que querías...
–Era lo que que quería y es lo que quiero. Todos los días lo reconfirmo. Me encanta.

–Agustín, ¿cómo manejabas las emociones cuando rebotabas en los castings?
–Al principio te ponés mal, te angustiás. Tardé mucho más que mis amigos en quedar en algún programa. Me he frustrado bastante, a tal punto que, muchas veces, contemplé vivir en otro lado. Pensé irme a Europa, a México o a los Estados Unidos, pero siempre aparecía algo que me retenía. A la larga, la conclusión es que hay que perseverar. Ese es el mensaje que da la miniserie, al menos en la primera mitad de la historia, y es un poco el reflejo de mi vida. Cuando uno quiere mucho algo y está convencido de eso, si se esfuerza y estudia, lo cumple. Tarde o temprano.

–Hiciste giras por todo el continente con las obras de teatro Los padrinos mágicos y HI-5. ¿Al regresar sentiste que ya estabas preparado para proyectos mayores?
–No, nunca lo tomé así. Disfruté cada momento. Aquella experiencia fue muy buena, conocí muchos países y gané el dinero suficiente para irme a vivir solo a los dieciocho años y pagarme las clases de teatro. Es paradójico y cansador, pero el trabajo del actor es buscar trabajo. En cuanto a eso, sí siento una progresión interna. Hoy, me tomo cada casting como un espacio de diversión en el que voy a pasarlo bien. Antes maquinaba que tenía que quedar sí o sí. Ahora entendí que si me tienen que llamar, me van a llamar.

– ¿Despojarse de esa presión hace la diferencia a la hora de que después te terminen eligiendo?
–Sí, porque emanás otra cosa. Cambia muchísimo cómo te ven de afuera cuando te estás divirtiendo y demostrás que estás relajado, pasándola bien. Eso es lo que hay que hacer.

– ¿Qué es lo que te gusta de actuar?
–Lo que más me apasiona es jugar a ser otra persona y vivir situaciones desconocidas para mí.?Es como jugar a tener otra vida por un rato. Me vuelve loco eso, me divierte hacer cosas que yo no haría nunca. Además puedo experimentar cómo era una época que yo no viví ni voy a vivir. Es como volar en la máquina del tiempo. No sé si se ve lindo o feo de afuera, pero yo entro como en una montaña rusa. 
Todo a pulmón
Sin familiares ni amigos influyentes en el medio, Agustín se las rebuscó para llegar a tocar las puertas indicadas. En cada telenovela o miniserie que le despertaba curiosidad, miraba atento los créditos, anotaba el nombre que aparecía junto a la palabra casting, y llamaba a las productoras preguntando por la persona en cuestión. Después, apelaba a su capacidad de convencimiento para arreglar algún encuentro personal y presentarse. Así fue como consiguió asistir a un sinfín de audiciones.

Pero si hay algo que sabe este muchacho de 27 años es arremangarse y remar. El año pasado, por primera vez desde que se independizó, los ingresos por el teatro y las eventuales convocatorias en tele dejaron de ser suficientes para su economía, por lo que tuvo que dedicarse a mostrar departamentos de la inmobiliaria de su mamá. Como ya contó, eso hizo que fantaseara con la posibilidad de radicarse en otro país... Hasta que llegó a sus oídos la convocatoria sobre una miniserie que repasaría la vida de Sandro. Fue entonces cuando se acordó de Mónica Bruni, una profesora con la que tomaba clases antes de cada casting: ella siempre le remarcaba el notable parecido físico que tenía con “El hombre de la rosa”. Hasta lo había apodado “Sandrito”.

“Sentí que no podía desaprovechar esta chance. Empecé a insistir por todos lados para que me tomaran la audición. ¡Pobre la chica encargada del casting! La volvía loca: la llamaba, le mandaba mails, le escribía por Facebook… ‘Me acosaste, Sullivan’, me dice cada vez que nos cruzamos –se ríe al recordarlo–. Se me había fijado hacer a Sandro. En un momento me sugirieron que había un papel para ser parte de Los de Fuego, la primitiva banda del Gitano, pero yo sentía que tenía que ser él”.

Finalmente, el llamado llegó un día antes de que Agustín se marchara hacia unas vacaciones que ya tenía planeadas y pagas. Recibió un mensaje de la producción pidiéndole que no se cortara el pelo, ya que había pasado un primer filtro. Apenas regresó de su viaje, pasó una segunda y definitiva instancia en la que le confirmaron que sería uno de los tres actores que encarnarían al astro de “Penumbras” y “Rosa, Rosa” (sin contar a un niño que aparecerá en las primeras escenas): él sería Sandro hasta los treinta años, Marco Antonio Caponi tomaría la posta y Antonio Grimau se pondría en la piel del ídolo para los años finales de su trayectoria musical y de su vida. “Lo que van a ver es un personaje de ficción, no una imitación. Lo interesante es captar la esencia de Sandro, su energía,  sus valores y, desde ahí, crear las escenas”, adelanta. Y prosigue: “Es más difícil interpretar a alguien que existió en la vida real, porque a un personaje ficticio le vas dando forma con el director. Tenés muchas más libertades, más licencias”.

– ¡Encima es un ídolo nacional! Jugás con las expectativas de los demás, con las de “las nenas”...
–Hay que trabajarlo con respeto y cariño, analizando qué se puede hacer y qué no. Usamos el nombre de una persona que existe... Y sí, hablo en presente porque no creo en la muerte. Sandro sigue existiendo.  

– ¿Cómo es eso?
–Para mí somos almas que elegimos este plano para enseñar y aprender cosas, y después poder ascender. Una vez que ya cumplimos con nuestra misión, pasamos a otra etapa, a otro plano, pero sigue la existencia. 

“Por eso siempre digo que yo sigo vivo y no me voy a morir nunca”, deslizaba Sandro hace cuarenta años. ¿Le suena?
Primeros pasos
Agustín Sullivan debutó en la pantalla chica como actor en Amor mío, la tira producida por Cris Morena que protagonizaban Romina Yan y Damián de Santo (casualmente, se realizaba en el mismo estudio donde ahora se graba Sandro de América). En los últimos años participó de tiras como Fronteras, Violetta, Señores papis y Amar después de amar, amén de conducir el ciclo Intrépidos. En teatro fue parte de El club del chamuyo, Descuidistas, El otro lado, En la tormenta, y Los Ortúzar. Además, grabó, junto a Nicolás Furtado, Luz Cipriota y Manuela Viale, el piloto de una comedia de su autoría, que espera poder estrenar pronto en alguna pantalla.

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