Educación


Aprender a pensar


Por Carmen Ochoa.


Aprender a pensar
Con la impronta de las famosas charlas TED, en las escuelas del país se empiezan a organizar clubes que promueven el descubrimiento y la presentación de ideas.

A pesar de sus incipientes doce años, a Matías White no le pesó enfrentarse a un auditorio de más de mil personas. Se sentía seguro de sí mismo y, sin titubear, compartió la meta que se había propuesto: contagiar la magia de la lectura a niños de bajos recursos. Y tuvo éxito. ¿Cómo lo logró? Convocando a chicos para que les lean a otros chicos. Para ello, involucró a sus compañeros de colegio y a los pequeños de una salita de cuatro años (a través de un sistema de padrinos y ahijados), que se conectaron a través de los libros. “Lo que comenzó como una necesidad de transmitir lo que a mí me produce la lectura se pudo hacer realidad gracias a todos los que colaboraron conmigo en este sueño. Y esta magia se fue contagiando, contagiando, y por eso estoy aquí: para que la lectura siga hechizando a los niños, de la mano de otros niños”, decía Matías desde el escenario.

¿Qué impulsó a este preadolescente a pensar una idea, movilizarse hasta poder concretarla y compartirla, inspirando no solo a sus pares, sino también a miles de adultos? Matías, alumno del colegio Mark Twain de la ciudad de Córdoba, es uno de los casi doscientos chicos de la provincia que participaron de Clubes TED-Ed, el programa que apoya a las escuelas y organizaciones educativas que acompañan a sus estudiantes a descubrir, explorar y presentar sus ideas, en forma de charlas cortas. Gracias a su experiencia, Matías fue el orador más joven de TEDxCórdoba 2016, el evento que fue seguido por más de cinco mil usuarios vía streaming.

Este innovador proyecto, creado por la organización sin fines de lucro TEDxRíodelaPlata surgió en 2013, cuando la tecnología digital desembarcó en las aulas y, por consiguiente, los docentes empezaron a aprovechar las famosas charlas para tratar diversos temas en clase. “Fue entonces cuando pensamos: ‘¿Por qué no ayudarlos a hacerlo de la mejor manera posible? Así, armamos un equipo y creamos guías didácticas para que los maestros las utilizaran junto con las charlas, pero enmarcando esto en una propuesta educativa. Un año después, organizamos un evento en el que toda la temática se relacionó con la educación. Mientras lo preparábamos, trabajamos con alumnos de una escuela: los chicos se entusiasmaron tanto y funcionó tan bien que decidimos llevar el programa a muchas más escuelas”, revela Ariel “Hache” Merpert, director de Clubes TED-Ed. Y sostiene: “Aprender a desarrollar y comunicar ideas debería ser parte de nuestra educación. Las ideas transforman, y compartirlas puede llegar incluso a cambiar el mundo, pero antes pueden transformar a quienes las cuentan”.

En 2015, ocho escuelas formaron parte de los Clubes TED-Ed. Al año siguiente, la cifra ascendió a ochenta. En la actualidad, trescientas cuarenta instituciones se sumaron a la iniciativa, con presencia en cada una de las provincias argentinas. “En ningún nivel de nuestra educación formal está presente, como contenido, enseñar las habilidades para construir y comunicar ideas. Eso es un déficit, ya que cuando un alumno intenta contar un proyecto le cuesta mucho y no tiene herramientas para hacerlo. Por eso, nuestro propósito, de aquí a tres o cuatro años, es tener presencia en todas las escuelas del país. Parece una utopía, pero en la Argentina se registran unas veinticinco mil escuelas secundarias, y nosotros ya superamos las trescientas”, se entusiasma Merpert. Y sigue: “A nivel nacional, uno de los grandes inconvenientes es que hay muy buenos modelos educativos, modernos e innovadores, pero muchos se quedan en la fase piloto. También hay nuevos colegios superinteresantes, con grandes programas, pero nadie consigue que eso se replique a gran escala. Creemos que tenemos la oportunidad de romper ese silencio de un modo diferente, de transformar positivamente la educación argentina”. 
El sub23 de las ideas
En octubre se organizará el próximo TEDxRíodelaPlata. Ante el interés de tantos jóvenes, la novedad pasará por una jornada destinada exclusivamente a aquellos menores de 23 años. “¿Qué queremos lograr con esto? Que los chicos aprendan a valorar a los científicos o los investigadores como si fueran estrellas de rock, de YouTube o de Instagram. Es muy importante generar modelos de identificación socialmente más productivos, que motiven a los jóvenes a hacer algo positivo por ellos o por la comunidad”, explica Ariel Merpert, director de Clubes TED-Ed.
¿Qué te apasiona?
Esta es la primera pregunta que se les hace a los chicos para que puedan examinar sus intereses, ya sea de forma colectiva o individual, y terminar eligiendo un tema que los entusiasme. “En general, suelen dar una respuesta muy primaria; por eso, queremos que indaguen un poco más y que no se queden en la superficie. De esta forma, se encuentran con otras situaciones o vivencias que no están en su radar y que, por lo menos, se les plantean para confirmar si les importan o no”, define Merpert.

La segunda etapa se basa en lo que se denomina “construcción”. O sea, sobre la base de su interés, los jóvenes van edificando una idea. “Los conceptos pueden ser atractivos, pero buscamos que desemboquen en una charla, como si fuera un par de lentes para mirar el mundo de otra manera; que pueda incluir un aporte o una solución para resolver cualquier problema”, subraya Merpert.

Ya en la tercera etapa, los adolescentes tienen que transformar esa idea en una disertación, enfocándose específicamente en las técnicas para poder llevarla a cabo con eficiencia. Pero no se trata solo de aplicar métodos de oratoria, sino de que el guión sea tan atrayente y seductor que pueda generar en el público un alto grado de curiosidad, unas ganas de saber más, de contagiarse de lo que está escuchando. La cuarta y última etapa es el evento dentro de la escuela, en el cual docentes y alumnos trabajan en comunión, enriqueciéndose mutuamente.  

“Los chicos suelen agradecer mucho porque descubren sensaciones propias que antes no lograban expresar. Para eso deben conectarse con sus inquietudes más profundas y vincularse con sus compañeros desde una perspectiva diferente de la que suelen tener cotidianamente. Así es como comienzan a razonar de un modo distinto, familiarizándose con la inspiración, la confianza, la creatividad, la camaradería. En definitiva, el proceso los transforma a tal punto que no son los mismos que cuando lo empezaron”, explica Merpert.

Los otros grandes actores que se sientan a la mesa son, por supuesto, los docentes. “Son los facilitadores del proyecto, los que llevan adelante los encuentros con los alumnos. El caso más significativo que recuerdo es el de una maestra que me dijo: ‘Me iba a jubilar, bastante decepcionada con la educación, pero ahora siento que tengo que darme un tiempo más para disfrutar de esto’. Los clubes de ideas aportan otra estrategia a la hora de educar y de comunicarse con los chicos, y ellos aprenden de esta modalidad. Es paradójico, pero, en un principio, los docentes son los que se muestran más entusiasmados con la propuesta. Este año, después de la capacitación obligatoria, participaron quinientos de todas partes del país. Para ellos es una motivación extra”, concluye Merpert.
Lo que hay que saber

Para poder ser parte de la iniciativa, un docente o directivo de la institución tiene que postular a su escuela. Cada club está integrado por cuarenta chicos de nivel secundario, con un docente por cada veinte alumnos. Ellos se reúnen durante diez encuentros semanales, a lo largo de catorce o quince semanas. El proceso tiene tres etapas y termina con un evento interno organizado por la propia escuela, donde los chicos dan una charla frente a su comunidad educativa (como si fuera un  mini TEDx). Más info en clubes.tedxriodelaplata.org

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