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Amores en red


Por Daniela Calabró.


Amores en red
Los tiempos de la conquista cara a cara parecen haber caído en el olvido. Hoy, el galanteo es pantalla de por medio. Claves, riesgos y virtudes del romance 2.0.

Unas cuantas décadas atrás, en las milongas barriales, jóvenes de traje almidonado inclinaban la cabeza hacia señoritas que esperaban que las sacaran a bailar. Un puñado de años después, las mujeres pasaron al centro de la pista para bailar entre ellas hasta que algún candidato apostado en la barra se acercara con un buen pretexto. El rostro a la luz del sol, los gustos de ambos, sus profesiones, lugares de residencia y demás datos se conocían, por supuesto, en las citas subsiguientes.

Eso, hoy, está echado por tierra. Antes de tirar la primera flecha, las redes sociales dicen todo sobre el candidato en cuestión y las aplicaciones “Cupido” presentan a las medias naranjas casi como en un catálogo de ventas. “El éxito de estas plataformas radica en que generan una suerte de ‘democratización del amor’. Resultan muy útiles para aquellas personas que no disponen de ciertas habilidades sociales para la conquista, que no poseen un grupo de pertenencia, que carecen de tiempo de ocio o que se enfrentan con otros obstáculos a la hora del amor”, argumenta el licenciado en Psicología Santiago Gómez, líder del programa Decidir Vivir Mejor y del Centro de Psicología Cognitiva. 

En el crecimiento del fenómeno influyó, por supuesto, la naturalización del uso de la Web y la proliferación de los smartphones. Tinder, por ejemplo, opera desde hace un lustro como el celestino de esta era, generando más de un millón de citas por semana a lo largo y a lo ancho del planeta. “Desde su lanzamiento, allá por 2012, se hicieron más de veinte millones de conexiones entre usuarios. Y si bien es imposible rastrear cada relación, recibimos decenas de miles de historias de éxito que narran relaciones nuevas, compromisos, casamientos y  hasta ‘bebés Tinder’”, dice Andrea Iorio, director de Marketing y Comunicación de Tinder LatAm.

A su vez, Valeria Schapira, escritora y periodista especializada en vínculos, pone el foco en cómo estas aplicaciones rompen las barreras etarias: “Creo que los sitios de citas son una excelente oportunidad para encontrar el amor a cualquier edad. En pleno siglo XXI, un hombre o una mujer, tenga la edad que tenga, tiene la oportunidad de buscar un compañero de vida gracias a la tecnología. Paralelamente, estas herramientas también son buenas para las personas que viven en grandes ciudades y no tienen ganas de salir, o para quienes residen en localidades pequeñas en donde todos ya se conocen entre sí y prefieren conectarse con alguien de otro lugar”.

“Las redes sociales o las apps no cambiaron los pasos que hay que dar para construir una relación exitosa. Lo único que hicieron fue simplificar el primero de ellos.” Andrea Iorio
Audaces, conservadores y “cibergalanes”
La tecnología nos mostró sus primeras armas frente al recordado ICQ, de cuyas aventuras chateras no quedó exento nadie que esté rondando la tercera o cuarta década de vida (vamos...). Aunque, claro, el perfil de ese servicio de chat era bastante más anónimo que los de hoy en día. ¿Cuál es el perfil de quienes se atreven al desafío de las apps de conquista?

Tomemos dos casos paradigmáticos: el ya mencionado Tinder y Match.com, con más de dos décadas formando parejas alrededor del mundo (su uso se extendió primero en Estados Unidos y Europa, y en los últimos años se produjo el boom en América Latina). En la Argentina, los usuarios de la primera red social son mayores de 18 años y menores de 34. En Match.com los límites se extienden a los 45 años. La proporción es casi igual entre hombres y mujeres, y si bien la mayoría son solteros, está creciendo el número de personas separadas que quieren darse una nueva oportunidad en el amor. 

“Las intenciones son diversas: van desde hacer amigos hasta encontrar una pareja estable. A través de un estudio, descubrimos que el 80% busca una relación significativa”, explica Iorio, desde Tinder LatAm. En la misma línea, Schapira, vocera de Match.com, acota: “El grueso de los usuarios está buscando una relación comprometida. En el caso de Match, hay que tener en cuenta que es una plataforma diseñada expresamente para este fin. Es importante saber dónde se busca, porque también hay apps específicas para encuentros fugaces. Una vez que sabemos lo que deseamos, tenemos que buscarlo en el lugar indicado”.

“No es aconsejable eternizarse en vínculos virtuales porque se corre el riesgo de idealizar a quien está del otro lado de la pantalla.” Valeria Schapira

Dejarse llevar por esta nueva forma de coqueteo es casi un sacrilegio para quienes se autodefinen como “chapados a la antigua”. Elegir un candidato como si estuviesen frente a la góndola de un supermercado, dicen, le quita romanticismo a la cuestión, además de imprimir ciertos temores. “Hay un profundo miedo al desconocimiento de quién es la persona que hay del otro lado y qué está buscando realmente. Esa duda es la que lleva a que muchas personas eviten las relaciones virtuales y continúen optando por la conquista tradicional”, asevera el licenciado Gómez, quien revela algunos problemas que atraviesan aquellos que se animan al desafío y no salen airosos: “En muchos casos, llegan al consultorio historias de frustración, vinculadas a que todo va bien mientras el vínculo es virtual: cuando se da el paso para encontrarse cara a cara, todo se desmorona. O están quienes se cansan de mantener intercambios con una y otra persona para nunca salir de la etapa de conocimiento, o no conseguir que las historias se transformen en relaciones formales”. 

La socióloga Jessica Carbino define esas problemáticas como globales: “En términos estadísticos, las investigaciones demuestran que la postergación de los marcadores tradicionales de adultez, tales como la paternidad, dejar el hogar familiar o terminar la universidad, no está emparentada directamente con los contactos virtuales. La gente que utiliza sitios de citas lo hace con el mismo objetivo que cuando sale a un bar: algunos, para tener a alguien con quien compartir un breve período, y otros, para encontrar al amor de su vida”. 

De igual modo, Iorio sostiene que las plataformas tecnológicas no modifican sustancialmente el modo de conquista tradicional: “En rigor, las redes sociales o las apps no cambiaron los pasos que hay que dar para construir una relación exitosa. Lo único que hicieron fue simplificar el primero de ellos: poner una persona delante de otra de una manera sencilla y eficaz que antes no existía. Lo que sigue es igual: todavía hay que llegar a conocer realmente al otro, poder mantener una conversación y dar todos los pasos que construyen un vínculo”.

Los expertos recomiendan que, aun cuando los primeros contactos están dados por la virtualidad, es saludable seguir la experiencia cara a cara. “Si bien en una primera instancia podría parecer más sencillo acercarse a alguien utilizando la tecnología como un puente, no es aconsejable eternizarse en vínculos virtuales porque se corre el riesgo de idealizar a quien está del otro lado de la pantalla”, aduce Schapira.

“La gente que  utiliza sitios de citas lo hace para tener a alguien con quien compartir un breve período o para encontrar al amor de su vida”. Jessica Carbino
Confiar o no confiar... esa es la cuestión
Tal vez no sea abogado, tal vez no sea rubia, tal vez no le gusten los perros, tal vez no tenga esa edad. ¿Cómo lidiamos con la incertidumbre de si ese “otro virtual” es quien dice ser? “Se puede saber más sobre un match potencial al leer su perfil de lo que sabríamos si nos encontrásemos en un bar por primera vez. Muchos sitios, como Tinder, utilizan redes sociales existentes, como Facebook, para autenticar a sus usuarios. Esto permite ver a los amigos en común o cualquier otra información que compartan en su biografía. El poder siempre está en manos de uno”, describe la socióloga Carbino. 

Que se miente en la vida online y en la offline no es ninguna novedad. Como tampoco que existe un enorme número de personas honestas. Al respecto, Schapira concluye: “Lo importante es saber que, mientras vamos conociendo a alguien, estamos ante un desconocido. Y las construcciones llevan su tiempo: nunca es una buena idea tirarse de cabeza, tomar decisiones, ni hacer grandes promesas durante el período de enamoramiento. Es fundamental darse el tiempo necesario para ver al otro en su realidad, en su faceta humana”.
Los cuidados
“Las precauciones que hay que tomar en el mundo online son las mismas del offline, ya que los riesgos son similares en ambos espacios”, recomienda Marcos Moraes, presidente de Match.com Latam. Jessica Carbino, especialista del equipo de Tinder, concuerda: “Sin importar si se conoce a alguien en la Red o de otro modo, es clave familiarizarse con el otro antes de encontrarse personalmente, y tomar recaudos para mantenerse seguro”. 
Algunas medidas para tener en cuenta:
• Las primeras citas deben ser en lugares concurridos. Se recomienda contarle del encuentro a algún familiar o amigo.
• No suministrar datos como domicilios o información financiera en los perfiles.  
• Si hay dudas sobre la identidad de quien está del otro lado de la pantalla, se puede apelar a la búsqueda de información online o entablar contacto por webcam. 
• Los sitios serios de citas ofrecen la posibilidad de bloquear a los usuarios sospechosos e incluso de denunciarlos anónimamente al equipo de seguridad.

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