INVESTIGACIÓN


Cómoda... ¡Y punto!


Por Sol Oliver..


Cómoda... ¡Y punto!
Atrás quedaron las formalidades, los in y los out y las reglas para cumplir a rajatabla. Hoy vestirse pasa más por la actitud, por sentirse cómoda y a gusto con las prendas elegidas. “Confortable” es la palabra clave.

Escena 1: 
Reina un silencio absoluto cuando se abre la puerta de la sala de reuniones. La secretaria entra con su falda recta, su camisa blanca, un blazer apenas entallado y tacos altos. Dice “Buen día”, se sienta al lado del gerente, saca un anotador y empieza a leer, el “orden del día”. Predominan el traje, la corbata y la formalidad.
Escena 2: Ya habían empezado a tomar café cuando entra la secretaria a la sala de reuniones. El gerente y los socios están debatiendo, entre bromas y “gastadas”, el último gol del superclásico de la noche anterior. El silencio de la joven, que queda unos minutos de pie, logra que los ejecutivos se callen. No hay formalidad en el ambiente; ella tiene botinetas, un jean con roturas en las rodillas, remera blanca y ancha, blazer negro desprendido y holgado, un colgante que sobresale, y la libreta, en sus manos, con la que a partir de una lectura rápida introduce los temas por tratar.

¿Qué pasó entre la primera escena y la segunda? Años. Pasaron años. Probablemente una década, quizá la que separa al siglo XX del XXI, e innumerables cambios sociales, políticos, económicos y tecnológicos. La globalización y la hiperconectividad, inherentes a estos tiempos, impulsaron una serie de cambios que, por su extensión y profundidad, se vieron reflejados también en el sistema de la moda. La socióloga Susana Saulquin, consultora especializada en tendencias sociales para el sector textil y de la indumentaria, explica en su libro La muerte de la moda, el día después que todos estos cambios traen consigo una desarticulación “de los conocidos códigos de prestigio y reputación, y por ende también de las formas de vestir”. Y en este proceso, al reorganizar sus nuevos códigos, la sociedad traslada este concepto de prestigio “desde el derroche y el consumo hacia el ocio y el juego creativo”. En definitiva, si bien conviven varios estilos en la forma de vestir, en la actualidad estar “a la moda” es estar cómodo y punto. Lo confortable viene marcando tendencia desde hace algunos años y está tomando cada vez más fuerza.

En las revistas especializadas se pueden leer diferentes términos: Sport chic, Urban chic, Effortless chic, De-Stressed, Normcore. Estar in pasó a ser nada de estrés y nada de esfuerzo a la hora de vestir, la primacía del relax, lo casual, la onda descontracturada, como si se abriera el placard y lo más cool fuera “ponerse lo primero que se manoteó, sin más”. Como si la tendencia estuviera marcada por estar fuera de ella, aunque el outfit termina siendo analizadísimo. Todo esto se traduce en la revalorización de lo básico, de las prendas funcionales, holgadas, de la paleta de colores más bien neutra –blanco, negro, beige– para poder combinar con mayor facilidad. Un lugar preponderante lo ocupan las zapatillas, las chatitas, las calzas y las mochilas, entre otras prendas. Los accesorios también tienen un lugar destacado dentro de esta tendencia confortable. 

“La ropa deportiva tiene ahora otra importancia adentro del guardarropas. No necesitás ir al gimnasio para usar zapatillas; ellas empezaron a formar parte de la vida diaria y las marcas llegaron a diseñar los modelos clásicos hasta con sesenta colores y combinaciones diferentes. Ya no se usan solo para el deporte sino con otro criterio que tiene que ver con vestir informal”, explica Lorena Pérez, periodista especializada en moda, autora del blog Bloc de moda. “Con la joggineta ocurre algo similar –continúa–: pasó a ser una prenda emblemática. Las jogginetas ‘clásicas’ son de algodón, pero muchos diseñadores las confeccionan con telas sastreras o sedas y las convierten en un pantalón de vestir”. 

No importa demasiado qué prenda elegís para vestirte sino la actitud. “Hoy la moda pasa más por cómo te sentís y cómo llevas lo qué te ponés. No ser careta, ponerte algo porque te gusta y te sentís cómodo. Por eso las capas, por eso los ponchos, las prendas casi sin mangas, los vestidos sin ningún recorte, como si agarraras dos telas y las cosieras”, comenta la diseñadora Vero Alfie, una de las directoras de Visiones Trend Forecasting, un laboratorio de tendencias de consumo que investiga y dicta seminarios desde 2004.

Internet y las redes sociales

La moda siempre se reglamentó por las tendencias como conductoras de cada temporada. A partir de ellas se determinaban las categorías in y out, que eran un tanto rígidas. “Pero desde 2000 hacia adelante hubo una evolución hacia la no tendencia, en el sentido de que fueron varias las modas que empezaron a convivir en los mismos contextos. La dinámica del propio sistema comenzó a habilitar la posibilidad de que todo tuviera lugar con simultaneidad”, revela Lorena. El papel que juega Internet, la instantaneidad capaz de acortar las distancias y amplificar el poder de la comunicación, fue fundamental. La necesidad de renovación se convirtió en una constante. Lo que ocurre en las pasarelas de las grandes capitales de la moda puede verse en tiempo “real” en otras partes del mundo, por lo cual lo que se muestra puede adoptarse la semana siguiente. 

En consecuencia, acota Lorena:“Las pretemporadas de otoño y primavera están teniendo mayor importancia que las temporadas. Son algo así como los adelantos un poco más informales que la colección que va a venir atrás y justamente son las que más se venden, se mantienen más tiempo en las vidrieras y generan más opciones a la hora de elegir”. Las redes sociales también hicieron lo suyo. Abrieron el juego a una multiplicidad de opiniones y los diferentes estilos de vestir empezaron a propagarse. “Lo que lograron fue derribar el mandato verticalista respecto de lo que se usa y de lo que no. Surgieron las blogueras y luego las influencers, de la mano de Twitter, Instangram y Facebook. Las marcas empezaron a invitarlas a los desfiles”, agrega Natalia Nuperi, diseñadora e integrante del Observatorio de Tendencias del INTI, desde el año 2005.

El contexto social 

¿Por qué el apogeo de la moda confortable? La mujer trabaja más desde el hogar, como freelancer, emprendedora, o porque la empresa en la que trabaja implementa días de home work. No es un dato menor que la generación Y –o nativos digitales– se haya incorporado a las estructuras organizacionales con su propio chip, flexibilidad, desestructuración, y es claro que la moda no deja de ser un reflejo de su contexto. “Las mujeres estamos a las corridas, trabajamos, tenemos hijos, vamos y venimos. Me es imposible concebir una prenda que no sea cómoda; de hecho, muchas funcionan como ‘comodines’, es decir, que podés usarlas para el día y la noche, quizás agregándoles un accesorio o cambiando los zapatos”, opina la diseñadora Jessica Trossman, que tiene una fuerte presencia en redes sociales y en trece países alrededor del mundo. La tendencia confortable, según Nuperi, se fue fortaleciendo en el contexto global desde el ingreso de los mercados asiáticos como grandes consumidores. “Si bien se sienten atraídos por la forma de vestir de los occidentales, tradicionalmente tienen características diferentes. Las mujeres no acostumbran a exponer su figura ni a resaltarla, se tapan más el cuerpo, superponen prendas. Atentas a esto, las marcas diseñan en consonancia”. Para la especialista también incide la “democratización” de la belleza y la consecuente desarticulación de los rígidos estereotipos, el mayor respeto por el cuerpo y la ley de talles, entre otros valores.

Los materiales 

Vero Alfie destaca el conjunto de materiales que acompañan esta tendencia. “Cobran importancia los textiles suaves, hay una vuelta a lo natural como contrapartida a tantos años de poliéster y sintéticos. Se buscan aquellos que resultan más sofisticados, como el lino o la llama. Lo artesanal gana muchísima importancia”, sostiene. Al lado de lo artesanal y como característica propia de la ropa deportiva, cuyo lugar es fundamental dentro de la moda confortable, también está el desarrollo y la evolución de los textiles tecnológicos. Resistentes al frío y al calor, con impresiones 3D, impermeables, ergonómicos... estas son algunas de las características que enumera Nuperi, y destaca: “Algunos, incluso, cambian de color según el estado de ánimo de la persona”. Como conclusión, afirma: “El confort llegó para quedarse como una nueva manera de vestirnos. La ropa ‘cómoda’ convivirá sin problemas con los tacos altos dentro de una multiplicidad de opciones cada vez mayor”.

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